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Estados Unidos, hoy: guerra comercial, carta anónima y el futuro del orden mundial

Por ANDRÉS FERRARI HAINES
Estados Unidos, hoy: guerra comercial, carta anónima y el futuro del orden mundial

11/09/2018 | 12:04

Estados Unidos continúa convulsionado por la carta anónima que un alto funcionario de la Casa Blanca publicó en el New York Times días atrás en la que admite ser parte de “la resistencia” que dentro del propio Gobierno Trump trabaja “para para frustrar partes de su agenda y sus peores inclinaciones”. El Presidente ha acusado al autor, si existe, o caso contrario, al propio medio, de traidor y exige saber de quién se trata por una cuestión de seguridad nacional.

 

La carta afirma que la “raíz del problema es la amoralidad del presidente” que muestra poca afinidad por ideales que han sido parte, incluso, de su propio partido –fundamentalmente, los relacionados a las libertades. Además, le objeta una política externa en la que prefiere “autócratas y dictadores, como el presidente ruso, Vladimir Putin, y el líder supremo de Corea del Norte, Kim Jong-un, y muestra poco aprecio genuino por los lazos que nos unen con naciones aliadas que piensan como nosotros”. El autor afirma que él y otros, en paralelo, siguen cultivando los lazos con los socios tradicionales de EE.UU. reflejando, no una “conspiración” dentro del Estado, sino las actividades de un “Estado estable”.

 

En efecto, en importantes aspectos, Donald Trump está modificando significativas áreas de las relaciones de Estados Unidos con el mundo. Sin embargo, esto no se refiere tanto al contenido de su gestión, sino en cómo el país se ve así mismo – o precisa verse. Las crudas formas de Trump pueden, en efecto, acabar no siendo digeribles para al país; sin embargo, desde otro ángulo, su comportamiento no difiere en contenido de la historia de su país. Aún si llegara a ser reemplazado, está expresando una preocupación que en Estados Unidos viene creciendo desde hace más de una década con firmeza. Esta preocupación trata de la insatisfacción en Estados Unidos con la actual estructura y funcionamiento del Orden Mundial.

 

Así como hiciera otro presidente norteamericano, Richard Nixon, a inicios de la década de los 70, Trump convulsiona la economía y política del mundo en busca de un mejor ordenamiento para su país. En aquella oportunidad, renuncia de Nixon mediante y con un breve respiro bajo la presidencia de Carter, ese camino continuó con Reagan y Bush (padre) hasta la disolución de la Unión Soviética, fin del Estado de Bienestar y reubicación jerárquica menor de sus aliados – Europa Occidental y Japón. Los parámetros de su ‘hegemonía benigna’ implantada luego de la segunda guerra mundial, como mecanismo de embate a lo largo de la Guerra Fría, fueron caóticamente levantados por la convulsión de lo que se llamó en la época la fuerza arrolladora de la ‘globalización’ – de la cual EE.UU. estuvo detrás presionando, amigos y enemigos – para que derrumben las barreras a sus mercados de mercancías y capitales que su propio diseño institucional de Bretton Woods había erigido.

 

En esta ocasión, en Estados Unidos se viene sintiendo una actitud amenazadora de China desde la crisis financiera global de 2008-9 a partir de su resistencia a las presiones norteamericanas de implementar reformas en sus políticas económicas, políticas y de derechos humanos – combinado con una creciente capacidad militar. En especial, la visión de una actitud afirmativa del país asiático se sustenta en que estaría utilizando su creciente capacidad económica en el Mar del Sur y del este de China, en lo que EE.UU. entiende como un objetivo de ejercer una influencia diplomática que tenga como fin sustituirlo en su liderazgo, primero en la región, y luego en el mundo. Por eso, así como lo hiciera Nixon –y otros presidentes de Estados Unidos antes y después–, Trump trata la cuestión como de seguridad nacional.

 

En efecto, el inicio de la guerra comercial fue el documento, en diciembre pasado, de estrategia de seguridad nacional que sostiene que China es una competidora estratégica y desafiadora de los valores y de la influencia norteamericana. Es decir, Trump anuncia el uso de medidas comerciales para enfrentar lo que considera es una amenaza de China al lugar de Estados Unidos en el mundo.

 

Más aún, este embate estaría constituido por dos visiones o proyectos diferentes del orden mundial que son incompatibles. Por eso es que el documento acusa a China de cuestionar las normas internacionales y denuncia que se ha negado, pese los esfuerzos y colaboración durante décadas de Estados Unidos, de integrarse al orden mundial liberal. Sostiene que los líderes del Partido Comunista chino se aferran a su sistema autoritario de gobierno, al cual buscan difundir por el mundo, con el fin de moldear el mundo de acuerdo con estos valores e intereses suyos, que son diferentes de los norteamericanos.

 

La elección de Trump, entre otros asuntos, reflejó la preocupación progresiva en ese país del

crecimiento económico chino y del avance de su capacidad industrial. Los efectos de esto se observarían en el creciente desbalance de los saldos comerciales entre ambos, cada vez más en favor de China y cada vez más en productos industriales de mayor complejidad tecnológica. Los efectos de este comercio en EE.UU. se manifiestan en la creciente pérdida de empleos, particularmente en el sector manufacturero. Es decir, si bien en una dimensión la política de Trump apunta a recuperar estos empleos, en otra revela una estrategia como resultado de la ansiedad de que el país estaría perdiendo terreno en sus capacidades para continuar siendo la nación líder en el mundo. Así se entiende, por lo tanto, su postulado de hacer ‘América grande otra vez’ (make America great again).

 

La caminata de Estados Unidos hacia un lugar preponderante en el concierto de las naciones y en el ejercicio de ser el diseñador del orden mundial es extensa y precisó superar varios “enemigos” que fueron componiendo sus coyunturales “ejes del mal”. Comenzando por los propios ingleses y demás europeos con pretensiones de dominar las regiones de las ‘Trece Colonias’, se han enfrentado a diversas naciones de los pueblos originarios en su camino al Pacífico, y después diversos Dictadores, Imperio Japonés, Nazis, Soviéticos, Terroristas, etc. Más allá de la evaluación que se pueda efectuar al respecto, estas confrontaciones han sido vistas siempre por ellos como siendo contra un "adversario" que no comulgaba expresamente con lo que entendía que eran "los valores liberales americanos".

 

En el conflicto actual con China, la situación no es esa. China viene aplicando políticas económicas que han sido parte de la historia económica de Estados Unidos y afirma procurar un desarrollo económico y comercial similar. Por eso, el medio semioficial China Daily sostuvo que la guerra comercial constituye una "bendición disfrazada" porque se torna una disculpa para apoyar sus empresas locales y proseguir en su programa “Made in China 2025” que busca volverse económicamente más independiente, desarrollando nuevas industrias de alta tecnología para competir y, eventualmente, sustituir rivales extranjeros. Además, afirma que procurará concentrarse en desarrollar otros mercados para exportar por medio de los grandes proyectos por los que pretende consolidar su presencia en países en desarrollo.

 

Así, la carta anónima denuncia al Presidente de Estados Unidos por abandonar a los países aliados que sostienen sus mismos valores, expresando una visión que, cierta o no, ha sido el eje que constituyó al país, pero siempre en confrontación con un enemigo que entendía cuestionaba estos valores. Ahora, Trump se alía con países que no dicen identificarse con los ‘valores americanos’ para concentrarse en el choque con uno que – con grandes capacidades económicas, civilizatorias, poblaciones, militares y regionales – viene sosteniendo sistemáticamente no estar en confrontación – pero que sí asevera proseguir su camino independiente dentro del orden mundial creado por Estados Unidos. El dilema para Estados Unidos es ver si un presidente que satisfaga la tradición de ese ‘Estado estable’ - con el cual se identifica el autor anónimo-, sería capaz de enfrentar lo que el país siente es el ‘desafío chino’, o si el método Trump, aún exitoso en este embate, acaba mostrándose incompatible con la propia visión norteamericana de orden mundial.