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La frágil supervivencia de la empresas en el corto plazo

Por  JULIÁN DE DIEGO

La frágil supervivencia de la empresas en el corto plazo

30/03/2020 | 21:26

David Steindl Rast, monje benedictino que pregona la gratitud como fuente de la felicidad y la interacción entre la espiritualidad y la ciencia, dice que frente a una crisis o una encrucijada se deben seguir los siguientes pasos: 1) Stop, deténgase; 2) Look around (to explore a place), mire a su alrededor y analice las alternativas; 3) Go, avance con serenidad, inteligencia y una estrategia plausible.

Es este un buen momento para detener la vorágine de nuestra vida activa, analizar el congelamiento actual de la actividad, sabiendo que tenemos una tregua obligatoria a la que no podemos escapar.

Es un momento de crear las condiciones para que los daños sean los imprescindibles, para lo cual es imprescindible un esfuerzo común.

El Estado nacional provincial y municipal se deben unir a los sindicatos, las ONG, a los agentes sociales y a las empresas y sus entidades para poder arbitrar los recursos y los medios para llegar al fin de la pandemia bajo condiciones tales que permitan una paulatina y progresiva reconstrucción del grave daño a la salud pública y las personas, a la economía en general y a la sociedad, de donde surgirá un nuevo orden económico global, regional y nacional.

La catástrofe económica y financiera es inevitable, así lo afirman todos los analistas, frente a la parálisis que impone la cuarentena. Ya hay millones de despidos en los Estados Unidos que se refugian en el seguro de desempleo.

En España, solo en esta semana se confirmaron más de un millón de despidos por fuerza mayor, con números similares en Francia. En Italia también registra innumerables suspensiones y despidos. Todos esperan el salvataje del Estado con medidas de ayuda económica y financiera que van apareciendo en forma fragmentada. En nuestro país sabemos que se está operando en la mayoría de los casos con suspensiones, y que solo se dan despidos en las pequeñas empresas, que por su falta de recursos prácticamente no tienen reglas, y en muy pocos casos se pagan las indemnizaciones legales.

En la Argentina ya tenemos muchas empresas que no podrán siquiera pagar los salarios de marzo 2020, que por lo menos por veinte días devengaron la remuneración y por otros diez se impuso la cuarentena que ahora ha sido prorrogada. El crecimiento del desempleo por efecto de la pandemia es inevitable y para ello es conveniente tender los medios de protección adecuados para brindar a los desocupados una adecuada cobertura.

En cuanto a la supervivencia de las empresas tenemos dos tiempos claros para ayudar a dar un salto de un plazo mínimo de tres meses hasta que exista en el horizonte un margen para comenzar la reconstrucción con un mínimo de actividad económica genuina.

Un tiempo es ya mismo, en lo inmediato, que exige por ejemplo la condonación o la postergación de aportes y contribuciones de la seguridad social, el diferimiento de los impuestos ya devengados, y la postergación del vencimiento de anticipos de ganancias y de IVA. Los créditos con bajos intereses para pagar salarios, cargas sociales, planes de pagos, y otros no son una ayuda idónea porque crean una nueva deuda que se superpone con la devengada.

Además de las dificultades originadas en la paralización parcial o total de la actividad industrial y comercial, se espera una interrupción de la cadena de pagos, ya que en la mayoría de las etapas de la cadena, existen actores que ya están en cesación de pagos, o sin haber llegado a ese extremo, no cuentan con recursos para pagar a sus proveedores.

Recordemos que las empresas en general deberán asumir salarios cargas sociales e impuestos de los trabajadores que prestan servicios, y sumas no remunerativas (sin cargas sociales) a los que observan la cuarentena ya sea por imperio del artículo 223 bis de la Ley de Contrato de Trabajo con una suspensión subsidiada, o por imperio de las resoluciones del Ministerio de Trabajo que respaldan el pago no remunerativo para los que están en la cuarentena sin trabajar (resolución MT 219), y tienen que hacerse cargo de las mismas sin producción, sin facturación y sin recaudación o bajo la ruptura de la cadena de pagos.

A su vez, los trabajadores dependientes, los autónomos, los monotributistas, y los emprendedores necesitarán apoyo y beneficios para atenuar los efectos de la crisis, con congelamiento de alquileres, plazos de pago más largos que los pactados contractualmente, diferimiento de pago de impuestos, servicios tasas y contribuciones, prolongación de vencimientos de servicios, plazos para cancelar tarjetas de crédito, prohibición de concretar cortes de luz, gas, agua por falta de pago, y diferimiento de sus vencimientos, tasas de interés subsidiadas para pagos diferidos, y muchos más.

Aun aquellas empresas que están parcialmente activas por efecto de que producen bienes o servicios considerados esenciales, tendrán ingresos parciales en la medida que la cadena de pagos no se resienta, lo que ya está ocurriendo.

Si las distintas prolongaciones de la cuarentena, nos llevan a congelar la actividad desde este momento, y por un plazo equivalente a lo que se observa en otras experiencias comparadas, usar el túnel del tiempo y postergar vencimientos, impuestos, cargas sociales, cuotas de créditos, pagos de planes de facilidades, para después de que se venza la cuarentena, y en con un regreso gradual en orden al nivel de recuperación que puedan experimentar las empresas.

En pronósticos reservados circula la idea de que los efectos plenos de la cuarentena se extenderá desde el 20 de marzo pasado hasta junio, y que recién promediando ese mes comenzarán a recuperarse en forma lenta todas las empresas, instalaciones y actividades que hayan sobrevivido, aún cuando las mismas carezcan de capital de trabajo para el nuevo startup, lo que será sin dudas como un nuevo renacimiento.

Es una obligación del Estado brindar el apoyo, establecer las reglas de excepción, concretar los diferimientos y asegurar los servicios y prestaciones, por el lapso de la cuarentena y por el tiempo gradual de la vuelta a la normalidad, con el fin de lograr así que se produzcan los mínimos daños posibles.