El Cronista Comercial

Pemex: de vaca lechera, a pozo sin fondo

El empresa estatal, un proyecto mimado de Andrés López Obrador, crece en sus volúmenes de producción pese a la crisis del petróleo y a sus enormes pérdidas financieras

por  JUDE WEBBER

Londres

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Pemex: de vaca lechera, a pozo sin fondo

A fines de 2016, Pemex ideó una nueva estrategia: se centraría exclusivamente en actividades rentables. El plan, obvio para la mayoría de las empresas, fue una novedad para la petrolera estatal de México

En estos días, Andrés Manuel López Obrador, presidente desde 2018, la empuja a la otra dirección. Pemex reportó una pérdida trimestral de u$s 23.000 millones, una de las mayores de su historia. El rojo anual ya duplicó al del año pasado (u$s 18.000 millones) y acumuló u$s 105.000 millones en deudas, junto con pasivos de pensiones de u$s 77.000 millones. A los precios actuales, sus operaciones no hacen dinero.

"El libro de reglas de qué no hacer está escrito por Pemex", dijo Pablo Medina, de Welligence, una consultora de energía en Houston.

Cuando otros países de la OPEP prometieron recortar un cuarto su producción, López Obrador aceptó de mala gana reducir 100.000 barriles por día, o alrededor del 6%. En mayo, prometió casi duplicar la refinación a 1 millón de barriles por día, a pesar del hecho de que sus Pemex operaron a un mínimo histórico de sólo 28% de capacidad en febrero y que, en el primer trimestre, a Pemex, su costo promedio de refinación fue de u$s 12,51 por barril. "A u$s 20 el Brent, no hay un solo campo de Pemex rentable cuando se consideran los costos e impuestos", dijo Medina.

La razón de la obstinación de López Obrador es que Pemex siempre fue más que una simple petrolera. Nació como un símbolo de soberanía nacional y se convirtió Pemex en la vaca de efectivo de México. La producción aumentó a un pico de 3,4 millones de barriles diarios (bd) en 2004, pero fue de sólo 1,7 millón el año pasado.

Según el acuerdo con la OPEP, México reducirá la producción a 1,68 millón de bd. Pero el objetivo 2020 del Gobierno, sobre el cual se calcula el presupuesto, es de 1,85 millón, lo que significa que Pemex aportará menos de lo esperado.

La disminución de la producción ya significaba que Pemex financió solo el 11% del presupuesto nacional el año pasado, una cuarta parte de su aporte en 2008. Pero AMLO ve al gigante estatal como el motor del desarrollo nacional.

El Presidente, de 66 años, nacido y criado en el estado petrolero de Tabasco, quiere revivir la producción en una compañía que, constantemente, tuvo ganancias operativas, pero desangradas por altos impuestos, y se vio afectada por la burocracia y la corrupción.

El Tesoro transfirió u$s 2600 millones a Pemex el mes pasado y la empresa le dijo a los inversores que está reduciendo gastos de capital en u$s 1600 millones y se centrará en proyectos con la "razón económica más alta". Fitch, que bajó su calificación a basura, estima un flujo de caja negativo de hasta u$s 20.000 millones al año. Pemex tiene líneas de crédito de u$s 8000 millones. Se espera que los tome en su totalidad: debe pagar u$s 6700 millones este año.

En marzo, López Obrador se jactó de los costos de producción de u$s 4 por barril. Pero Medina dijo que el promedio, incluidos los gastos de impuestos y operativos, fue de u$s 32 y de u$s 47, si se tienen en cuenta los costos de perforación.

Cuando se trata de refinar, "nadie cree que puedan alcanzar 1 millón de barriles en mayo", dijo un ex ejecutivo de Pemex. La producción de la refinería fue de 580.400 bd en febrero; López Obrador afirma que, desde entonces, ha aumentado a 800.000 bd.

Hay un problema adicional: cuanto más refinan las plantas de Pemex, más combustible de bajo valor producen, "así que lo que sale vale menos que el petróleo que ingresó", explicó Jorge Andrés Castañeda, un consultor de energía.

Además, según analistas, Pemex tiene muy poca capacidad de almacenamiento y corre el riesgo de quedarse sin espacio en cuestión de semanas.

Reducir el volumen refinado "es algo que no creo que sea compatible con su ideología", observó Ixchel Castro, analista de la consultora Wood Mackenzie. Como lo expresó un inversor: "Pemex es un desastre: está empeorando y no tiene planes de lidiar con las cosas".

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