Economía y política

Advierten que la inflación le puso límite a la suba del desempleo

Según un informe privado el aumento de los precios licuó los costos laborales, lo que le puso un coto al  aumento de la desocupación, que se preveía superior al que finalmente mostraron los datos oficiales correspondientes al 4to trimestre del 2018.
Advierten que la inflación le puso límite a la suba del desempleo

25/03/2019 | 19:13

La tasa de desempleo en el 4to trimestre del 2018 fue de 9,1% de la población activa en los 31 grandes aglomerados urbanos del país,  informó el Indec. Se trata de un nivel sensiblemente superior al 7,2% registrado en el mismo período del 2017, pero frente a los vaticinios que pronosticaban tasas de dos dígitos, la desocupación mostró una variación bastante moderada. Es decir que, en un escenario de caída de la industria y la actividad económica en general, más drásticas reducciones en el consumo y, por ende, en las ventas del comercio minorista, el nivel de destrucción de puestos de trabajo podría haber sido peor. Esa es la conclusión a la que llegó el Instituto para el Desarrollo Argentino (IDESA), que un informe difundido hoy advierte que “ante tan severa contracción de la actividad económica era esperable no solo el aletargamiento en las nuevas contrataciones sino también una masiva destrucción de empleos”.

¿Qué pasó? Según Idesa, la clave fue la inflación, a la que le atribuyen la capacidad de haber licuado los costos laborales, lo que le puso límite al descenso del empleo durante el período considerado

Para probar su tesis, IDESA compara la reacción del mercado de trabajo en la actual crisis con la que ocurrió en el año 1995 cuando la economía fue sacudida por el “efecto Tequila” y la tasa de desempleo llegó al 18%. Según datos oficiales se observa que, entre abril y diciembre de 1995, la economía se contrajo un -4,4% y el empleo asalariado privado registrado cayó aproximadamente un -5,8%. En tanto, entre abril y diciembre de 2018 la economía se contrajo un -4,6% y el empleo salariado privado registrado cayó, recién a finales de año, un -1,6%.

Para IDESA, la madre del borrego está aquí: “En 1995 la inflación era de 0,4%, mientras que en el 2018 fue de 48%”.

“Estos datos muestran que, a similar caída de la producción, el mercado laboral formal reacciona de manera muy disímil. En 1995 el empleo asalariado privado registrado cayó tanto o más que la economía, mientras que en el 2018 este mismo empleo cayó apenas un tercio de lo que cayó la economía. Un factor clave detrás de estas diferencias es la inflación: en 1995 los precios eran estables, mientras que en el 2018 la inflación fue muy alta. Esto hizo que en 1995 no hubiera pérdida de salario real, mientras que en el 2018 la caída del salario real estuvo por encima del 10%. O sea, en un contexto de estabilidad de precios y rigidez de los salarios nominales a la baja, todo el impacto de la crisis se traduce en caída del empleo; en cambio, en la actualidad, como la inflación hace caer el salario real y, con ello, los costos laborales, morigera la destrucción de empleos”, explica el trabajo.

Otro elemento que considera el trabajo también puede sonar paradojico. Es el tema de la “informalidad laboral”, o, más llanamente, el empleo en negro. Según Idesa, al analizar los datos de empleo del Indec del 4to trimestre del 2018, se tiene que un 40% de la caída en el empleo asalariado registrado fue compensado por un aumento en el empleo asalariado no registrado. Es decir que si no hubiera habido aumento del empleo asalariado “en negro”, la tasa de desocupación habría estado más cerca del 10% que del 9%. “Esto sugiere que el rol que juega la informalidad como vía de adaptación del mercado laboral a la recesión es importante”, afirma. 

Las “virtudes” impensadas de la inflación también se pueden observar en cómo opera sobre las finanzas públicas. “Los aumentos de precios inflan la recaudación y licuan el valor real de las jubilaciones, las prestaciones asistenciales, los salarios públicos y otros gastos. Por eso, la aceleración de la inflación reduce el desequilibrio fiscal pero transitoriamente”.

IDESA aclara, sin embargo, que la inflación y la informalidad “no son la solución sino parte de los problemas”. Y explica que el ajuste fiscal “logrado con licuación de gasto público, en lugar de con ordenamiento del Estado, es tan primitivo y costoso como disimular el desempleo licuando costos laborales y más informalidad, en lugar de mejorar las regulaciones laborales”. 

IDESA concluye con que “no es casual que en los países que progresan no entre en la cabeza de los dirigentes apelar a la inflación y a la informalidad porque esto es disimular los problemas. En cambio, extreman los esfuerzos, el diálogo y el consenso para mejorar sus instituciones económicas, fiscales y laborales”.