Columnistas

Los temores argentinos en el fondo de la grieta

Por  JORGE SOSA

El debate sobre la competitividad y las expectativas personales es cada vez más necesario y supera lo electoral. 
Los temores argentinos en el fondo de la grieta

22/08/2019 | 18:21

En un ejercicio imaginario de enviar una sonda al fondo de la grieta que divide a los argentinos, se podría descubrir que los motivos que empujan a profundizar esa división tienen poco que ver con identidades partidarias de coyuntura. Hay ciertamente cuestiones de fondo –valga la redundancia- que superan una campaña electoral y están relacionadas a la percepción sobre el Estado y nuestras capacidades o merecimientos individuales.

Un gran sociólogo argentino, como lo fue Manuel Mora y Araujo, identificó en su momento uno de los impactos económicos y sociales que perduraban entre los sectores medios y medios bajos tras la crisis de 2001. En 2012 e incluso antes, Mora y Araujo explicaba una de las razones de la tendencia en la opinión pública a favor del intervencionismo estatal.

El sociólogo analizaba las formas en que se materializa, según la escala social, la percepción sobre el rol del Estado. Para los sectores más pobres y vulnerables -decía-, está siempre latente la expectativa de que el Estado provea asistencia o "bienes apropiables individualmente".

Para las clases medias, en cambio, la preocupación estaba puesta en el avance de un mundo globalizado, visto como un escenario plagado de actores poderosos e insensibles a las necesidades de las personas comunes. Y el Estado aparecía como el escudo protector frente a esas amenazas. Entre ellas, la inestabilidad laboral, los precios de mercado de los bienes de consumo y los recursos naturales como los hidrocarburos.

¿Sigue vigente este análisis en medio del impacto de la revolución tecnológica y los cambios en el mercado laboral? En esta crisis económica local, la respuesta es que parece vigente, al menos para muchos sectores, y explica ciertos posicionamientos políticos.

La pregunta que sigue es con qué herramientas los argentinos se disponen a enfrentar este nuevo escenario, para adivinar si esas condiciones seguirán latentes. Más allá del debate sobre el rol del Estado, hay una palabra que en la Argentina siglo XXI sigue produciendo temblores: competitividad.

Si se habla de capacidad de competir, de asegurarse un empleo o un futuro, se puede empezar por mirar la educación. Según el informe del Centro de Estudios de la Educación Argentina de la Universidad de Belgrano, dirigido por Alieto Guadagni, la media estadística en el país muestra que a 2017 sólo el 41% de los chicos que comenzaron la escuela primaria en 2006 finalizaron el secundario. Y a nivel universitario los números tampoco son buenos: Argentina tuvo un aumento de la matrícula universitaria, pero llegan efectivamente a graduarse uno de cada tres ingresantes.

Por otro lado, un informe presentado recientemente por el profesor Carmelo Paviera, del IAE, mostró que 65% de los trabajadores argentinos se encuentran en ocupaciones con alto riesgo de automatización y que 8 de cada 10 personas creen será más difícil encontrar trabajo y la brecha de ingresos aumentará. Solo un 37% considera que la automatización hará más eficiente la economía. Los datos pertenecen al BID y Pew Research entre otras entidades.

En el último reporte del Foro Económico Mundial, Argentina cayó dos puestos en el ranking de competitividad.

¿En qué condiciones estarán en un futuro próximo los argentinos para asegurarse un trabajo y competir? Un desafío difícil de ganar solo con un indicador de coyuntura. Aún con crecimiento o consumo, las razones de la grieta podrían persistir.