El Cronista Comercial

La cuarentena financiera de las eléctricas, un frente de alta tensión

Los supuestos de la última revisión tarifaria integral quedaron muy lejos de la realidad. Y la pandemia de coronavirus agravó la situación para un sector que ya arrastra un año y medio de congelamiento

La cuarentena financiera de las eléctricas, un frente de alta tensión

La entrevista se hizo hace un año. Ricardo Torres, presidente de Edenor, había decidido levantar su bajo perfil para hacer oír no su voz, sino la de su empresa. Una compañía que, en esos días, sufría las consecuencias de una economía que estaba lejos –mucho– de ser la imaginada en 2016, con el advenimiento de un nuevo gobierno que hizo de la recomposición tarifaria una de sus principales estandartes de campaña para conquistar inversiones.

"Cuando se calcularon las tarifas, se hizo con la demanda de 2015, creciendo al 3% anual. Pero nuestra demanda cayó 10%", explicaba. "Tenemos un agujero financiero muy grande: nos desaparecieron $ 7000 millones", advertía entonces.

Edenor –mayor distribuidora eléctrica del país, con 3 millones de clientes– terminó el año con una ganancia neta de $ 12.134,1 millones, casi el doble de los $ 6608,2 millones de un año antes. Pero esa cifra incluyó $ 11.192 millones de ganancia por diferencias cambiarias y $ 13.888 milllones (después de impuestos) por una reciente refinanciación de pasivos cruzados con el Estado Nacional.

"Esto implica que el resultado operativo ordinario se redujo en $ 2462 millones, o el 40% respecto del obtenido en 2018, principalmente, por la caída de la demanda, el congelamiento tarifario y las mayores pérdidas de energía", precisó Torres en la memoria anual.

Al cabo de 2019, la demanda de electricidad para la empresa resultó 20% inferior a la proyectada para ese año cuando se hizo la revisión tarifaria integral (RTI), en 2016. Además, como consecuencia de la crisis, en septiembre, Edenor y la otra gran concesionaria del servicio, Edesur, acordaron con la administración Macri un congelamiento tarifario que Alberto Fernández prorrogó 180 días, ni bien asumió. El nuevo gobierno ignoró el compromiso de su antecesor –pagar lo no actualizado en siete cuotas mensuales a partir de enero– y manifestó su intención de revisar la RTI vigente desde 2017.

"Como resultado de estas medidas, las tarifas de Edenor no han sido ajustadas desde febrero de 2019 –ajuste que incluía la inflación hasta diciembre de 2018–, habiendo pasado más de un año sin reconocer los aumentos de los costos de distribución, siendo 2019 el año con mayor inflación desde 1991", advirtió Torres.

"Desde el punto de vista de la distribución de energía eléctrica, podemos afirmar que la totalidad del aumento real de las tarifas aplicado desde 2016 a la fecha fue apropiado por el Estado Nacional y destinado a la reducción de subsidios y la recaudación de impuestos, siendo los fondos disponible para esta distribuidora los mismos, o incluso menores, de los que disponía en 2015, a moneda constante", remarcó.

A fines de diciembre, el actual gobierno prorrogó 180 días el congelamiento tarifario. Ni emergencia sanitaria, ni la economía apocalíptica con la que amenaza el día después de la cuarentena, son, precisamente, incentivos para recomponer los ingresos de las distribuidoras.

Si las eléctricas habían cerrado 2019 con volatilidad, la crisis del coronavirus hizo que su situación elevara en tensión, a medida que se alarga su cuarentena financiera. La semana pasada, Edenor y Edesur cerraron sus balances semestrales. Los datos serán públicos en semanas. Por lo pronto, la caída de actividad –en abril, la economía se derrumbó un 26,4%, descalabro histórico– no es buen presagio. Basta con repasar los números al 31 de marzo. En el primer trimestre, los ingresos de Edenor cayeron 13,1%, a $ 20.531 millones, principalmente, por el congelamiento tarifario. El margen bruto se redujo en 5 puntos. El resultado se disparó 270,7%, a una ganancia neta de $ 720 millones porque en el primer trimestre de 2019 hubo sanciones por parte el Ente Nacional Regulador de la Energía (Enre), luego no confirmadas.

Las inversiones de Edenor entre enero y marzo de 2020 ascendieron a $ 1373 millones, un 55% inferiores a las de un año antes. "Principalmente, como consecuencia del retraso en actualización de los ingresos y la falta de previsibilidad a futuro, como consecuencia del congelamiento tarifario dispuesto, lo que llevó a la desaceleración del ambicioso plan fijado por Edenor", explicó la compañía, que había desembolsado $ 17.000 millones en 2017 y 2018.

Edesur, con 2,5 millones de clientes, perdió $ 120,6 millones, contra $ 846,51 millones ganados en el trimestre inicial de 2019. Los ingresos cayeron 22%, a $ 14.557 millones, también, "por el congelamiento tarifario vigente", señaló la empresa. En 2019, tuvo una ganancia neta de $ 12.601 millones, casi el triple que en 2018, por efectos cambiarios. El año pasado, recibió capitalizaciones de su accionista, el grupo italiano Enel, por $ 8000 millones.

"La red eléctrica es de los '90. Estuvo bajo presión durante una década y está en condiciones que no son tan buenas. Estamos invirtiendo mucho y rápidamente", decía el titular de Enel en la Argentina, Nicola Melchiotti, apenas llegó al país, hace un par de años. Los resultados de Edesur habían vuelto al azul, después de mucho tiempo en rojo. "Lo que dicen es que, por primera vez, la empresa no está en bancarrota. Se queda con algo. Pero reinvertimos ese algo (y más). Pareció que tuvimos grandes ganancias cuando, al final, fueron grandes inversiones", se defendía.

Ahora, también Edesur ve su plan de inversiones –que tiene costos dolarizados– afectado. Otro dato que grafica el deterioro financiero de las distribuidoras es la deuda, cercana a los $ 100.000 millones, que acumulan con Cammesa, la empresa mixta administradora del mercado mayorista eléctrico. El monto es 140% superior al de inicios de año. Edesur pagó $ 700 millones, sólo el 20% de lo que le correspondía, según un informe de Cammesa que publicó el portal especializado Econojournal. Edenor, $ 1900 millones, el 44 por ciento.

Una carta más de las que se echará sobre la mesa de negociación. En diciembre, Alberto también suspendió otra decisión de Macri: la transferencia de las concesiones a la Ciudad y a la Provincia de Buenos Aires. Prorrogó, durante un año, la jurisdicción del Enre sobre ambas empresas. Esto las sacó –al menos, transitoriamente– del limbo en el que se sentían.

Si bien, por las inversiones ejecutadas desde 2017, Edenor y Edesur mostraron mejoras en sus índices de calidad de servicio, la cuarentena volvió a ponerlas bajo fuego. En mayo, el Enre las sancionó por no responder a 12.700 reclamos de usuarios que exigían, con urgencia, un buen servicio durante el ASPO. La multa de Edesur ascendió a $ 101 millones y la de Edenor, a $ 7 millones.

Suenan tambores de guerra en el conurbano. La falta de red de gas natural hace que, durante el invierno, haya saltos de demanda eléctrica en barrios y villas sin otra opción de calefacción. La semana pasada, varios intendentes del Sur del GBA le expresaron al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, su enojo por los frecuentes cortes de electricidad. La jefa comunal de Quilmes, la camporista Mayra Mendoza, anunció acciones legales contra Edesur.

Kicillof, que ya decidió congelar durante el resto del año las tarifas de las distribuidoras bonaerenses sobre las que la Provincia tiene autoridad, prometió sanciones. Otro frente que promete ganar voltaje.