El Cronista Comercial

Luego de lanzar latas, las bodegas apuestan al vino tirado

Para atraer más consumo, especialmente joven, al menos cinco empresas ya ofrecen la opción en bares y restaurantes

Luego de lanzar latas, las bodegas apuestan al vino tirado

Las bodegas siguen apostando a crear nuevas formas de consumo para alentar la venta de vino, que, en 2018, cerró en su mínimo histórico, con 18,7 litros per cápita. Al lanzamiento en lata en manos de, al menos, seis empresas, se sumó también la venta de vino tirado en bares y restaurantes. Ya cinco bodegas comenzaron a vender de este modo y, al menos, otras cuatro estudian hacerlo en el corto plazo. Así, pelearán más mercado con la cerveza, al ofrecerse tanto en lata como tirada, formas habituales de consumo de la bebida en base a cebada.

Santa Julia, Vicentin Wines/Sottano, Viña Las Perdices y Estancia Mendoza (Fecovita) ya ofrecen esta opción al público, pero con diferentes propuestas y estrategias.

Vicentin Wines está presente en 25 restaurantes y bares porteños con cuatro exponentes ‘tirados'. Santa Julia ofrece su chenin dulce en Mendoza y Mar del Plata, y Viña Las Perdices, por el momento, en restaurantes de Mendoza. Estancia Mendoza estará en Villa Carlos Paz en el verano, al igual que la temporada pasada, cuando, además, lo ofreció en La Feliz, a través de un food truck. Todas buscan sumar opciones al consumidor, para conquistar, especialmente, a un público joven.

Además de las bodegas, también la cervecera Quilmes lanzó su vino tirado, bajo la marca Root, la misma con la que incursionó en la bebida nacional con una botella individual meses atrás y, luego, también en lata, pero gasificado y bajo el nombre Blasfemia.

La primera en lanzar vino tirado fue Vicentin Wines, en diciembre de 2018. "La idea es acercar el vino a más consumidores, quitando la parafernalia que lo rodea. Tenemos barriles de acero inoxidable (llamados Keg) de 20, 30 y 50 litros para bares y restaurantes. Son vinos jóvenes, fáciles de tomar, de las líneas Sottano Clásico y Reto, chardonnay, pinot gris, malbec, cabernet sauvignon y cabernet franc", comentó Max Ortíz, gerente de Marketing de Vicentin Wines y Sottano. Lo ofrece en dos alternativas: para servir directo de la chopera en copa, con el Keg dentro de una barrica acondicionada, o en la barra; también en botella, llenada de la chopera y con opción de recarga, a menor precio que la botella cerrada. "Tuvimos muy buena aceptación, estamos en 25 locales y en breve esperamos llegar a 35", agregó Ortíz.

El proyecto de Santa Julia empezó en enero, por el momento, en Mendoza y Mar del Plata. Pero, tras lanzar su lata, se enfocó en impulsar sobre todo a ésta última. Ofrece su chenin dulce (el mismo que en botella y lata) y el tintillo, que se vende en lata fuera del país. En los Estados Unidos, vende tirado también un Santa Julia Reserva. "La inversión más grande es en logística. Al no tener gran volumen, es caro. Operativamente, la lata es más sencilla, por eso el desarrolló fue más rápido", explicó Juan Ignacio Guzmán, gerente de Marketing de Santa Julia.

Las bodegas advierten sobre el alto costo logístico, ya que los Keg, donde se almacena el vino para ser extraído de la canilla, deben ser devueltos una vez vacíos a Mendoza, por certificación de origen, para volver a ser llenados.

En tanto, Viña Las Perdices eligió un vino malbec reserva para ofrecer tirado. "El proyecto surgió por la necesidad de ofrecer un vino de calidad a precio más acomodado. Empezamos hace dos meses y está funcionando bien, en ocho restaurantes de Mendoza, a un precio conveniente por copa. Por ahora, no salimos de Mendoza porque la devolución del Keg es costoso en lo logístico. Pero planeamos llegar a Buenos Aires a través de distribuidores", explicó Fernando Losilla, enólogo de Viña Las Perdices. "Tratamos de innovar para tentar al público joven, acostumbrado a la bebida tirada por la cerveza y por un precio más acomodado. El Keg está dentro de una barrica, como gancho para generar curiosidad", agregó Losilla.

Además de la logística, otro desafío fue qué utilizar para que el vino salga con cierta fuerza por la canilla. A diferencia de la cerveza, que utiliza dióxido de carbono (lo que la dota de espuma y burbujas), las bodegas se inclinaron por el nitrógeno, que no afecta a la bebida.

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