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La ayuda a los privados debe estar en línea con lo que las empresas necesitan

Por  HERNÁN DE GOÑI

La ayuda a los privados debe estar en línea con lo que las empresas necesitan

30/03/2020 | 22:24

Cuando mañana se inicie la segunda etapa del aislamiento obligatorio dispuesto por el gobierno nacional, la economía real cruzara una delgada línea roja, esa que separa el contexto que caracteriza a una crisis (como las que conoce la Argentina desde hace décadas) con el que define un estado de emergencia. Alberto Fernández lo tiene claro y por eso aprovecho el cese de personal que dispuso la constructora del grupo Techint para lanzar un escarmiento para su jefe, el empresario Paolo Rocca.

La cuarentena es la forma más efectiva de evitar la propagación del contagio. Pero a la vez genera una previsible parálisis productiva que solo puede ser resuelta con una participación extraordinaria del Estado. Eso es lo que ha hecho el mundo, más allá de cualquier discusión ideológica preexistente sobre cómo debe funcionar la economía. En este caso no se trata de liberalismo o estatismo: los bancos centrales y los Tesoros están para esto. Y por eso Desde EE.UU, a la Argentina, todos los países están viendo de qué manera se puede destinar recursos a los sectores que no pueden trabajar por la exigencia misma de la cuarentena. Los que tienen más holgura destinarán dinero, los más apretados prometerán financiamiento.

Lo que no debería suceder es que por dar esa ayuda los gobiernos sientan que tienen el derecho de pedirle al sector privado que operen con una lógica distinta.

Los empresarios están haciendo un esfuerzo visible por no dejar que sus empresas caigan en el abismo de la parálisis. Muchos ven un buen manejo de la crisis sanitaria, pero ven con preocupación medidas como la reapertura del clearing, que liberó miles de cheques que no iban a poder ser cubiertos y que en el mejor de los casos agotaron el cupo de descubierto que les quedaba a las empresas que los emitieron. La rueda se movió un metro y se volvió a trabar.

A otros les preocupó que el Gobierno los castigara con adjetivos excesivos (dolió el "miserables" que usó Alberto el fin de semana. Y que los pusiera adrede en el banquillo. Trabajo dictó el lunes la conciliación obligatoria entre Techint y la Uocra. Lo podría haber hecho el mismo viernes. Pero en los días posteriores al anuncio de la constructora, la noticia solo fue creciendo de la mano de las críticas presidenciales.

Siete de cada diez comercios está paralizado, así como 80% de la industrias. Ni hablar la construcción, que tiene régimen laboral propio porque está más acostumbrada a los parates. Los privados y el Gobierno tienen que tener canales abiertos para que estas situaciones no terminen mal. Los funcionarios tienen que escuchar y entender bajo qué circunstancias una decisión oficial sirve y cuándo no sirve. Las dos partes tienen que estar comprometidas en a solución. Las empresas no pueden imprimir billetes para pagar sueldos. No todo se reduce a la buena voluntad.