Financial Times

Escándalo en Goldman Sachs por presuntos sobornos en Malasia

Por JOHN GAPPER
Escándalo en Goldman Sachs por presuntos sobornos en Malasia
JOHN GAPPER
16/11/2018 | 02:19

Goldman Sachs enfrentó numerosas crisis durante su existencia, pero ninguna más impactante que la del caso de Tim Leissner, su ex socio principal en el sureste de Asia. Se supone que Wall Street brinda transparencia a los mercados emergentes y no que facilita la corrupción.

Leissner, quien admitió haber lavado dinero y sobornado, fue increíblemente corrupto. Se declaró culpable de conspirar con Jho Low, un extravagante facilitador de negocios, para conseguirle a Goldman un papel principal en la financiación de bonos por u$s 6500 millones para 1Malaysia Development Berhad (1MDB), un fondo soberano de inversión de Malasia. Leissner también ayudó a canalizar coimas por u$s 2700 millones, incluyendo u$s 4 millones en joyas para la esposa de un funcionario. Low sostiene que es inocente.

Ante el tribunal, afirmó que el ocultamiento de hechos al staff legal y de compliance de Goldman para evitar bloquearan operaciones estaba "muy alineado con su cultura". Si eso es cierto, Goldman ha perdido su honor. Incluso si es falso, habla mal de la aclamada "federación" del banco sus grupos de finanzas, de gestión de riesgos y legales ya que los ha engañado con gran facilidad.

El caso de 1MDB ofrece una lección más amplia. Los bancos y las empresas de servicios profesionales se expandieron en todo el mundo durante las últimas tres décadas, ofreciendo profesionalismo y decencia a las economías mientras se liberalizaban y se unían a los mercados globales. Los asesores también han ganado mucho dinero; Goldman cobró u$s 600 millones por su trabajo en tres emisiones de bonos de 1MDB.

Pero el fiasco de Goldman en Malasia, y la humillación de McKinsey en 2016 por sus relaciones con una empresa sudafricana con conexiones políticas, muestran cómo evaluaron incorrectamente los riesgos de tratar con gobiernos corruptos. En lugar de elevar el nivel ético, los proveedores occidentales han permitido que sus nombres se manchen al buscar venderle sus servicios a personas que debían haber evitado a toda costa.

Vender consejos no debería implicar vender el alma, pero ése fue el destino de Leissner en Malasia.