El Cronista Comercial

El reto de trabajar en una embajada

por  JUAN CARLOS CERUTTI

Director de Plan - A

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El reto de trabajar en una embajada

En estos nuevos tiempos de comunicación abierta, redes, twitter, Instagram, Facebook, etcétera, los embajadores y todo el servicio exterior de nuestro país, pero fundamentalmente de otros países, se han hecho visibles, amigables y "a mano" en la Argentina.

Las muestras amigables y generosas de embajadores como el de Gran Bretaña, Suiza, Japón, Bélgica, que contagiaron el entusiasmo por la comunicación directa, han generado gran expectativa y nuevas relaciones inmediatas con la gente.

Ahora podemos observar cómo desarrollan su trabajo, generan eventos y comen un asadito con unas mollejas y provoletas excelentes, interactuando con personas "comunes" un fin de semana cualquiera.

Esa nueva relación, sincera, sin prejuicios, ha sido fundamental en la nueva generación de embajadores. Ellos llevan el compromiso de representar a su país desde una doble perspectiva, tanto con el gobierno local, pero también con la gente en forma directa.

La Argentina y su formato de amistad permite asombrar a algunos diplomáticos que se ven halagados con la forma de compartir que tenemos.

Pero detrás de lo que parece una vida de compromiso y placeres, lo cierto es que hay un despliegue de trabajo muy fuerte. Los embajadores destinan muchísimas horas del día en interactuar en forma personal, real y directa con la gente.

Las redes solo responden a mensajes genuinos. Si bien puede haber cierto coaching al final del día, es el propio embajador quién "favea", da RT o like a una publicación, lee lo que le escriben y decide contestar o no.

De esta interacción salen infinitos pedidos, recomendaciones que ellos deben transmitir a sus colaboradores y es allí donde me quiero detener.

En las embajadas extranjeras en nuestro país, hay -básicamente- personal extranjero destinado a trabajar acá y que cada tanto puede ser relocalizado en otro país, pero también hay personal local que ha sido contratado por la embajada, con independencia de quién sea el embajador, pasando años y años trabajando allí.

Esa experiencia puede ser única, y generadora de experiencias, relaciones, reconocimientos, etcétera, que enriquecen la vida de quién trabaja allí. Es cierto que las jornadas pueden ser largas, quizás trabajar los fines de semana, pero el resultado es satisfactorio, si se lo mira con espíritu altruista.

El régimen laboral para el personal contratado en la Argentina es el mismo que cualquier otro empleado de cualquier empresa. Se aplica la Ley de Contrato de Trabajo en toda su extensión. La jornada de trabajo, vacaciones, licencias, etcétera son las mismas y, ante cualquier conflicto, son los tribunales normales laborales quienes entienden en esos casos. Si bien hubo alguna discusión si por ser embajada debía intervenir la Corte directamente, lo cierto es que ya no es así.

Los reclamos tienen que pasar por el Servicio de Conciliación Laboral Obligatoria (Seclo) y se hacen contra la embajada directamente. Son pocos los reclamos, pero los hay.

Entiendo que el manejo del personal y la relación interna, puede tener altibajos como cualquier trabajo, pero quizás la articulación interna es fundamental para que los cambios sean provechosos y las experiencias enriquecedoras.

Las posibilidades de viajar y de avanzar en las carreras curriculares dependerán de cada uno y su expectativa, pero el entorno ayudará y se abrirán muchas puertas, en la medida de la proactividad que le impriman. Hoy los embajadores ya no están por fuera de la vida real, ahora son personas que bregan por su país en un contexto globalizado con redes que los acercan y les permiten cambiar, mejorar y lograr nuevos proyectos.

La carrera diplomática es hoy una experiencia llena de emociones, trabajo y futuro.

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