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El debate de la región: cuánto Estado hace falta para equilibrar la cancha

Por  HERNÁN DE GOÑI

El debate de la región: cuánto Estado hace falta para equilibrar la cancha

22/10/2019 | 23:13

Es extremadamente complejo para la Argentina, encaminarse a una elección presidencial con una región en estado de plena convulsión política. Sobre todo porque la sociedad mira a sus vecinos, y se pregunta hasta dónde cada país y cada proyecto político puede tener algún grado de influencia en el voto local.

El foco más directo ya no es Venezuela, una nación cuya realidad es distante y de la que nos llega más información por las vivencias de sus emigrantes, que por el día a día que administra Nicolás Maduro. La escasez, la inflación, el desabastecimiento, son registros reiterados que terminaron siendo absorbidos como un condimento más de la política.

Toda la artillería diplomática que el gobierno de Mauricio Macri cargó contra el régimen venezolano parece algo lejano al lado del dramático estallido social en el que quedó envuelto Chile, el país con mejor desempeño económico de la región y con desigualdades no resueltas por su modelo.

Del otro lado aparece Bolivia, en donde la pretensión de Evo Morales de perpetuarse en un cuarto mandato quedó sospechada de fraude por la extraña suspensión del escrutinio en la noche de la elección. Y si faltaba algo más, Brasil acaba de entrar en escena, gracias a la reciente aprobación en ley de la reforma jubilatoria.

Las realidades de Venezuela, Chile, Bolivia y Brasil, interpelan de distinta manera a los candidatos argentinos

Venezuela, Bolivia, Chile y Brasil componen proyectos políticos diferentes. El ala más kirchnerista del Frente de Todos está más atenta al vaivén de los primeros, por la cercanía que tuvieron con Cristina Kirchner durante su gestión más que por la pretensión de usarlos de espejo.

Mauricio Macri mira preocupado como se descompone la propuesta de centroderecha de Sebastián Piñera, y teme algún contagio más discursivo que real. Bolsonaro, en cambio, actuó hasta ahora como estímulo para los cambios que no logró hacer en sus cuatro años de mandato: primero con la reforma laboral y ahora con la previsional. Sin embargo, Brasil no es hasta el momento un caso de éxito que le pueda servir para exponer o imitar. El presidente argentino probó esas recetas y se volcó por otras fórmulas.

El problema a nivel local es que Chile ha sido un buen alumno en varias asignaturas (crece a un ritmo razonable con inflación de 3% anual), pero arrastra diferencias hacia adentro de su sociedad que ninguno de los dos ciclos políticos ha logrado resolver: ni la Concertación, ni el socialismo de Michelle Bachelet ni Piñera.

Pero es a este empresario, que fue votado para elevar la prosperidad de Chile, a quien más duramente ha interpelado la población para que resuelva el problema. Al igual que le pasó a Macri, deberá adoptar en el corto plazo una medicina en la que no cree, ante la evidencia de que el mercado no lo resuelve todo. Lo que queda como una incógnita es si esta mayor intervención estatal alcanzará como respuesta al cambio, o si como puede suceder en la Argentina, moviliza decisiones más profundas.