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Manual para explicarles a los más chicos qué es la democracia

Por  SOLEDAD NAVARRO

Cómo hablar con un niño sobre la tolerancia, cuando vivimos en una polémica permanente.
Manual para explicarles a los más chicos qué es la democracia

20/08/2019 | 21:13

Estar en plena crianza de hijos que ya no son tan chicos (8 y 11 años) y exigen respuestas concretas sobre temas puntuales es de una enorme responsabilidad. El principio básico es tratar de ofrecerles herramientas, pero sin interferir específicamente en cómo tienen que pensar.

Y en esa tarea, muchas veces titánica, mejor que contar es mostrar. Entonces, cómo explicarle a un niño qué es la democracia cuando en los días posteriores a las elecciones PASO  las pantallas de televisión y las redes sociales se vuelven una polémica absoluta sobre resultados, decisiones y cuestionamientos de todo tipo.

Es justo en ese punto donde antes de contestar surgen los propios interrogantes. Es sobre esa base donde nos preguntamos si a los hijos se les da una definición de diccionario y listo, o si intentamos redondear una idea y quedamos a la intemperie de más preguntas cuyas respuestas ya no vamos a poder justificar.

¿Y si primero buscamos definir si somos capaces de reconciliarnos con las diferencias y defendemos a esta democracia que nos necesita más de acuerdo que en desacuerdo?

Porque, seamos realistas: vivimos en democracia hace 35 años -ya no somos ni adolescentes, ni tan jóvenes- pero, ¿somos realmente democráticos en nuestra vida cotidiana, en nuestra mirada sobre los otros y sobre nosotros mismos? ¿Podemos serlo cuando arrastramos tanta pasión futbolera que nos hace vivir eternamente entre River/Boca y las grietas políticas?

El lunes posterior a las PASO, los chats de WhatsApp explotaban con chistes y broncas de todo tipo. 

Si salir a votar es un acto de fe -fe que se materializa cuando se conocen los resultados-, podríamos decirle a los más chicos que la democracia es cuando la mayoría decide y el resto respeta esa decisión. Pero, ¿qué pasa cuando el resultado es adverso a nuestro deseo? ¿Podemos seguir sosteniendo ese principio? Porque en la búsqueda de una respuesta acabada también vas descubriendo que ésta es una variable flexible según dónde está parado quien la acuña.

Y algo de eso pasó la semana pasada, luego de las PASO y la sorprendente victoria de Alberto Fernández por una diferencia abrumadora sobre el presidente Mauricio Macri. El lunes, cuando comenzaban a tenerse los datos definitivos, y mientras los mercados se desplomaban y el dólar llegaba a $ 60, los chats de WhatsApp explotaban con chistes y broncas de todo tipo, y también con gente festejando un partido que aún no se jugó, aunque ya se tenga más o menos a un ganador.

"Quiero dejarles a mis hijos un país en el que no roben más", leí entre tantos mensajes. Casi infería que los otros deseaban un país en contrario... ¿No será que todos los que votamos de buena fe deseamos más o menos lo mismo?

¿Somos democráticos los argentinos? ¿Podemos serlo cuando arrastramos tanta pasión futbolera y grieta política?

Por qué no logramos, entonces, consolidar una cultura democrática fuerte y arraigada. Será que algún día podremos tirar del mismo lado, y entender que de la buena o de la mala decisión de la mayoría depende también el destino de todos.

Tenemos derecho a demandar de nuestros políticos todas las respuestas necesarias, aunque muy pocas veces las recibimos, pero tenemos también deberes como ciudadanos que pocas veces cumplimos.

Quizás, entonces, para contestarle a los más chicos, primero debamos repensarnos como sociedad los más grandes.