El Cronista Comercial

Dietrich (padre): "En un país como la Argentina, se puede ser rico o pobre por decreto"

Con la economía local inmersa en una nueva crisis, el empresario sobrevivió a otras 14 en los 55 años que lleva en el comercio automotor.

Dietrich (padre):

Guillermo Dietrich (75) se interrumpe. Revuelve unos papeles y muestra un rectángulo plastificado. Es un aviso de diario, ya sepia, de cuando él era concesionario de Citroen. "Los diseñaba yo. ¿Estudié gráfica, publicidad? No, no estudié un carajo", cuenta. Con su índice, señala cada elemento visual. "¿Qué quiere ver la gente? Un auto, la marca, un nombre y una vía de comunicación", simplifica, enfático. "No hay que ir a Harvard para aprender estas cosas", remata.

Está sentado en su oficina, la histórica esquina de Gascón y Honduras. Sus boxes desde fines de los '70. Dietrich ya acumulaba kilometraje en el negocio automotor. Abrió su primer taller el 10 de noviembre de 1964. Un galpón en Sarmiento 1920, en el que revendía autos y motos en los que él mismo se engrasaba. "Automotores Sarmiento", lo bautizó. Hasta que Juan Manuel Fangio le aconsejó ponerle su propio nombre.

Hoy, el apellido Dietrich es sinónimo de comercio automotor. E, inmerso en una nueva, sobrevivió a todas las crisis que tuvo la Argentina en esos 55 años. "Pasé 14. Y zafé", cuenta las manchas sobre su lomo.

Se contiene. Se esmera en no hablar de política. Sobre todo, después de la polémica que detonó una declaración suya, una crítica al gobierno del que su hijo Guillo fue uno de los ministros más emblemáticos. Él dice que sólo citó una frase que había oído ese día en la radio, mientras estiraba la presentación de una conferencia de la Cámara Argentina de Comercio, a la espera de que estuviera lista la conexión con uno de los disertantes, Carlos Melconian.

Desde entonces, para preservar la armonía familiar, prefiere no opinar sobre su desencanto con Mauricio Macri, ni del paso de su hijo por la función pública. Pero eso no lo inhibe de reflexionar sobre el país. "Si la economía está sólida, la política no la lastima. El problema es cuando ganás 100 y el plastiquito te viene por 140... Sonaste".

- ¿Cree que este Gobierno resolverá eso?

- No sé qué administrador va a arreglar eso. Pero el mundo está con los brazos así abiertos (gesticula) para la Argentina. Y nosotros no reaccionamos. La ecuación es menos impuestos, más recaudación. Hay que hacer cosas de shock. Acá mismo, en el salón, pongo dos cajas: una, para pagar un auto; la otra, para los impuestos. ¡Recaudás u$s 4500 en la primera y u$s 5500 en la segunda! Cuando empecemos a discriminar, a abrir los impuestos, la gente se va a volver loca. No quiero criticar. Pero es algo que, todavía, nadie entendió.

- Sin hacer nombres propios: si hubo un gobierno con gente que llegó al poder con esa idea, fue el anterior...

- Vamos más atrás de eso. Mucho más atrás. La Argentina es un país que se cree democrático pero no lo es. En los países democráticos, el parlamento es serio. No puede ser que, acá, un diputado sea una pyme, presente una sola ley en el año y cueste cuatro veces más que en España. O que hagamos 96 kilómetros y pasemos de provincia, con otro gobernador, otra cámara de senadores y otra cámara de diputados. El día que empecemos a cambiar eso, vendrá la transformación. Y, ahí, el resto del mundo nos va a tomar confianza para invertir. Si eso se avala, se sostiene, se respetan las instituciones, la traducción de esa confianza es la seguridad jurídica.

- Sería una reinvención total de la Argentina

- No hay que inventar nada. Como empresario, siempre miré a los japoneses. Ellos nunca inventaron; copiaron. En Paraguay, el Guaraní tiene 70 años. Nosotros, en ese tiempo, cambiamos cinco signos monetarios y le sacamos 13 ceros a la moneda. ¿Por qué no miramos un poquito cómo es Paraguay? Los inversores están yendo allá, no hacia acá. Cuando nací, el peso tenía el respaldo del oro del Banco Central. ¿Cuál es el del dólar? La confianza. Tenés un respaldo real o tenés confianza. A cualquiera de nosotros nos traen $ 1 millón, ¿lo guardamos? No; saquémonos la careta: lo agarramos y vamos a comprar oro, euros o dólares. ¡Porque no creemos en nuestra moneda!

- Pasan los gobiernos y la clase dirigente tropieza con la misma piedra.

- Dijiste una buena palabra: "dirigente". En general, el dirigente, el empresario, ha movido a buenos gobiernos, como los de Frondizi e Illia. Porque el empresario argentino, un gran porcentaje, es prebendario. Si no vive del Estado, no es eficiente. No quiere competir. Yo, en cambio, sí quiero competir. Voy con la cámara y nos sentarnos con el Gobierno para ver contra quién y hacer los cambios para estar en condiciones similares.

- ¿Por ejemplo?

- No digo una reforma laboral. Pero sí una ley nueva, más moderna. El 65% del PBI argentino es generado por el comercio y los servicios. También, el 68% de la ocupación laboral registrada. No por la industria. Es algo que pasa en el mundo: en 20 años, la ley laboral vieja va muriendo. Y seguirá habiendo trabajo.

- En 55 años, ¿cuál fue su mayor error como empresario?

- Es muy difícil medir el error de un empresario. Muy difícil. En 55 años, no entré en ninguna joda, en un país en el que los empresarios, a veces, se meten en cosas non sanctas. Pero, en la Argentina, podés trabajar, formarte un patrimonio, tener una renta... y un día viene un gobierno y te roba la plata. Así nomás. Tengo muy claro que, en un país como la Argentina, podés ser pobre o rico por decreto. A lo mejor, el error es no agarrar todo y esconderlo en el fondo de tu casa. Pero eso no es un país normal.

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