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El dilema de Alberto es ser candidato pero tener que hablar como ganador

Por  HERNÁN DE GOÑI

El dilema de Alberto es ser candidato pero tener que hablar como ganador

22/08/2019 | 22:45

Después de que Marcos Galperín tomara la decisión de visitar a Alberto Fernández para conocer de primera mano qué planes tiene para la economía el candidato presidencial del Frente de Todos, hubo más hombres de negocios que se animaron a cruzar la puerta del búnker ubicado en San Telmo. Es que la feroz caída que tuvieron los activos argentinos en los tres días siguientes a las PASO encendió señales de alerta en las casas matrices de todas las grandes empresas instaladas en la Argentina. Más allá de la sopresa generalizada por el resultado, lo que surgió fue la necesidad de entender un poco más el pensamiento del hombre que hundió los sueños reeleccionistas de Mauricio Macri. Así fue como el mundo corporativo empezó a enviar mensajes al "albertismo", con la expectativa de ser atendidos y de ver qué tipo de respuestas daban a sus interlocutores.

Un CEO que logró cruzar esa puerta quedó sorprendido por un hecho: "hablamos más nosotros que ellos. La verdad es que nos preguntaron mucho, busca saber cómo están hoy los diferentes sectores". Para el ejecutivo, el temor inicial pasaba por encontrarse con un discurso dogmático, defensor del intervencionismo del Estado. Pero eso no sucedió, ni con Alberto Fernández ni con otros interlocutores de su espacio.

Sin embargo, los representantes de otros sectores no tuvieron la misma suerte. Que Felipe Solá, ex gobernador bonaerense y ex secretario de Agricultura de Carlos Menem, avalara la reinstauración de prácticas que ejecutaba la Junta Nacional de Granos, preocupó a la dirigencia del campo, que otra vez teme ser el pato de la boda en un gobierno kirchnerista. Tampoco resultó tranquilizante una afirmación del candidato presidencial, quien remarcó que es necesario apoyar a los exportadores, pero también señaló que el próximo gobierno tendrá que enfrentar un déficit fiscal de seis o siete puntos del PBI, dando a entender que la transitoriedad de las retenciones pende de un hilo.

Lo que denota esta situación es el poco margen que tiene Fernández para dar una versión más precisa de su programa, porque no puede prometer algo que no haría en diciembre. Quedan nueve semanas de campaña electoral, y el objetivo del espacio opositor es conservar la mayor cantidad posible de los votos que recibió en las PASO. Y para eso tiene que cuidar lo que dice, ya sea porque causa un efecto secundario perjudicial para su posterior gestión, o para no enfrentarse con un sector masivo como el agro, cuando todavía hay que ganar la elección de verdad. Alberto prefiere no blanquear interlocutores para que su palabra no lo comprometa (como pasó con Sola). Es un problema que tendrá que remar en soledad.