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Cencosud sale a la Bolsa con sus centros comerciales de la región

Por  GERMÁN FERMO

Cencosud sale a la Bolsa con sus centros comerciales de la región

03/09/2018 | 07:56

Urgente, por si no se dieron cuenta, nos estamos muriendo. Una economía con déficits gemelos es una receta perfecta para la explosión. Y así como veníamos, con un rojo de cuentas externas enorme y con un déficit fiscal inmanejable, no daba para más.

Ocurrió entonces un ajuste sumamente desordenado que se estaba esquivando desde hace dos años y medio. Lo hicimos al mejor estilo argentino, a los ponchazos, a pura improvisación, a pura incertidumbre y hasta con un sutil glamour africano. No podía ser de otra forma en nuestra incorregible Peronia y más aún, enfrentando en breve una durísima riña electoral.

Claramente, los anuncios tienen un sesgo altamente cortoplacista y por ende efímero, pero quizá podrían dar oxígeno de corto plazo a un barco que se hunde a velocidad fulminante. No hay nada más devastador que una crisis terminal, la prioridad en la Argentina de hoy debe ser precisamente evitar dicho escenario a cualquier costo porque no hay nada peor que eso. Se hace útil recordar en esta coyuntura, que el kirchnerismo fue consecuencia directa de nuestra última gran crisis, el 2001, y ya sabemos a dónde nos condujo.

Lo sano de todo esto es que al Gobierno finalmente se le terminó el tiempo “de la nada” como estrategia de base, en breve sabremos qué tan eficaz será este aparente intento de volantazo desesperado. El plan económico de Cambiemos fracasó en todo frente posible y el primer paso hacia la resolución del dilema en el que estamos, es su reconocimiento y en este frente jugar a medias tintas no sirve, la respuesta deberá ser contundente y el árbitro que determinará si funcionan o no es Wall Street.

Si en estas horas el presidente Mauricio Macri no noquea al mercado, el mercado lo noqueará a él definitivamente y a todos los argentinos, tal como viene haciendo desde mayo. Ya no queda un milímetro para una sistemática subestimación de la realidad que caracterizó a la gestión del oficialismo. Es tiempo de que nuestro Presidente le muestre al mundo y a nosotros mismos de qué está hecho, cuál es su compromiso para liderarnos en una de las peores crisis de nuestra historia reciente. Muchos estamos para apoyarlo y ayudarlo, pero primero debe ayudarse él mismo y el tiempo es hoy, mañana ya no sirve.

¿Cómo frenamos al dólar? Se hace clave en este contexto comprender que la mejor arma contra la locura del dólar es dar un shock de confianza. Lo actuado por el gobierno en estas últimas horas si bien desprolijo, improvisado y cortoplacista, muestra al menos a un equipo que se despertó agresivamente de la siesta en la que estaba desde 2016, lo cual es todo un avance, me permito dudar si será suficiente.

Macri y su "tormenta perfecta".

La única forma de frenar la corrida del dólar es con una contundente señal, vender reservas y subir tasas no hace otra cosa que exacerbar el drama. Dios quiera que con los anuncios alcance y si no fuera el caso, el Presidente Macri deberá sacrificar aún más lo que hasta ahora defiende: a su riñón más cercano, a ese pequeño grupo de personajes que llevaron a la economía argentina a una jaula de la que será sumamente costoso escapar. El tiempo de la crítica inexorablemente llegará, pero hoy siento que hay que sumar y a pesar de medidas que sólo representan parches temporarios. Nuestro país necesita de una actitud proactiva: estamos en coma, pero no muertos, se puede salir de esto sólo si nuestro Presidente reacciona en todos los frentes.

Priorizando el debate. El 2016 y 2017 fue un tiempo en donde muchos criticamos la política económica de este gobierno. Seguramente el 2020 será otro año en donde daremos un intenso debate a lo que por entonces se decida y se pueda mejorar. Pero la Argentina de hoy lamentablemente no puede permitirse una discusión filosófica del “deber ser” porque se nos acabó el tiempo, hay que poner primero la caja en orden o nos morimos todos.

El barco tiene un agujero enorme, se nos está llenando de agua y si nos ahogamos, el debate del largo plazo se convierte en una absurda utopía. Las urgencias extremas de la economía argentina hacen inexorablemente necesaria la clara distinción entre dramas de primer orden y problemas de segunda importancia. Para el mal de todos los argentinos, nuestra economía sufrió doce años de saqueo K y tres largos años de una incomprensible parsimonia M, al punto tal que no dio para más y estalló con una estrepitosa devaluación que quedará en la memoria de los argentinos por su severidad y magnitud. Los tiempos que vivimos son tan críticos que ya no dan lugar a la equivocación y mucho menos a la pasividad. Finalmente conocimos lo que el gradualismo significaba, el más severo de todos los shocks posibles. Debate concluido entonces: fueron por un shock licuatorio, y por el más cruel de todos. Lástima que perdimos casi tres años en darnos cuenta. La inacción es la peor estrategia posible, esperemos que con el susto de la semana pasada este gobierno abandone el trote y encare a la crisis con un pique corto a pura potencia, porque ya no hay espacio para la duda.

Ordenar la caja es esencial, sin ello, nos ahogamos. Tenemos un severo rojo financiero, aspecto que ha preocupado considerablemente a quienes nos prestan desde el exterior significando un severo castigo a bonos argentinos y por ende, al riesgo país. Por lo tanto, todas las balas de este gobierno deberán ser dirigidas a responder una sola pregunta: ¿cómo hará la Argentina para satisfacer sus necesidades de financiamiento hasta el 2020? Bajo esta necesidad, seguramente observaremos una serie de medidas que intentarían atacar el problema manoteando de donde se pueda para lograr en 2019 un déficit al 0%, contra el 1.3% que nos exigía el FMI, enviando una señal fiscal que sorprenda y seduzca a Wall Street. El tiempo de hacerlo ordenadamente era el 2016 y ya se nos fue, ahora no nos queda otra que activar un arsenal de medidas coyunturales e ineficientes para salvar el bote, para no morirnos, y llegar a un 2020 en donde nuevamente se deberá analizar una reforma plena y estructural de la economía argentina.

De cara a las elecciones 2019

Enfrentaremos decisiones que tendrán como objetivo estabilizar la crisis, lo cual me obliga a la siguiente conclusión: mejor desprolijos que muertos, más vale tarde que nunca, pero el largo plazo sigue irresoluto como en 2015.

La devaluación. Si “M2 + Lebacs en poder de personas físicas” fuese convertido por el total de reservas disponibles, daría una tasa de cambio de 38. Si “M2 + Lebacs en poder de personas físicas + Lebacs en poder del sector financiero” fuese convertido por el total de reservas disponibles, daría una tasa de cambio de 43. Noten que el promedio de estos dos extremos es 40.50.

No es ilógico suponer entonces que en las próximas semanas el tipo de cambio de equilibrio de corto plazo termine en algún punto de este rango, lo cual implicaría que si este bendito gobierno deja de cometer errores y eso es una enorme suposición, lo peor a nivel cambiario podría estar cerca de culminar, pero yo me permito dudar muchísimo todavía.

Las devaluaciones en el largo plazo no consiguen nada pero en el corto pueden atacar dos urgencias extremas. Primero, con una economía en franco proceso recesivo por al menos los próximos tres trimestres, el traslado de la devaluación a precios será limitado, lo cual implicaría que el sector exportador mantendrá por un largo tiempo un fenomenal salto de competitividad, convirtiéndolo en el principal motor del rebote para el 2019. Segundo, la devaluación licuó una enorme cantidad de problemas entre ellos, el stock de Lebac .  A inicios de mayo, dicho stock ascendía a 60.000 millones de dólares cuando hoy se reduce a una cifra cercana a los u$s 20.000 millones. Claramente, el silencioso plan de Cambiemos fue generar un voluptuoso salto de competitividad de corto plazo, licuar brutalmente algunos de nuestros dramas y darle al campo la chance de liderar la recuperación hacia el 2019. El ahorrista que tenía pesos fue literalmente triturado por este Gobierno.

El déficit cero 

Si hay algo que le faltó a esta administración desde inicios de gestión fue dar una clara señal de un sendero fiscal consistente y creíble. Para el corto plazo, parecería que el arsenal de medidas se concentraría en un aumento de retenciones al campo, más impuestazos a quien se pueda gravar, sumado a algo de reducción de gasto publico en lo que parecería ser un pre-acuerdo con gobernadores. Dado que más del 50% del gasto está indexado, intentar llegar a la meta del déficit cero para el 2019 sería imposible atacando solamente la porción del gasto no indexable.

De ahí que el manotazo parecería ir hacia un sector exportador que si bien debería en principio tolerar retenciones temporarias, ha sido extremadamente beneficiado con esta formidable devaluación. Insisto, nada de lo que se está haciendo es correcto desde la óptica de la economía del largo plazo, las retenciones como concepto son una calamidad, pero sí entendible desde la hipótesis de un barco que se hunde y que si no corrige curso en esta semana, nos terminará fulminando a todos. Muy rápido sabremos la bondad de estas medidas: si los bonos empiezan a subir de cotización será porque fueron bienvenidas, de lo contrario, el barco se seguirá hundiendo y requerirá otro arsenal. El tiempo dirá si esto basta o si el Presidente Macri deberá finalmente realizar un cambio rotundo y total de su equipo si es que el mercado le concede esa chance. 

"Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la UCEMA."