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Un acuerdo Win-Win. Mercosur-Unión Europea

Por  ALBERTO SCHUSTER

Un acuerdo Win-Win. Mercosur-Unión Europea

16/07/2019 | 13:14

Estamos asistiendo a un proceso de transformación de la globalización. Los países que una vez lideraron la apertura económica y las instituciones mundiales orientadas a la coordinación global están tomando medidas proteccionistas. Estados Unidos, bajo la administración del Presidente Trump, ha abandonado la Alianza Transpacífica, impuesto aranceles sobre el acero, el aluminio y una amplia gama de productos chinos. Ha iniciado una cruzada en contra del gigante de telecomunicaciones china Huawei. Gran Bretaña está en los umbrales de dejar su pertenencia a la Unión Europea; Francia quiere aplicar un impuesto del 3% a la facturación de las grandes empresas de internet como Google y Amazon. Por otro lado, los populismos hacen resurgir las expresiones nacionalistas, tanto en Europa como en los Estados Unidos.

En sentido opuesto, China (más allá de los cuestionamientos atribuidos a pretensiones hegemónicas) sigue adelante con la iniciativa conocida como “Belt and Road Initiative” que, de acuerdo con el Presidente Xi Jinping, tiene como objetivo revivir y extender las rutas comerciales en Asia y algunos países de Europa a través de redes de infraestructura como un medio para estimular el desarrollo y la integración económica. Adicionalmente, hace unos días se inició la fase operativa del Área de Libre Comercio Continental de África que será una de las áreas de libre comercio más grandes, dada la población de África que se espera llegue a 2.500 millones de habitantes en 2050.

En este contexto incierto se inscribe el Acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea . Representa un hito por cuanto implica la ratificación, por parte de dos bloques económicos que reúnen el 25% del PBI global, del compromiso por establecer un comercio internacional que promueva el crecimiento, estimule la inversión e impulse mejores prácticas tanto en el sector privado como público y que apuntalen la productividad. Para los países del Mercosur se trata del acuerdo comercial de mayor impacto y trascendencia de su historia.

Para la Unión Europea es relevante al poder acceder a un mercado de casi 300 millones de habitantes, con una población joven, pleno de recursos naturales y un ingreso per cápita que debería incrementarse significativamente en los próximos veinticinco años. Desde el punto de vista estratégico revigoriza la Unión ante la inminente salida de Gran Bretaña y podría frenar un posible incremento relativo del peso futuro de las economías china y estadounidense.

Para el Mercosur, entre las ventajas percibidas se destacan:

Otras ventajas pueden aparecer incluso antes de que se formalice el Acuerdo. En primer lugar, un impacto positivo en las expectativas sobre la región, ya que un acuerdo con la Unión Europea se podrá interpretar como una señal clara de la decisión del Mercosur de avanzar hacia la apertura del mercado y aumentar la integración con la economía mundial.

Históricamente, tanto Argentina como Brasil han sido de las economías más cerradas del mundo. Así, mientras que Argentina y Brasil tienen un comercio que representa el 30% del PBI, la OCDE detenta una tasa de 57%.

En segundo lugar, una mejora en la estructura organizativa y los mecanismos de toma de decisiones del Mercosur están obligados a sufrir una reformulación dado que difícilmente el proceso de integración con la Unión Europea y otros que puedan alcanzarse en el futuro, puedan ser administrados adecuadamente por un Mercosur que muchas veces ha incumplido los plazos. Por lo tanto, las pautas y los plazos podrían contribuir a acelerar el cumplimiento de las reformas internas necesarias y fortalecer el funcionamiento del bloque.

Para Argentina, además de una oportunidad, el acuerdo es una necesidad. Una economía cerrada y con baja tasa de inversión necesita “como el agua” impulsar un salto exportador y atraer inversiones. No sólo para apuntalar su magra tasa de crecimiento tendencial sino también para contar con las divisas necesarias para evitar que la brecha externa siga gatillando inestabilidad cambiaria y macroeconómica. En este sentido, en el marco de la situación global arriba indicada, Europa, un socio estratégico tradicional tanto en lo histórico como cultural, geopolítico y comercial se erige como candidato natural a ocupar un rol central, máxime si se considera que ya es hoy nuestro segundo destino de exportación y es el primer inversor global con el 34,5% de participación, por delante de EE.UU., 25%.

Respecto de las ventajas, un primer análisis de las ventajas comparativas, muestra una ventaja argentina para la exportación de productos alimenticios pudiendo incrementarse rápidamente las exportaciones de cereales, oleaginosas, pellets de soja, pesca, miel, frutas, carne bovina y lácteos.

También es cierto que surgirán tensiones y desafíos, particularmente en los sectores más “sensibles” de nuestra economía como el textil, indumentaria, y electrodomésticos, pero en los cuales la Unión Europea no es un competidor global de peso y otros como medicamentos, automotriz y bienes de capital, donde sí lo es, aunque el acuerdo prevé plazos prolongados de hasta 15 años para una adaptación gradual.