El Cronista Comercial

La economía inclusiva en agenda

En un contexto donde el planeta entró en default y la sociedad demanda empresas con valores, este concepto adquiere relevancia buscando hacer un cambio sin dejar a nadie atrás. Algunas organizaciones ya lo están logrando.

La economía inclusiva en agenda

El modelo de producción actual es insostenible, no sólo porque agota los recursos, sino porque las brechas de la desigualdad social se hacen cada día más grandes. Otra alternativa a este tipo de economía, que tiene como principal objetivo aumentar las ganancias en detrimento de las personas y el planeta, es la economía social, solidaria o inclusiva, que en lugar de estar regida por el afán de lucro y la competencia, lo está por el bien común y la cooperación.

"Hoy la tendencia indica que los modelos de negocio más exitosos son aquellos que basan sus criterios de decisión en la sostenibilidad, es decir, en la interrelación de las tres dimensiones de la creación de valor: económica, social y medioambiental. En un contexto donde el planeta entró en default ambiental y la sociedad demanda empresas con valores éticos, organizaciones y marcas tienen la responsabilidad de crear un cambio positivo en el entorno no "dejando a nadie atrás", tal como lo indica la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. En esta nueva economía los beneficios son para todos", explica Pablo Cortinez, Focal Point de Finanzas Sustentables de la Fundación Vida Silvestre.

REINSERTANDO COMUNIDADES

Con ese espíritu nació, en el año 2017, Atemporal, una cooperativa de trabajo centrada en las personas y enfocada en el desarrollo de comunidades rurales. Este emprendimiento, liderado por Gerónimo Aguilar, se dedica a producir anteojos de sol con madera reforestada. Estos son fabricados por artesanos que viven en el Paraje San Juan, un pueblo ubicado en el norte de la provincia de Santa Fe, que quedó en el olvido cuando la compañía inglesa La Forestal, que operaba en la zona, agotó dos millones de hectáreas de bosque nativo y cerró sus puertas para dejarlos sin empleo.

"En este pequeño poblado -un lugar único donde diez familias mantienen vivos conocimientos, valores y costumbres tradicionales- decidimos hacer estos accesorios en comunidad, combinando el saber tradicional de los artesanos, la tecnología de punta, el conocimiento de los egresados de la escuela técnica local y el quehacer de los talabarteros regionales que son los encargados de realizar nuestros estuches. Justamente, la innovación pasa por volver a insertar a todos estos artífices en una nueva cadena de valor, ofreciéndoles oportunidades y puestos de trabajo genuino, pero también regenerando una región geográfica que había sido excluida, y volviendo a producir de manera local", precisa Aguilar.

Asimismo, todo el proceso productivo se encuentra articulado por la Universidad Nacional de Rosario, el INTA y la Fundación de la Bolsa de Comercio de Rosario. Y, la primera partida de lentes saldrá al mercado a través de una campaña de financiamiento colectivo este mes.

POR UN CAMBIO DE VIDA

En la misma línea nació Verdeagua, una empresa de triple impacto que diseña y comercializa huertas hidropónicas automatizadas, una de las técnicas de cultivo más eficientes para practicar en espacios reducidos los 365 días del año.

"El objetivo es facilitarle a las comunidades el acceso a alimentos frescos y sanos, libres de pesticidas y cultivados localmente. Aspiramos a generar un cambio en la forma en que las personas comen y viven actualmente. En lugar de consumir comestibles industriales que son transportados miles de kilómetros, queremos que nuestra comunidad prospere produciendo vegetales de calidad de una manera sostenible, ya que, entre otras cosas, con este sistema se reduce hasta un 90% el uso del agua", explica Sebastián Padin, su CEO y fundador.

Y agrega: "nuestro rol como empresa no termina solo con la venta de un producto o servicio, ya que además brindamos asesoramiento y talleres sobre agricultura urbana al tiempo que fomentamos la técnica en el resto de la región, brindando oportunidades no solo de producción para autoconsumo sino también de generación de nuevos emprendimientos comerciales a escala. A su vez, trabajamos con partners tecnológicos ya que estamos convencidos de que el uso de tecnologías aplicadas permiten producir alimentos de mayor calidad y nutritivos".

Semillas también es un proyecto que contribuye al bien común. Se trata de un programa dentro de la Asociación Civil sin fines de lucro Ecomanía que busca generar oportunidades a personas de barrios carenciados del conurbano bonaerense a través de las microfinanzas inclusivas y una serie de beneficios interdisciplinarios desarrollados para mejorar su calidad de vida y la de todo su grupo familiar. La propuesta está orientada a financiar emprendimientos personales, mejoras edilicias de la vivienda, soluciones de salud, capacitaciones y otros proyectos de emprendedores que no tienen acceso al sistema financiero tradicional.

"Trabajamos con una metodología de grupos solidarios autogestivos, donde hombres y mujeres se reúnen para recibir un crédito y comprometerse como garantes solidarios entre sí, por lo que si uno de sus integrantes no cumple con el pago de sus obligaciones, el resto del grupo debe responder por él. Además, les ofrecemos un seguro gratuito de salud para que puedan realizar consultas y tratamientos médicos, acceso a una red de farmacias con un 50% en medicamentos, asistencia legal y psicológica gratuita en situaciones de conflicto, como violencia de género, abandono de hogar, cuota alimentaria o desalojo, y cursos de capacitación en diversas áreas como contabilidad básica, construcción de marca, alfabetización y comercialización digital por citar algunos ejemplos", explica Daniel Zan, director Ejecutivo.

CREAR VIDA EN EL DESIERTO

Otra manera de generar triple impacto, manteniendo buenas relaciones y cooperación con comunidades e instituciones locales en muchos países es la que lleva adelante Weleda, el fabricante suizo de cosméticos naturales holísticos y productos farmacéuticos para la terapia antroposófica, quien además usa materias primas generadas de manera ética. En la Argentina trabaja con una cooperativa dedicada a la agricultura biodinámica ubicada en el Desierto del Salar de Pipanaco, La Rioja, cultivando jojoba.

"No había ninguna experiencia previa de árbol en este desierto y hoy cuenta con más de 3200 hectáreas de cultivos. La jojoba demostró que con ella se puede prosperar, crear trabajo y vida para la biodiversidad. Estamos enamorados de esta especie. Gracias a la agricultura biodinámica entendimos que podíamos explicar al desierto que éramos amigos y que realmente podíamos crear vida juntos. Asimismo, todos nuestros socios reciben formación periódica y una remuneración justa", concluye Jorge Arizu, uno de los dueños de plantaciones de jojoba.