El Cronista Comercial

Es polista, hace palitos chinos y quiere exportar ya a EE.UU. y Europa

Agustín Vierheller lanzó al mercado Ecobella hace dos años y tiene como clientes a Green Eat y Paru. 

El polista que produce palitos chinos comestibles y ya piensa en exportar a EE.UU. y Europa

La historia de Ecobella empezó hace 13 años, cuando Agustín Vierheller abrió el cajón de los cubiertos de la cocina y lo vio lleno de palitos chinos descartables. “Pensé en el desperdicio de madera: en el mundo se fabricaban 80.000 millones de palitos al año. Entonces pensé en buscar un sustituto”, cuenta quien, lejos del mundo gastronómico o del diseño, se dedicaba a la cría de caballos y era jugador de polo.

Se le ocurrió desarrollar una opción comestible y comenzó el proceso de creación de palitos de pan. Sus Ecosticks, como llamó al desarrollo, están hechos a base de harina de arroz y tienen una textura muy parecida a la de la madera, con una gran resistencia tanto al frío como al calor. Pero no fue fácil y el proceso le llevó cinco años. “No había nada parecido en el mundo. De hecho tuve propuestas de empresas muy grandes que me quisieron comprar la idea. Eso me dio seguridad y decidí jugármela”, comenta el fundador de la compañía que bautizó haciendo un juego de palabras con el nombre de su hija Isabella.

Agustín Vierheller, fundador de Ecobella

Primero creó un prototipo de horno y luego desarrolló el producto de forma totalmente autodidacta. Se sumaron entonces seis socios (Pedro Inchauspe, Tomás y Pablo Mayer, Alejandro Abossio, Federico Piqué y Julián Pueblas) que la hicieron crecer con la primera inversión y Vierheller llegó a un horno beta con el que salió a fabricar las primeras muestras que mandó a locales.

Después entró el grupo Adblick, de José Demicheli, que apalancó la investigación y llegó a la versión final de la máquina que permite fabricar 70.000 unidades por mes y comenzó a escalar la producción. “El proceso de crecimiento de la fábrica fue un aprendizaje enorme y muy duro. Cada peso iba al desarrollo y trabajé ad honorem muchos años”, reconoce.

Hace dos años salieron oficialmente al mercado, con una fábrica semi automatizada: “Nunca fui ingeniero, fue siempre ingenioso. Cuando tenés una idea así tenés miedo de que te la roben, y me costaba contratar ingenieros para que hagan el desarrollo, por lo que lo hice todo yo”.

Hoy Ecobella, con los palitos comestibles y compostables, produce a la mitad de lo que Vierheller calcula que es el mercado en Argentina. Por eso es optimista. “Por suerte tengo el problema de cómo producir más”, asegura, y dice que su visión coincidió con una época del mundo donde hay cada vez más conciencia sobre el cuidado del medioambiente y la importancia de introducir productos para reemplazar los descartables.

Los primeros clientes llegaron después de que Vierheller saliera “a patear la calle”. Restaurante por restaurante fue sumando adeptos, y ahora se apoya en una red de distribuidores que le permite funcionar con una estructura de nueve empleados. Hoy tienen unos 450 clientes de sushi que ofrecen sus palitos como Paru o Green Eat. Y el equipo ya está pensando en una cartera de soluciones eco-friendly. El lanzamiento más próximo será el de los Ecomixers, que buscan reemplazar los palitos de madera que se ofrecen para revolver el café, y sumarán cucharas y palitos de helado comestibles: las Ecospoon y Ecoice.

“A todos los podés comer o compostar y son sin TACC. Por ningún lado nuestro producto le hace mal al planeta”, asegura. Gracias a sus distribuidores, Ecobella tiene presencia en todo el país, y está en conversaciones para exportar a México, Uruguay, Estados Unidos y Europa. “Nuestra meta es brindar una lucha contra el uso del plástico y la madera. No se trata de ganar plata sino de erradicar estos materiales en los productos que ofrecemos. Y ese sueño puedo lograrlo gracias al apoyo de mis socios”, concluye.

En cifras

  • Lanzamiento al mercado: 2018
  • Inversión inicial: US$ 450.000
  • Facturación proyectada 2020: $ 8 millones
  • Cantidad de empleados: 9

La versión original de esta nota fue publicada en la edición 321 de Revista Apertura.