El Cronista Comercial

Fundaron una empresa de seguridad y buscan integrar a personas con discapacidad al mundo laboral

Instalan unidades de seguridad en edificios y apuntan a regionalizarse. Con 130 clientes en marcha, el año pasado facturaron $30 millones.

Emprendedores en seguridad buscan integrar a personas con discapacidad al mundo laboral

Agente Central es una compañía de tecnología aplicada a la seguridad en propiedades privadas. La idea nació en 2016, pero se puso en marcha en 2017, luego de que los socios fundadores, que ya tenían experiencia en el rubro de seguridad, decidieran sumarse a una tendencia que estaba imponiendo Prosegur, con vigiladores privados que monitoreaban los edificios desde una central.

“Yo ya estaba en una empresa de servicios informáticos y teníamos una unidad de negocios vinculada a cámaras de seguridad. Pensando en eso y en tener una solución por telepresencia, vimos la oportunidad de meternos en la línea siguiendo con la apertura de mercado que estaba haciendo Prosegur. Nosotros somos una empresa de base tecnológica. Podemos ser la número uno en eso y la número dos en volumen”, explica Juan Escofet, que la fundó junto a Paul O'Shanghnessy y José Luís Vignaroli, para la que invirtieron u$s 400.000.

Crearon lo que luego bautizaron como Unidad Central de Comunicación, que funciona como nexo entre los vecinos y los agentes de seguridad. Estos tótems cuentan con micrófono, parlante, cámara y pantalla que ayudan a la interacción. Del otro lado, en una central, el equipo de la empresa los monitorea, interactúa y centraliza varios dispositivos como sensores, botones antipánico, botoneras de emergencia para adultos mayores y hasta un “clicker” para que los vecinos alerten a los agentes cuando necesitan ser monitoreados al entrar o salir. El servicio cuesta entre $ 37.000 y $ 47.000 por mes.

Para formar su equipo de agentes, la empresa desarrolló un modelo de impact hiring a través del que emplean a personas con discapacidad con dificultad para acceder al mercado laboral. Hoy en la empresa trabajan 25 personas (actualmente en modo “emergencia” cada uno desde su casa). “Lo que más orgullo nos da es el tipo de organización que creamos y nuestro liderazgo. Somos una empresa social, porque no hacemos solidaridad. Somos empresario y humanos. Esa va a ser una obligación del futuro. La lógica es que nuestros clientes no nos van a elegir si no tenemos ese compromiso”, amplía.

Al principio, el desafío estaba en generar confianza en los consorcios. Por eso buscaron dar un diferencial con el trato: empezar a saludar y crear cercanía. “Trabajamos mucho sobre el valor de una buena experiencia. Hoy somos un equipo muy orientado al vecino”, agrega el founder de la firma que ya tiene 130 clientes y facturó $ 30 millones en 2019.

La empresa opera en CABA, con la mayoría de sus clientes distribuidos en Caballito, Palermo y Belgrano, y tiene un plan de expansión para América latina (Chile, Uruguay y Bolivia, principalmente). También con presencia en GBA, está trabajando en el desarrollo de su modelo de franquicias para ganar presencia en el interior del país. Este año apuntan a llegar a los 250 clientes gracias a esta estrategia.

Sobre el futuro crecimiento de la compañía, el emprendedor reflexiona: “El universo de soluciones es enorme. Para nosotros el problema es financiero, esa es nuestra limitación hoy. Cómo financiar el crecimiento. La situación de la Argentina hace que la posibilidad de conseguir dinero de terceros sea muy compleja”. 

En cifras

  • Fundación: 2017 
  • Inversión inicial: US$ 400.000
  • Facturación 2019: $30 millones
  • Cantidad de empleados: 25

La versión original de este artículo fue publicada en la edición 316 de Revista Apertura.

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