El Cronista Comercial
MARTES 16/07/2019

A alguien se lo debés

Podrán estar en distintas empresas, incluso en marcas competidoras, pero si algo une a los ejecutivos en el mundo corporativo, por encima de los clientes y los negocios, es recordar con orgullo a quien les abrió la cabeza y los posicionó en la ruta profesional.

A alguien se lo debés

Raul Vagliente era el Contador General de Unilever de Argentina a fines de 1992. Grandote, campechano, un poco torpe, fue un gran maestro de las finanzas para muchos. Reunía a todos sus colaboradores -los jóvenes que se dedicaban a estudiar informes y  analizar proyectos- y, juntos, leían a la mañana los distintos diarios económicos y discutían las novedades. 

"No faltaban las discusiones religiosas y políticas, que fomentaba. Le encantaba filosofar. Cada reunión no era solo para trabajar". El relato agradecido es de Rolando Castro, director de Finanzas para el Grupo de Mercados Sur de Avon. "Era una persona mayor y yo, muy joven. Era muy demandante, pero también sabía que podía contar con él y, de algún modo, me protegía. Si lo tuviera cerca, seguramente hablaríamos de pesca y de Los Pumas", cuenta. 

Daniel Korioth, un imponente alemán de 2 metros de altura, en su momento director Económico de Bosch para la Argentina y Uruguay,  fue el primer jefe de Gastón Díaz Pérez, presidente Regional para Bosch América latina Cono Sur. Díaz Pérez tenía 24, estaba recién recibido y entró al programa de jóvenes profesionales de la empresa.

Fue su primer jefe "de verdad" -el anterior había sido su padre- y  el que lo ayudó a dar sus primeros pasos. "Sus consejos incluían temas técnicos y de formación, pero también de política y de relacionamiento. Siempre me alentó a tomar riesgos, minimizando los problemas si las cosas no me salían bien", relata Díaz Pérez. 

“En 2003, tomé la decisión de irme a trabajar a España. Era la primera vez que salía al mundo y dependía 100% de mí. Korioth, en ese momento, era el director de la empresa en España y yo iba con una función de jerarquía menor. Recuerdo llegar al aeropuerto de Bilbao, salir con mi maleta, y encontrármelo a él, con sus dos metros,  esperándome en Arribos. Fue un gesto que no olvido hasta hoy", recuerda.

Andrés Hatum, docente de la UTDT, es el mentor de Miguel Livi, CEO de Royal Class, la aerolínea de viajes ejecutivos.

El de Hatum, a su vez, "fue y sigue siendo" Andrew Pettigrew, hoy, profesor emérito de Oxford University. "Era súper exigente, te morías para lograr el estándar que quería, pero, al mismo tiempo, tenía una calidad humana increíble. Cuando estabas por colapsar te levantaba. Y así avancé con mi tesis. Yo no tenía idea de lo que era la investigación y Andrew fue un tutor generoso que me brindó todo su saber. Hoy somos grandes amigos. Todo lo agradecido que estoy se lo digo siempre personalmente ya que una vez al año nos visitamos".

Julio Barbieri, hoy presidente de AD Barbieri, la empresa de sistemas de construcción en seco, estudiaba en la UBA  y trabajaba en Alpargatas como analista de costos, cuando se enteró del accidente de su papá y que debía convertirse en sus "ojos" por casi tres meses. Renunció a Alpargatas e ingresó al taller de la familia. "Los dos teníamos carácter fuerte y entrábamos en discusiones importantes. A los pocos meses de ingresar, la discusión terminó con un puñetazo de mi padre sobre la mesa: "Te guste o no, acá se hace lo que yo digo". Tomé mis cosas y me recluí en mi pequeño departamento de recién casado, pensando qué haría para vivir. Al poco rato, llegó y con un abrazo fuerte, que todavía hoy lo siento, me dice que lo perdone, que debíamos aprender a trabajar juntos y que pondría lo mejor de sí para lograrlo. Ahí,  entendí que era yo el que debía entenderlo y pedirle perdón. Yo no había comprendido que en su camino empresario, jamás había consensuado decisiones con nadie porque  no había tenido con quién hacerlo, y consecuentemente no había desarrollado ese músculo", relata.

El primer "gran mentor" de Pablo Barassi, director de Integrar, fue Carlos Srebrow. Mi último y actual gran mentor es José Luis Roces, que fue mi jefe en el ciclópeo proceso de transformación del Santander Río, y con quien años después co fundamos el Centro de Desarrollo de Liderazgo (CDL) del ITBA, donde es hoy Rector".

Jorge Habif, director de RR.HH de La Caja, recuerda que conoció a Lorena Lousteau - hoy responsable Comercial de Nuevos negocios de Whalecom- en 1999 al ingresar al programa de Jóvenes Profesionales del Grupo Techint. "No solo me hizo descubrir los RR.HH. que desconocía, sino que me transmitió  la pasión y el profesionalismo con los cuales se debe trabajar".

 Cuenta que trabajaron juntos, durante 5 meses, en una startup de comunicaciones del grupo, en los que tuvo que hacer de todo. "Desde crear los procesos y políticas para el área de RR.HH., hasta comprar las medialunas y café para los ingresantes. Fueron largas noche en vela, pero recuerdo su gran sentido del humor y su postura súper positiva. Su paso me hizo un mejor profesional", dice al recordar a su mentora.

Casi como en la Edad Media

En las empresas, la palabra mentor se asimila mucho a la de coach. A pesar de los años, como en la Edad Media, sigue siendo el mismo concepto: alguien que acompaña a otro en un aprendizaje: lo que la empresa necesita desarrollar, o lo que el discípulo quiere mejorar. 

 "En los casos armados especialmente, lo importante, es que la persona tenga el perfil, que desee hacerlo que sea un docente natural, por vocación; que sepa explicar y que se tome el trabajo de acompañar. La elección es crucial para que tenga resultado", recomienda la experta en RR.HH. Josefina Elisii.

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