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Financiamiento productivo vs. especulación financiera

Por LEONARDO RIAL

Empresario, socio de Body Health

Financiamiento productivo vs. especulación financiera
LEONARDO RIAL
21/01/2020 | 21:22

El rol de cualquier sistema financiero es canalizar el ahorro hacia el desarrollo de un país. Mediante el otorgamiento de créditos al consumo, para que la demanda traccione la oferta, y con financiamiento a empresas, para que con inversión esas compañías puedan satisfacer estas necesidades. Pero el mercado financiero en la Argentina no es perfecto, lo que obliga al Estado nacional a tener que intervenir para subsanar esas deficiencias y así lograr una democratización del crédito.

En los últimos cuatro años, durante la gestión de Mauricio Macri, no sólo el Estado estuvo ausente, sino que las altísimas tasas de interés avaladas por el Banco Central (BCRA) generaron un escenario devastador para las empresas, especialmente para las pymes, muchas de las cuales quedaron ahogadas financieramente y tuvieron que bajar las persianas.

Crecieron las exigencias impuestas por las entidades financieras, pero también el costo del dinero hizo inviable hasta la propia supervivencia de las fábricas. Ya no pedían tasas subsidiadas para inversión, sino que buscaban financiamiento accesible para capital de trabajo; en otras palabras, para pagar sueldos. Revertir este escenario es uno de los principales desafíos del nuevo gobierno.

Las imperfecciones de manual para que el crédito no llegue a las empresas tienen su razón en tres barreras históricas: la "selección adversa", donde las instituciones financieras maximizan los resultados minimizando costos de análisis de riesgo y concentrando sus esfuerzos en los proyectos de mayor tamaño; la "información asimétrica", que actúa como freno para el acceso al crédito, ya que los empresarios pymes manejan una información que no pueden trasmitir a los bancos para que comprendan cabalmente el proyecto que necesitan financiar; y los "colaterales insuficientes", es decir, la falta de garantías para que las entidades tengan un reaseguro por si falla el repago. Fundamentalmente por estos motivos, las pequeñas y medianas empresas son discriminadas, y hasta excluidas, por el sistema financiero local.

El deber del Estado fue abandonado a la voluntad del mercado en muchas oportunidades. Sucedió durante los gobiernos dictatoriales, pero también en democracia. Durante la década del ´90, por ejemplo, el Estado no sólo no cumplió sus funciones de amortiguador de los efectos no deseados del mercado, sino que fue el principal tomador de crédito.

¿Cómo impactó esta realidad en el sector privado? Las grandes empresas pudieron recurrir a financiamiento del mercado de capitales o directamente del exterior, pero lamentablemente las pymes están excluidas de estas fuentes de crédito y dependen, casi únicamente, de su flujo de caja para crecer. Es por eso que poco prosperan los proyectos de inversión de este segmento de compañías, salvo que desde el Estado se impulse su desarrollo y se decida subsidiar el financiamiento, desde la banca pública pero también desde las entidades privadas.

Eso fue lo que ocurrió luego de la crisis de 2001, cuando desapareció el crédito por falta de liquidez pero también porque las empresas no encontraban incentivos para endeudarse. Con el gobierno de Néstor Kirchner, en 2003, comenzó a recomponerse la liquidez bancaria y el sector privado, ante el crecimiento de la demanda, empezó a detectar oportunidades para invertir.

El Estado pasó de tener una posición tomadora de deuda a ser un actor activo en el otorgamiento de financiamiento. Los bancos Nación y Provincia tuvieron un protagonismo singular en la recuperación de la actividad productiva.

Se mejoraron las condiciones de acceso al crédito mediante subsidios de tasa, a nivel provincial y nacional, y se lo potenció mediante normas relativas al funcionamiento del Sistema de Garantías, que hicieron que los bancos no tengan que efectuar análisis de riesgo y que, de esa forma, puedan acceder a fondeo empresas más pequeñas.

También hubo un desarrollo del mercado de capitales para las pymes. Todas estas medidas hicieron por ejemplo que entre 2003 y mediados de 2011, el financiamiento productivo pase de representar el 4,79% del PBI al 7,90%. En ese periodo tuvimos casi 200.000 empresas nuevas en diversos sectores.

Hoy la producción se encuentra al tope de las prioridades del gobierno de Alberto Fernandez y, con ella, el financiamiento. La baja de tasas gradual que comenzó a instrumentar el BCRA es el primer paso de una estrategia de impulso del crédito al consumo y la inversión necesaria para que la Argentina vuelva a crecer y se desarrolle.

Reconstruir el sistema financiero y generar políticas activas para volcar el crédito al sector productivo; articular las políticas del Ministerio de Desarrollo Productivo con las herramientas del sistema financiero y las provincias; la instrumentación de una banca especializada en el desarrollo que genere un traje a medidas de las necesidades de los distintos sectores y regiones del país; recuperar el mercado de capitales y profundizar los instrumentar dirigidos a empresas; reformular el Sistema de Garantías para asegurar el acceso al crédito de todas las pymes del país; y desburocratizar el sistema bancario deberían ser las acciones a seguir en el futuro para perseguir el objetivo buscado.

Está empíricamente comprobado que las políticas activas por parte del Estado dan resultado y generan un efecto multiplicador tanto sobre el crédito, la inversión y el consumo en la Argentina.