Financial Times

Un pasado lleno de contradicciones desmiente al soldado Jair Bolsonaro

Por JOE LEAHY y ANDRES SCHIPANI
El ex militar que lidera los sondeos para las elecciones presidenciales de Brasil, es visto como una persona implacable contra la corrupción
Un pasado lleno de contradicciones desmiente al soldado Jair Bolsonaro
JOE LEAHY y ANDRES SCHIPANI
19/09/2018 | 02:02

En Eldorado, un pueblo tranquilo de San Pablo, JoÒo Carmo da Silva recuerda un episodio de hace casi 50 años que hoy podría ayudar a definir el rumbo de la historia nacional.

En 1970, Carlos Lamarca, un importante guerrillero de izquierda que luchaba contra la ex dictadura militar del país, disparó contra la policía en una estación de servicio mientras huía del Ejército.

El enfrentamiento, que dejó varios heridos, afectó profundamente a uno de los jóvenes amigos de Da Silva, Jair Bolsonaro. El adolescente se enteró del tiroteo, no lo presenció, pero el episodio despertó su pasión por el ejército y el odio a la izquierda, convicciones que lo catapultaron a la cima de la política.

Bolsonaro -que hasta hace poco era un paria político por su anhelo de una dictadura militar brasileña, su política de gatillo fácil para acabar con la delincuencia y su desprecio hacia los homosexuales, las mujeres y los negros- utilizó las redes sociales para convertirse en el primer nacionalista de derecha con oportunidades de liderar el país más grande de América Latina desde que los militares abandonaron el poder a mediados de la década de 1980.

El ascenso del ex capitán del ejército devenido congresista, considerado un populista al estilo del presidente estadounidense Donald Trump y el hombre fuerte de Filipinas Rodrigo Duterte, llega cuando Brasil sale de su peor recesión y su clase política se encuentra en medio de investigaciones por corrupción.

Bolsonaro fue apuñalado en el estómago este mes en plena campaña y todavía se está recuperando. No obstante, una encuesta de Datafolha reveló que su índice de popularidad trepó de 24% a 26% -casi el doble de sus competidores más cercanos, los izquierdistas Ciro Gomes y Fernando Haddad- de cara a las elecciones en segunda vuelta.

"Pasé 17 años en el Ejército brasileño. Sé lo que significan la jerarquía y la disciplina, sin ellas nunca tendremos orden ni progreso", dijo Bolsonaro.

Sin embargo, durante mucho tiempo hubo interrogantes en torno a los mitos que subyacen a la imagen cuidadosamente cultivada de Bolsonaro como el soldado-político franco y disciplinado. Un repaso de su pasado en Eldorado y su trayectoria en el Ejército revelan una historia muy diferente a la versión oficial de campaña.

 

Una infancia en la selva

 

Rodeado de selva tropical, Eldorado se encuentra en el corazón de la región productora de bananas del estado de San Pablo, el Valle de Ribeira.

Reinaldo de Melo, que vivía al lado de los Bolsonaro, recuerda que nunca tuvo "problemas" con la familia. Al joven Jair le gustaba jugar al voleibol y pescar con amigos. Uno de esos compañeros de pesca era Gilmar Alves.

"Era muy obstinado, muy impulsivo", dijo Alves. Mantuvieron contacto durante años, pero en 2015 se pelearon cuando Alves dijo que Bolsonaro lo calumnió al referirse a él de repente como un homosexual y ateo en un programa de televisión en el que hablaba sobre su tema favorito: la supuesta distribución de material sobre homosexualidad en las escuelas de Brasil.

Alves dijo que no estaba en contra de la homosexualidad, pero estaba furioso porque los comentarios no eran ciertos. "Mostró un lado de su carácter que yo no reconocí, el de un mentiroso", dijo Alves.

Pero más allá de sus diferencias personales, Alves también niega un reclamo de Bolsonaro que ha cobrado un carácter casi mítico entre sus partidarios. Después del tiroteo de Lamarca en 1970, Bolsonaro dijo que ayudó a los soldados a rastrear a la guerrilla en la selva cercana.

"Participé -en forma muy discreta porque tenía 15 años- en la búsqueda de Lamarca", dijo Bolsonaro en el Congreso en 2012.

Alves, cuyo difunto padre, un oficial de policía local, intercambió disparos con la pandilla de Lamarca en la estación de servicio, critica la historia tildándola de "basura". "No sé nada al respecto y lo hubiera sabido", dijo Alves.

Da Silva, otro compañero de pesca de Bolsonaro, también desestimó el reclamo, diciendo que el político era solo un niño en ese momento.

 

La carrera militar

 

Bolsonaro ingresó en la academia militar a mediados de la década de 1970. Los oficiales examinadores lo elogiaron por sus "aptitudes de liderazgo", su "espíritu militar" y su "resistencia física". Sin embargo, contrariamente a su relato político como el soldado perfecto, varios incidentes arruinaron su carrera.

Entre 1986 y 1987, tuvo problemas por publicar una columna de opinión en la revista Veja en la que se quejaba de los salarios de los soldados sin pedir autorización a sus superiores.

Estuvo en prisión durante dos semanas, "el único castigo disciplinario en mi vida militar", dijo. Luego la situación empeoró. Fue acusado de ser una importante fuente de información de una historia publicada por Veja en la que supuestamente reveló un plan para explotar bombas en una base militar.

De acuerdo con los cargos detallados en expedientes judiciales del Tribunal Militar Superior, el objetivo era "mostrar insatisfacción con los salarios militares y el comportamiento de los altos mandos del Ejército". Fue acusado de "conducta irregular" y de no ser apto para ser oficial.

Un ex oficial superior que dio testimonio sobre el carácter de Bolsonaro en el juicio señaló el "trato agresivo" de sus subordinados y "la falta de lógica, racionalidad y equilibrio".

En la defensa que presentó por escrito, Bolsonaro calificó las acusaciones de "injustas" y dijo que su honor se veía "injustamente denigrado". En junio de 1988, fue absuelto debido, entre otras razones, a pruebas contradictorias con respecto a los bocetos del plan para atacar con bombas, que supuestamente había diseñado para Veja.

Meses después, dejó el Ejército e ingresó en la política como concejal de la ciudad de Río de Janeiro. En 1990, ingresó al Congreso, donde estaba terminando su séptimo mandato de cuatro años antes de postularse a la presidencia este año.

En un compendio de entrevistas publicadas en 1997 por la Fundación Getulio Vargas (FGV), Ernesto Geisel, el general que presidió la dictadura de Brasil de 1974 a 1979- calificó a Bolsonaro de "mal militar".

 

Contra la corrupción

 

Uno de los jueces en el juicio militar de Bolsonaro escribió: "Presenta atributos que podrían [algún día] convertirlo en líder de muchos".

Durante años, se mantuvo oculto en los márgenes de la vida política de Brasil, en ocasiones salió en los titulares por sus arrebatos, como cuando le dijo a una congresista de izquierda que no "merecía" ser violada. En 28 años, aprobó solo dos leyes.

No obstante, en las elecciones de este año, la evaluación del juez tocó la fibra sensible de muchos brasileños que brindaron apoyo a un candidato que creen que puede cambiar un sistema corrupto.

Sus seguidores parecen dispuestos a hacer caso omiso de sus numerosas contradicciones, como la forma en que elogió al presidente venezolano Hugo Chávez y votó por el ex presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva en 2002.

Bolsonaro ahora asegura ser un liberal económico a pesar de que el ex presidente Fernando Henrique Cardoso debe enfrentar un pelotón de fusilamiento para privatizar empresas estatales. El año pasado, prometió apoyo "total" a la Constitución, pero quiere casi duplicar el número de jueces de la Corte Suprema, lo que le permitiría instalar a su propio equipo. Bolsonaro y el general Antonio Hamilton MourÒo, su compañero de fórmula, hablaron de invocar la fuerza militar en tiempos de "caos", y ambos admiran al fallecido coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, que torturó a prisioneros durante la dictadura de Brasil.