El Cronista Comercial

Claves para desarrollar el oficio de tomar decisiones

No todas tienen el mismo impacto. Conocer la diferencia es vital para saber cómo abordarlas

Claves para desarrollar el oficio de tomar decisiones

Una característica que identifica el "oficio de empresario" es la necesidad de resolver problemas y tomar decisiones de manera constante y continua.

"Dado que las decisiones son el motor para el desarrollo del negocio, lo primero que debemos mirar es si se cuenta con un sistema de dirección y con procesos que permitan tomarlas en tiempo y forma, asegurando la unidad de propósito. Las decisiones a destiempo o la falta de ellas, ponen en peligro la supervivencia de la organización", destaca Alejandro Figini, director de Aqnitio.

Saber lo que pasa en la cabeza de la gente para entender como es el proceso decisorio, nos invita a preguntarnos si hay un estado óptimo para tomarlas.

¿Cómo construir ese estado ideal en tiempos turbulentos, de incertidumbre y de ritmo de cambio creciente? Es posible que no encontremos la calma en el entorno que nos rodea, pero sí que la podamos construir dentro de nosotros. "Aquietar la mente para estar presentes y despiertos, es una capacidad altamente valorada y cultivada tradicionalmente en muchas disciplinas orientales. Aún más, esta capacidad es el fundamento del desempeño superlativo y de la extraordinaria competitividad", asegura Figini.

A fin de agilizar las operaciones, debemos identificar dónde ponemos el foco y qué método elegimos en cada situación. Saber de qué manera tomar cada decisión, da velocidad y hace que sean tomadas por las personas correctas.

"Es habitual en las empresas que no esté claro cuáles son las decisiones críticas. Por eso, es importante aunar criterios y establecer cómo proceder en cada caso", explica Ernesto Weissmann, director de Tandem. Están las casuales (repetitivas, instantáneas, operativas y de bajo impacto); las conscientes (en este caso sí nos damos cuenta de que las tomamos, las llevamos a la conciencia. Tienen un impacto visible a mediano plazo, pero no llegan a ser determinantes) y las complejas (de alto impacto a largo plazo, son decisiones a las que dedicamos semanas o meses y que exigen un proceso más arduo y extenso).

Si implementamos metodologías robustas para tomar decisiones casuales o de poco impacto, estaremos generando una complejidad sin sentido. La intuición experta de quienes están asignados a resolverlo técnicamente (y ya lo han hecho infinidad de veces), debería ser suficiente para actuar más rápido y con mayor eficacia.

"Con las decisiones complejas, es necesario utilizar un proceso riguroso con herramientas de análisis para evaluar los diferentes cursos de acción. Suelen participar varias áreas, interactuando a través de un abordaje colaborativo. Elegir el método apropiado para cada tipo, nos permitirá poner el foco en lo importante, quitándole el tiempo a las decisiones más simples y operativas para invertirlo en aquellas que generan más valor al negocio", explica Weissmann.

La ecuación sería: a menor impacto, más intuición y menos método; a mayor impacto y complejidad, menos intuición y más método.

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