El Cronista Comercial

Por qué el cobre destronó al litio como la esperanza para traer los dólares que faltan

El mineral aparece, junto al litio, como el protagonista de las expectativas para triplicar las exportaciones metalíferas en la próxima década. Cuáles son los proyectos más avanzados. 

Por qué el cobre destronó al litio como la esperanza para traer los dólares que faltan

El 2020 podría ser un trampolín o los primeros metros al barranco para la industria minera. Así como Morfeo le pide a Neo que decida entre la pastilla roja y la azul en Matrix, desde el Ministerio de Desarrollo Productivo creen que este año será clave entre las empresas del sector para tomar la decisión de inversión de algunos de los proyectos más grandes en cartera. Sin embargo, en esta ocasión la vedette de la temporada no sería la misma que en años anteriores, ya que el cobre reemplazó al litio  como el mineral de mayor potencial, en especial tras la caída de las exportaciones debido al cierre de Bajo La Alumbrera, en Catamarca.

“Si no hacemos algo innovador y diferente, a partir de 2021 y 2022 vas a ver proyectos cerrarse y sin perspectivas de que ninguno se abra”, afirma tajante el presidente de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM), Alberto Carlocchia, quien asumió el mando en septiembre último. Por su parte, Leonardo Viglione, socio de la consultora PwC y líder de la práctica minera desde 2008, resalta: “La Argentina es la tierra de la oportunidad para la minería, pero se necesita tener un nuevo gran proyecto, un nuevo Alumbrera”.

El año pasado, el complejo minero metalífero se posicionó como el cuarto exportador en importancia detrás del oleaginoso, cerealero y automotriz con US$ 5106 millones –un 7,8 por ciento del total. En comparación con los números de 2018 significó una caída del 5,5 por ciento, motivada en particular por las caídas del litio, que se redujo en un 33,9 por ciento interanual y cerró el año con exportaciones por US$ 185 millones, y el cobre, que ingresó en la categoría ‘otros minerales’ y solo representó, junto a otros de pequeña proporción, unos US$ 45 millones –0,9 por ciento del share.

Por su parte, el oro y la plata se mantuvieron como los principales pilares del complejo con un alza del 8 por ciento interanual que implicó cerrar 2019 con envíos por US$ 2839 millones. Dentro del complejo metalífero representó un 55,6 por ciento del total. Sin embargo, el flamante secretario de Minería de la Nación, Alberto Hensel, señaló que se viene “la era del cobre y del litio”.

Carlocchia explica: “Tiene que ver con un tema de la madurez de los proyectos. El oro siempre va a tener posibilidades de desarrollo, pero estos proyectos de cobre están en un nivel de madurez tal que permitirían entrar en proceso de factibilidad en los próximos tres años”. Un informe elaborado por el Ministerio de Desarrollo Productivo asegura que la decisión de inversión de estos proyectos debe tomarse ahora debido a que, según un reporte de S&P, a partir de 2022 comenzará a visibilizarse una brecha entre la oferta y la demanda de cobre que alcanzará su punto cúlmine en 2025 cuando sea de 2 millones de toneladas de cobre.

Para Viglione, esto tiene que ver con el impulso que tendrán los autos eléctricos. Al respecto, detalla: “Uno piensa que los vehículos eléctricos solo dependen del litio para la batería, pero tienen más cobre que un auto común”.

La producción de cobre en la Argentina se enfrió desde que Bajo La Alumbrera comenzó su proceso de cierre en 2018 sumado a que desde su apertura en 1997 no se abrió ninguna otra de sus características. Del lado del litio solo hay dos proyectos en producción –la estadounidense Livent en El Salar del Hombre Muerto y la australiana Orocobre en Olaroz– y varios más esperando para dar el salto. Esto se observa en la performance en materia exportadora de ambos minerales en los últimos años. Del lado del cobre se desplomó un 39,7 por ciento entre 2015 y 2018, de US$ 476 millones a US$ 287 millones, en tanto el ‘oro blanco’ incrementó sus cifras un 206,7 por ciento en el mismo período, de US$ 90 millones a US$ 276 millones.

Con las minas que actualmente están en producción, pormenoriza un estudio de CAEM, podría alcanzarse una capacidad de 65.000 toneladas de carbonato de litio equivalente para este año y llegar a 82.500 en 2022 pero, si se consiguieran activar los proyectos en cartera, en dos años podría sumar 132.500 toneladas. No obstante, para el cobre la ilusión está puesta en siete bloques, los más avanzados, que en su máxima expresión llegarían a exportar por un total de US$ 18.500 millones. Pero aunque estos proyectos brillen, hay algunas cuestiones a resolver antes.

El factor celeste y blanco

Si bien la inestabilidad económica argentina de los últimos años incidió en el desarrollo de los planes de negocios de las compañías mineras, no representó verdaderamente una amenaza para sus estrategias debido a la esencia largoplacista de la industria. “Un proyecto puede estar 15 o 20 años hasta tomar la decisión de construcción y de ahí podes tener otros cuatro años hasta recién comenzar a tener flujo positivo y recuperar la inversión. En un clima inestable para un negocio que demanda inversiones de alto riesgo con mucho tiempo de desarrollo, hay que gestionar los recursos de manera inteligente”, expresa Nicolás Bareta, presidente de la filial local de la canadiense Yamana Gold.

“La variación del dólar puede parecer que favorece a los exportadores pero, por ejemplo, en lo que respecta al trabajo con proveedores, algunos contratos pueden volverse inviables a largo plazo. Esto afecta la eficiencia y pone presión sobre el corto plazo”, suma Mathieu Vallart, director de Sustentabilidad y Asuntos Corporativos de Newmont – que volvió a adoptar este nombre como marca tras operar como Newmont-Goldcorp luego de la fusión en 2019.

Newmont opera el proyecto Cerro Negro, en Santa Cruz, desde su fusión con Goldcorp.

A estos vaivenes se les sumó la crisis sanitaria por la pandemia del Covid-19 durante el primer trimestre que obligó a varias de las empresas a desmovilizar a sus empleados de las minas y posponer el comienzo de algunos estudios y evaluaciones geológicas locales. Tras 15 días de parate, la actividad fue incluida dentro de las exceptuadas del aislamiento y reinició su producción de manera gradual. “Estamos lidiando con un cisne negro y la mejor manera de manejarse es con datos e información”, indicó Mark Bristow, director Ejecutivo y presidente de Barrick Gold, quien lo comparó con la epidemia del virus del Ebola durante una improvisada conferencia de prensa online en Santiago de Chile, luego de suspender la que iba a realizarse en San Juan.

Más allá de cualquier obstáculo, el que identifican en el sector como el que realmente dificulta la elaboración de sus estrategias tiene que ver con los derechos de exportación. Tras su regreso en septiembre de 2018 –el expresidente Mauricio Macri había eliminado este impuesto a comienzos de 2016– con un tope de $ 4 por dólar, en los primeros meses de la administración de Alberto Fernández se produjo un vacío en esta cuestión. A través del artículo 52 de la ley 27.541, conocida como Ley de Solidaridad, se determinó un arancel máximo del 8 por ciento para las exportaciones mineras. Ahora bien, desde las empresas del sector aseguran que este punto aún no se encuentra reglamentado y, por lo tanto, no tiene vigencia. A esto se le suma que, con la derogación del tope impuesto con el anterior mandatario, la alícuota para los envíos mineros pasó a ser de alrededor del 12 por ciento.

En su informe sobre el estado actual de la mina de oro sanjuanina Veladero, Bristow se refirió al esquema actual de retenciones: “Nuestro contrato original era con un impuesto del 5 por ciento y tuvimos dos años con arancel del 0 por ciento. Sentimos que el 12 por ciento es un exceso, realizamos una demanda ante las autoridades por este hecho y recientemente recibimos una sentencia a nuestro favor que establece retenciones del 8 por ciento”.

Las retenciones hoy pueden matar al resto del desarrollo si no tenés ciertas flexibilidades. No digo que no las cobren, aunque ningún país normal que quiera desarrollarse puede hacerlo, pero en este contexto hay que flexibilizar para que haya inversión. El riesgo es que nos quedemos sin minería”, sostiene Carlocchia.

Sobre la cuestión impositiva, Vallart plantea: “El esquema actual pone mucha presión sobre los modelos de negocios. Cuando movés la aguja de las retenciones hacia un lado u otro vas haciendo inviables más tramos de la operación y achicando la vida útil de la mina. La situación argentina no sé si sea propicia hoy para tomar decisiones de inversión, por lo que los próximos meses serán clave”. Según el monitor de exportaciones de enero, publicado por la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, uno de los descensos más destacados se dio en el oro para uso no monetario que cayó un 23 por ciento, alrededor de US$ 42 millones.

Flexibles o inflexibles

“La minería metalífera y del litio se presentan como grandes oportunidades para aumentar las exportaciones argentinas”, exclamó el presidente Alberto Fernández en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso. Asimismo, anunció que presentaría un proyecto de ley para desarrollar el sector “que promueva y estimule la inversión nacional e internacional en el sector y facilite el desarrollo de la cadena de valor industrial, tecnológica y de servicios que nos permita crear cientos de miles de empleos directos e indirectos en los próximos años”. Ese mismo 1° de marzo, pero a casi 9000 kilómetros de distancia y con una hora menos de diferencia, un grupo nutrido de empresarios mineros seguía con entusiasmo el discurso.

Al mismo tiempo que la Asamblea Legislativa, en Toronto, Canadá, se llevaba a cabo la primera jornada de PDAC 2020, la convención internacional más importante del negocio de la minería, en la que la Argentina tuvo su propio día de presentación. “Fue auspicioso escucharlo decir que la minería es uno de los puntales para el despegue del país y eso lleva al sector a un sendero de esperanza”, asegura Viglione, de PwC.

Tal como mencionó Carlocchia, desde la Casa Rosada tienen la idea de flexibilizar el sistema de retenciones analizando qué esquema le sienta mejor a cada proyecto de acuerdo a sus características, mineral a desarrollar y plan de inversión. Algo así como derechos de exportación customizados que, señalan, en algunos casos podrían ser del 0 por ciento. “Es un acierto lo de fijarse proyecto por proyecto, pero creo que sería mejor enfocarse en uno solo y que se convierta en un ejemplo. El desafío también está en buscar incentivos para desarrollar nuestro potencial y ahí no queda otra que explorar, explorar y explorar”, destaca Bareta.

La minería es una industria que recién cobró fuerza en el último cuarto de siglo con la sanción de la Ley de Inversiones Mineras n° 24.196 en 1993. Su momento de mayor esplendor lo vivió entre 2010 y 2012 debido a la suba del precio de las commodities, pero aún representa un producto valioso para algunas economías regionales que basan su movimiento en la explotación minera, como es el caso de Jujuy, Catamarca, San Juan y Santa Cruz.

Además de la inversión en exploración, que en los últimos cuatro años creció un 94 por ciento y en 2019 fue de US$ 240,7 millones, para Viglione el principal desafío de la industria es “llegar a un consenso para destrabar las provincias en las que aún no puede explorarse”. CAEM estima que actualmente un 70 por ciento del territorio explorable argentino todavía no ha sido investigado. Los principales casos son los de Chubut y Mendoza, donde las legislaciones impiden que se desarrolle esta actividad.

Exar es un joint venture que trabaja en la provincia de Jujuy.

La segunda de ellas debió dar marcha atrás a su intento de reformar la ley vigente debido a la movilización social que suscitó la modificación de la ley 7722 aprobada en 2007 que prohíbe el uso de sustancias químicas como el cianuro y el ácido sulfúrico para la explotación minera. Aunque el gobernador radical Rodolfo Suárez había convertido esta reforma en una de sus promesas de campaña, a fines de diciembre pasado dio marcha atrás y decidió no reglamentarla. “Fue un golpe, por supuesto, pero se trata de una minoría que protesta, en su derecho y con buena fe. Son procesos de maduración, tenemos que ser pacientes y trabajar para cambiar nuestro paradigma de relacionamiento con la sociedad”, comentó el titular de la cámara sectorial.

Los próximos rockstars

Pachón, Taca Taca, Agua Rica y Josemaría podrían ser llamados los cuatro fantásticos del cobre para el futuro cercano de la industria en el país. Son los proyectos más avanzados y, de acuerdo al escenario probable planteado desde la Secretaría de Minería de la Nación, son los que más chances tienen de comenzar a generar ingreso de dólares para 2023. Este pronóstico estima que, dentro de siete años, este cuarteto estaría en condiciones de certificar exportaciones por más de US$ 6800 millones.

Agua Rica es el más desarrollado que tiene el país. Estamos terminando la etapa de prefactibilidad en este trimestre y moviéndonos rápidamente a una de factibilidad que se terminaría el año que viene”, aseguran desde Yamana, encargada de su operación junto a Glencore y Newmont. Ubicado en Catamarca, tiene una vida útil de 28 años y una capacidad de producción de aproximadamente 155.000 toneladas de cobre al año. Su diferencial es que utilizará la infraestructura de Alumbrera para llevarse a cabo.

En tanto, Josemaría, en San Juan, está en manos del holding canadiense Lundin y posee una capacidad productiva de 125.000 toneladas anuales de cobre y 230.000 onzas de oro. El último reporte corporativo publicado por el grupo indica que finalizará el estudio de factibilidad en el tercer trimestre de este año y desde el Gobierno creen que podría ser la que inaugurará las exportaciones en 2023. De cerca le sigue la salteña Taca Taca, cuyo dueño desde 2014 es First Quantum Minerals, aunque en este caso aún resta realizarse el estudio de impacto ambiental. Pero entre ellos el que se destaca es Pachón, ubicado en San Juan y controlado por Glencore, por su capacidad estimada en 280.000 toneladas de cobre al año. La firma suiza detalló que proyecta un capex de US$ 400 millones para 2020 el cual destinará a diversos proyectos, entre ellos, el cuprífero argentino, según su actualización a inversores de diciembre de 2019.

A pesar de que el color cobrizo pareciera reinar dentro del pipeline local, el oro continuará con su marcha estable. “El oro está andando y contribuye a la recaudación del Estado. Son operaciones clave para el momento actual argentino y hay que cuidarlas porque, si queremos generar impacto económico, las operaciones que andan hoy son las que pueden sumar”, advierte Vallart, de Newmont, que comenzó a operar Cerro Negro, en Santa Cruz –el proyecto formaba parte del portfolio de Goldcorp. “Hoy tenemos tres minas subterráneas y estamos desarrollando un nuevo portal para abrirlo y sostener el decrecimiento de las que están en funcionamiento. El forecast que tenemos es inferior al de 2019 porque lo vemos más como un año de desarrollo que de producción”, resume. Desde abril, mes en el que se completó la transacción, produjo 334.000 onzas de oro.

Barrick logró extender la vida útil de Veladero y continuará invirtiendo.

El otro gigante áureo es Barrick, que comparte Veladero en partes iguales con la china Shandong Gold. Recientemente la compañía canadiense informó que consiguió extender la vida útil de la mina más allá de 2030 y que pronto presentará un plan detallado para los próximos 10 años del pit. A su vez, agregó que desembolsará US$ 12 millones para intensificar los sondeos en las adyacencias de la mina y se propuso como principal objetivo conseguir que Veladero se convierta en tier one este año. En cuanto al proyecto binacional Pascua-Lama, Bristow explicó: “Para fines de 2020 estaremos en condiciones de saber cuánto debemos trabajar para pasar a una etapa de factibilidad y, en caso de ser factible, puede tomarnos unos cuatro años ese proceso”.

La secretaría dirigida por Hensel pormenoriza que los 34 proyectos mineros más avanzados hoy precisan un capex total de US$ 27.250 millones, del cual un 61 por ciento del monto se lo llevarían los siete de cobre –se suman Los Azules de McEwen Mining y Altar de Aldebaran Resources–, mientras que el segundo complejo es el litio cuyos 15 proyectos precisan un 20 por ciento del total. Hay algunas empresas que ya dieron pasos en su meta de entrar en producción.

Orocobre ya tiene en operación a Olaroz y se encuentra en plena expansión. Actualmente tiene un 25 por ciento completado de su segunda etapa, para la cual desembolsará US$ 295 millo nes. Esta mina es manejada mediante un joint venture con la japonesa Toyota Tsuho y Jemse, firma estatal jujeña. La australiana anunció en marzo de 2020 la adquisición total de Advantage Lithium, con la que tenía una sociedad para desarrollar el proyecto de litio Caucharí y tres territorios en etapa de exploración. Con el fin de incrementar su producción a 50.000 toneladas de carbonato de litio, Livent inició en diciembre pasado un plan de inversiones de US$ 400 millones en el Salar del Hombre Muerto, en Catamarca, de cara a 2025. Espera alcanzar, en primera fase, 30.000 toneladas para mediados de 2021.

Otro player del sector es Millennial Lithium que prevé invertir US$ 448 millones en Pastos Grandes, en Salta, donde finalizó la construcción de su planta piloto y espera iniciar la etapa comercial en 2023.

Las perspectivas del litio sumaron buenas y malas noticias en los últimos meses. Mientras que la compañía francesa Eramet decidió suspender su proyecto en Salta debido a la incertidumbre –implicaba una inversión de US$ 600 millones–, Lake Resources, que prevé iniciar producción del proyecto Kachi en 2021 con una capacidad de 25.000 toneladas de carbonato de litio, informó que su socia Lilac Solutions –aporta la tecnología de extracción– recibió una inyección de capital de US$ 20 millones, liderada por el fondo Breakthrough Energy Ventures de Bill Gates.

¿Sin players argentinos?

Los jugadores internacionales son los que mueven la aguja en el mercado local. Existen empresarios nacionales que apostaron por el sector, pero no componen un grupo muy nutrido. Es más, recientemente Ciminas, conformada por fabricantes de tecnología de Tierra del Fuego entre los que figuran Mirgor, BGH y Newsan, se desprendió de Minera Don Nicolás. El proyecto pasó a manos de la canadiense Cerrado Gold que pagó US$ 45 millones. “Hay jugadores locales que operan, pero en un nivel menor. Para que tengamos un Luksic o un Hochschild como Chile y Perú nos faltan años luz”, reconoce Carlocchia.

Un peso pesado del sector es Carlos Miguens Bemberg, extitular de Cervecería Quilmes, quien es el fundador y presidente de Patagonia Gold. En julio de 2019 encaró un reverse take-over con Hunt Mining Corp, operación mediante la cual comenzó a cotizar en TSX Venture Exchange, en Canadá. “La visión de la empresa es pasar de ser junior a un productor mediano en el país dentro de cinco años con el desarrollo del proyecto Calcatreu, en Río Negro, en el cual estamos realizando una exploración avanzada y, si se dan las condiciones, entrar en factibilidad; sumado a Cap Oeste, de Santa Cruz, que terminamos de operar el open pit y estamos analizando para su producción subterránea”, comentan desde la firma de capitales nacionales. Ambos de oro y plata.

La falta de mercado interno también aparece como un corset para el crecimiento. Carlocchia, de CAEM, describe el estado de situación: “Directamente no hay mercado interno, solo para lo que es minería de tercera categoría, como la piedra partida, el cemento o la cal. Sin embargo, lo que genera el movimiento es la metalífera y de eso se exporta todo”. A pesar de que el ‘oro blanco’ figura como un motor, la industria todavía no está lista para dar un paso más en la cadena. “Hoy con lo que se produce de litio no amerita que el país tenga una refinería. Primero tenemos que concentrarnos en producir y tener masa crítica porque si no estamos poniéndonos el zapato antes que la media”, ilustra.

El litio continúa como uno de los productos con mejor proyección.

Desde la cámara definen que la mejor manera para diagramar un plan de desarrollo minero está en observar lo hecho en países más avanzados y agregarle creatividad. “La ley de inversiones del 90 no fue una innovación de otro planeta, sino que surgió a partir de las necesidades argentinas. Lo esencial es que el Gobierno lo mantenga como política de Estado”, apuntala Carlocchia.

En cambio, Bareta propone: “Se precisan incentivos para explorar. Pueden ser de reembolso de impuestos provinciales o federales, pero en definitiva que le muestren al inversor minero que puede recuperar su inversión en los primeros cinco años y a partir de ahí entrar en un esquema progresivo de impuestos que suban a medida que crecen los precios de los commodities”. El objetivo de triplicar las exportaciones depende de decisiones de inversión por miles de millones. De un lado esperan generar las condiciones en el corto y largo plazo al mismo tiempo que se ocupan de la reestructuración de la deuda pública, mientras del otro lado se mantienen expectantes y no muchos están seguros de que el panorama sea próspero para poner la billetera. El tiempo corre, pero ambos bandos están seguros de que si los planes no se ponen en acción en 2020 o 2021, quizá el tren minero siga hacia la próxima estación.

(Publicada en la edición número 317 de la revista Apertura; mayo de 2020).

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