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Riesgo país en máximos: efectos de una devaluación torpe e improvisada

Riesgo país en máximos: efectos de una devaluación torpe e improvisada

16/07/2018 | 07:27

El Banco Central (BCRA) que se fue: de las peores gestiones monetarias en la historia argentina con costos que trascendieron plenamente al ámbito monetario. Desde mayo a la actualidad, parecería que el país entero entró en una coctelera licuatoria de la mano de una autoridad monetaria que en su administración anterior enloqueció al mercado al ritmo de una política de tasas incomprensible e intervenciones cambiarias sin sentido y timing, generando un estado de caos y pánico absolutamente innecesario que causó severos efectos negativos tanto en la economía real como en la financiera, estas dos altamente vinculadas en última instancia.

Lo cierto es que ese trágico episodio de nuestro reciente pasado monetario ya es historia y los mercados obligan todo el tiempo a mirar hacia adelante obligándonos a hacernos una pregunta ineludible: ¿cuáles fueron los costos de semejante torpeza devaluatoria?

El desorden con el que se encaró el plan de licuación tuvo dos efectos severamente negativos que impactaron el nivel de confianza hacia este gobierno, con secuelas de muy largo plazo que serán imposibles o costosísimas de corregir.

Primero, desde fines de abril a la actualidad todo el tramo de la curva soberana de bonos fue castigado entre 150 y 200 puntos básicos, muy por encima del promedio del resto de los bonos emergentes.

Si bien desde la asunción de la nueva administración a cargo del BCRA los bonos recuperaron algo, la mejoría fue marginal relativo al severo castigo que sufrieron en especial durante los caóticos días de mayo y junio en donde la administración anterior a cargo del BCRA enloqueció al mercado de cambios y con él se llevó puesto a una variable indispensable a la estrategia del oficialismo: costo de capital.

El Riesgo País tocó máximos de los últimos meses impidiendo seguir con la estrategia de inicio de gestión: apalancamiento desde Wall Street y sin preguntas incómodas. Para un gobierno que se pasó dos años y medio haciendo la plancha y evitando por lo tanto, toda corrección fiscal posible al ritmo de la fe y la esperanza, el acceso al endeudamiento internacional a tasas mas o menos razonable era crucial aspecto que quedó severamente debilitado a partir de la crisis cambiaria autogenerada por este gobierno que nos obligó a recurrir a una fuente alternativa de financiamiento.

El FMI es un recurso sustancialmente más barato, pero que viene con un largo paquete de requerimientos económicos o sea, menor costo a cambio de menor grado de libertad en el manejo de la cosa económica. Segundo, el mercado de acciones sufrió un colapso semejante al del 2008 con la sutil diferencia que ahora en 2018 no hubo un “evento Lehman Brothers” aspecto que denota la suma negatividad con la que el mundo comenzó a revalorizar activos argentinos a partir del caos innecesario vivido durante mayo y junio e iniciado silenciosamente con la fatídica conferencia de prensa del 28D y el Impuesto a la Renta Financiera. La ironía de todo esto es que si los argentinos comprendiesen lo costoso que es este interminable chamullo social demócrata, votarían liberalismo.

     Un nuevo BCRA, los mismos desafíos.

El nuevo BCRA y su gran desafío: recuperar una confianza absolutamente perdida. A diferencia de la gestión anterior, sumamente académica y por lo tanto inocua, el Central actual está en manos de un Presidente con suma experiencia en mercados financieros aspecto que no es trivial en la especial y sumamente sensible coyuntura actual post crisis devaluatoria. Salir del drama e intentar una estabilidad cambiaria está ahora en manos de un trader que precisamente deberá convencer a muchos otros traders de que el tránsito desde el caos hacia un escenario de mediocridad estable y subsidiada por el FMI es posible.

Junto con esta necesaria estabilidad cambiaria, en breve este nuevo BCRA deberá indicarle al mercado cuál será el plan para aniquilar de una vez y para siempre a las Lebac mediante un swap de bonos en pesos con maturites mucho más largas digamos, tres años.

Recreadas ciertas condiciones de confianza es posible que este swap ocurra a tasas en pesos razonables, aspecto que permitiría finalmente exterminar las tasas al 50% que todavía padece la economía argentina y que está aniquilando entre otras cosas, al mundo PyME. Desaparecidas las Lebac, la presión sobre esas tasas también culminaría y se comenzaría a transitar un escenario hacia la normalidad monetaria, algo que dejamos de percibir por lo menos desde el 28D.

Un escenario aceptable sólo para bonos. Dado que la génesis de la crisis fueron las Lebac y todo lo que siguió en consecuencia, la forma de estabilizar expectativas sería precisamente aniquilarlas y si dicho proceso resulta exitoso el resto de las variables financieras debería acompañar el movimiento.

Primero, las paridades de los bonos soberanos parecerían haberse estabilizado lo cual es una aceptable noticia, pero el castigo ha sido tan grande que se hace necesaria una recuperación de paridades por una sencilla razón: los u$s 50.000 millones del FMI se acabarán en unos dos años y medio y para entonces mas vale que el riesgo país haya comprimido para volver a alimentar desde Wall Street a esta estratega de no corrección fiscal relevante.

O sea, me imagino un segundo mandato oficial después del 2019 con una obligada recuperación en riesgo país que permita nuevamente el acceso a los mercados voluntarios de deuda. El ajuste que escucho del Gobierno será innecesario para que podamos prescindir de dicha variable. Otro mundo es el del mercado accionario, si la estabilidad cambiaria y de paridades se convalida será un escenario aceptable para renta fija pero las acciones perdieron su principal motivador: upside.

La Argentina de hoy ya no tiene el crecimiento esperado en 2016 por una sencilla razón: la torpeza de toda nuestra clase dirigente aniquiló el stock de confianza inicial, aspecto clave para el mercado de acciones el cual es mucho mas explosivo que el de bonos. Por lo tanto, en este contexto al que nos condujo una secuencia interminable de torpezas oficialistas y opositoras, la mediocridad controlada parecería ser el mejor escenario posible.

Lejos quedaron los días de la fe, la esperanza y por sobre todo, la expectativa de un cambio estructural, aspecto que a la luz de los acontecimientos recientes resultó solamente en un mero slogan electoral. Lo mejor que le espera a la Argentina son largos años de mediocridad económica, lo cual resulta en un escenario aceptable para la recuperación de paridades en renta fija pero altamente insuficiente para la recuperación de renta variable.

Lamentablemente, en 2016 dejamos pasar otro tren más y van …….