El Cronista Comercial
LUNES 17/06/2019

Cisne negro o canto del cisne

Nada más prudente que el capital. Por eso, la mayoría de los empresarios encuentra más argumentos para el clásico 'wait & see'. La candidatura sorprendente de Alberto Fernández -y que Cristina se haya bajado a vice- suma incógnitas a un futuro marcado por la incertidumbre.

Cisne negro o canto del cisne

“No son temas en los que nos metamos”, dicen en una gran fabricante industrial. Silenzio stampa, replican desde una multinacional. “No ahora”, responde uno de los mayores inversores energéticos del mercado local. Nada más prudente que el capital. Por eso, la primera reacción de los empresarios -al menos, el puñado consultado ni bien se supo la noticia- fue la no reacción. La candidatura presidencial de Alberto Fernández, con la sorprendente abdicación de Cristina al casillero de vice, suma interrogantes a un ya incierto camino hacia octubre (y, sobre todo, después). Más motivos para el clásico wait & see. Momento de calcular beneficios, costos y riesgos.

Alberto, entienden algunos ejecutivos, siempre fue el interlocutor racional dentro de un régimen cuya conducción no era vista como tal. Sin embargo, recuerda un memorioso hombre de negocios, fue quien justificó estatizaciones (Thales Spectrum,Correo Argentino, Aguas Argentinas) y le puso la cara y el cuerpo a “pecados capitales” para el credo inversor, como la intervención del Indec y la resolución 125, la de las retenciones al campo. Su renuncia tras el conflicto -primera gran cuña de la grieta- y sus críticas posteriores le habían lavado la imagen ante hombres de negocios que, pragmáticos, no dudaron en recurrir a sus oficios y experiencia para representar sus intereses en los siempre sórdidos ámbitos en los que la economía se mezcla con la política.

Su reciente reconciliación con “la nueva” CFK -“Cristina, la Buena”- era interpretada por algunos como una garantía de algún mensaje de reconciliación -o, directamente, pacto- con ciertos trazos del Círculo Rojo. En especial, aquellos hoy más borroneados, tanto por el impacto de la crisis económica como por el avance de investigaciones judiciales o decisiones de gestión que afectan directamente sus intereses. Para ellos, el ascenso del Fernández menos pensado, directamente, despeja las dudas en ese sentido. Para los no convencidos, es una figura que podía ser vista como una ofrenda de paz, aunque con el reparo de que, como tal, siempre es sacrificable, llegado el momento. Antes o después de las elecciones: la victoria tendrá madre; la derrota, un padre. Según esta lógica, el cisne negro, en realidad, es un canto del cisne.

A diferencia de buena parte de la feligresía K, Alberto siempre fue un actor de diálogo para el establishment. Incluso, cuando -de antemano- se sabe cuál es su postura sobre ciertos temas. Su cintura para oír, responder, llevar y traer lo entronizaron, en su momento, como el articulador privilegiado de la cambiante relación que el matrimonio Kirchner tuvo con el Grupo Clarín. Al punto que es célebre la ironía de Néstor, que lo bautizó “Paladino”, en referencia a Jorge Daniel Paladino, quien fuera el delegado de Perón ante Alejandro Lanusse y, según se atribuye a El General, terminó siendo el del gobierno militar frente a él. Había línea directa entre su celular y el de Jorge Rendo, entonces director de Asuntos Públicos y hoy presidente del grupo de medios. Ambos solían amortiguar -mucho más que potenciar- los bombardeos que se lanzaban sus jefes.

Ya fuera del gobierno, durante su década de destierro del kirchnerismo, siempre hubo referencias a la afinidad de Alberto con Clarín, alimentadas por su presencia en los contenidos del grupo. Pero, en los papeles, su talento como abogado o gestor de intereses trascendió vinculado a otros nombres empresarios. Los Eskenazi en YPF, por ejemplo. O Cristóbal López, en las múltiples causas –penales y comerciales- que definieron el “no va más” del Zar del Juego encarcelado. Cintura hábil –como las de sus adorados cracks de Argentinos Juniors- para gambetear entre Dios y el Diablo.

Con olfato entrenado para evitar el pescado en mal estado, algún experimentado tiburón de las M&A no compra este ticket. Al menos, no en forma genuina. “Es una buena jugada. Pero hay que ver cuánta resistencia tiene. Porque no tiene territorio ni votos propios, por ahora”, relativiza el lobbysta de un gigante industrial, que conoce al, ahora, candidato presidencial de Unidad Ciudadana desde hace décadas. “Pero Néstor Kirchner tampoco los tenía…”, sugiere, con la benevolencia del amigo de antaño.

Más crudo es uno de los empresarios más identificado con Mauricio Macri. Se trata de un hombre apasionado por la realpolitik, con el valor agregado -además- de encarnar como nadie -en cuerpo y alma- el más íntimo pensamiento del  Presidente. Para él, Fernández-Fernádez es una fórmula en la que el orden de los factores no altera el producto: “(lo de Alberto) despejó dudas. Ella juega”.

Comentarios1
Halfon Halhon
Halfon Halhon 19/05/2019 08:29:46

Hay que ser tonto para no darse cuenta que el objetivo es el NO desafuero!!!!

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