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Huertas escolares: sustentabilidad a futuro

De la institución educativa a la casa y del hogar a la comunidad, las huertas escolares son un claro ejemplo del uso de un recurso didáctico como puente para un desarrollo sustentable. Los casos de éxito.

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La provincia de Misiones marca el camino hacia la integración de la huerta como parte del proyecto educativo de las escuelas. Durante el año pasado, impulsada por la Secretaría de Agricultura Familiar de esa provincia, se sancionó la Ley de huertas escolares (Nº VI-210), que establece que todas las escuelas de nivel primario y secundario, tanto de gestión pública o privada deben tener su huerta.

"La provincia tiene muchos años de trabajo con huertas en las escuelas de nivel primario en zonas rurales, pero a partir de 2016, con el nacimiento de este organismo de Agricultura Familiar se avanzó para firmar un convenio con el Ministerio de Educación para trabajar las huertas escolares en toda la provincia", dice Marta Ferreira, ministra de ese organismo. En tres años, se realizaron 300 huertas escolares, en muchas de ellas se contó con la colaboración del INTA para la capacitación de directivos y docentes.

"A fines del año pasado hicimos el primer Foro de Niños, niñas y adolescentes para que expusieran el resultado. Los alumnos explicaban cómo construyeron su propia huerta. Algunas que tenían comedor usaron lo cosechado para sus almuerzos, y las que no hicieron alguna sopa para compartir. Se observaron dos aspectos muy importantes, por un lado que los chicos llevaron la experiencia de la huerta en la escuela a la casa. Por otro, la incorporación de más verduras a la dieta", agrega.

Según Ferreira, en la práctica, muchas escuelas de gestión pública disponían de espacios para la huerta, y en las que no, se fabricaron canteros elevados de madera. Y en las ciudad, donde muchas escuelas de gestión privada no tenían espacio, la experiencia se concretó con canteros verticales.

"Nos interesa que la huerta funcione como un recurso pedagógico, que no quede aislada de la escuela. Tiene que ser el espacio donde el docente enseñe naturales, geografía, o también lengua o matemática", aclara. Esta ley está íntimamente ligada al proyecto de soberanía alimentaria de la provincia con el que se trabaja desde 2003. "A pesar de ser un territorio pequeño, Misiones tiene una gran diversidad de cultivos. En momentos críticos como los que vivimos no nos puede pasar que nos falte comida", finaliza.

Si bien Misiones es pionera en sancionar y reglamentar una ley, a nivel nacional existe desde 2004 la ley 25.829 que crea un Programa Federal de Huertas Educativas en el ámbito del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, pero esta no está reglamentada.

Sin embargo, las huertas agroecológicas vinculadas a instituciones y colegios son una realidad en todo el país desde 1990 a partir del programa ProHuerta, que llevan adelante el INTA y el Ministerio de Salud y Desarrollo Social. Este programa nació con el objetivo de mejorar los hábitos alimentarios, fomentar la autoproducción de alimento, cuidar el hábitat y está dirigido a familias, comunidades. Se lleva a cabo en instituciones como pueden ser cárceles, hospitales y escuelas. En el caso de las huertas escolares, la implementación depende de la articulación con el área de educación de cada provincia. Con 28 años de trayectoria, ProHuerta beneficia a más de 4 millones de personas gracias a una red federal de 9.000 promotores voluntarios y 722 ferias agroecológicas. Coordina acciones con más de 3.000 organizaciones e instituciones y trabaja con más de 640.000 huertas en todo el país. De ese total, hay 618.000 huertas familiares, 6.300 comunitarias o en instituciones y 15.000 escolares.

Mientras que en CABA, el Programa Escuelas Verdes, dentro de la Unidad de Proyectos Especiales dependiente del Ministerio de Educación e Innovación, nació en 2010 con el objetivo de fomentar la sustentabilidad, la educación ambiental, pero también promover la soberanía alimentaria y la alimentación saludable.

Hoy hay más de 690 escuelas en la Ciudad que tienen su huerta. Un 28,1% se disponen en recipientes, un 26,8% en macetas y canteros, un 18,2% en cajones, un 14,5 % son en terreno, un 12,5% son verticales. "La huerta es un espacio de aprendizaje privilegiado, es un aula abierta que permite que los estudiantes sean los protagonistas en la construcción de un mundo más justo, equitativo, sustentable y diverso", señala Angélica Gómez Pizarro, titular de la Unidad de Proyectos Especiales, Educación para la Sustentabilidad, del gobierno porteño.

Así, los resultados son positivos tanto para alumnos, maestros, y, por supuesto, para la comunidad.

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