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Denle un respiro a Argentina

Por PATRICK BOLTON
No es ningún secreto que Argentina tiene un problema de sostenibilidad de la deuda, por lo que su gobierno se ha esforzado en alcanzar una solución. Sin embargo, en lugar de reconocer que el Covid-19 ha complicado las cosas, los acreedores continúan obstaculizando el camino.
Denle un respiro a Argentina
PATRICK BOLTON
06/06/2020 | 18:00

No es ningún secreto que Argentina tiene un problema de sostenibilidad de la deuda , por lo que su gobierno ha puesto tanto esfuerzo en trabajar con el Fondo Monetario Internacional  para alcanzar una solución. Sin embargo, en lugar de reconocer que el Covid-19  ha complicado las cosas, los acreedores del sector privado de Argentina continúan obstaculizando el camino.

El mes pasado, Argentina entró en default  técnico respecto de su deuda, al transcurrir un período de gracia de 30 días para los últimos pagos de intereses. No es preciso decir que los defaults soberanos pueden acarrear enormes costos económicos y sociales. Si Argentina se va a salvar de la peor parte de ellos ahora depende casi del todo de las negociaciones que aún están en curso entre el gobierno del país y sus acreedores del sector privado.

No todos los países estaban igualmente preparados para enfrentar la crisis del coronavirus . Argentina, por su parte, tenía un importante problema de sostenibilidad de la deuda mucho antes de que llegara la pandemia. Incluso el Fondo Monetario Internacional ha dicho eso, cuando afirmó en febrero que "el superávit primario que se necesitaría para reducir la deuda pública y las necesidades brutas de financiamiento a niveles consistentes con un riesgo de reinversión manejable y un crecimiento potencial satisfactorio no es económica ni políticamente factible".

Esa declaración fue emitida antes de que el Covid-19 se convirtiera en una pandemia y desencadenara una recesión global. Las condiciones desde entonces han exacerbado los problemas de larga data de Argentina, más que nada porque se ha vuelto cada vez más claro que la recesión será más profunda y la recuperación más prolongada de lo que inicialmente se esperaba.

Para empeorar las cosas, a lo largo de las negociaciones de reestructuración de la deuda , que Argentina inició para llevar su deuda a un nivel más sostenible, los acreedores se plantaron y actuaron como si no hubiera una pandemia. El default de Argentina es el resultado predecible de ese obstruccionismo.

Ya sea que los acreedores del sector privado del país estén implementando una táctica de negociación o simplemente estén siendo cabezas duras, a uno le queda esperar que pronto vuelvan en sí. Un incumplimiento total no beneficia a nadie. La suposición de que Argentina podría pagar más si se la presiona no es razonable (por decirlo de manera caritativa), especialmente en el contexto de una recesión global amenazante.

Los ingresos de exportación y el PBI de Argentina han disminuido drásticamente como resultado de la pandemia. Sin embargo, en lugar de reconocer esta dura realidad económica, que se suma a las restricciones impuestas por el FMI que Argentina ya enfrenta, los acreedores del país han tomado el camino más corto. En lugar de buscar soluciones, han lanzado una campaña de menosprecio, llamando innecesariamente la atención sobre el hecho de que este sería el noveno default de Argentina, como si las condiciones de hoy fueran algo así como las del pasado. La crisis del COVID-19, argumentan, es solo otra excusa conveniente para que Argentina no pague, insinuando que el gobierno de Argentina no estaba negociando de buena fe.

Pero Argentina basó su oferta de reestructuración en el propio análisis de sostenibilidad de la deuda del FMI, y esencialmente acordó mantener sus obligaciones de pago en los niveles más altos que aún podrían considerarse posibles. El objetivo era hacer que la deuda fuera más sostenible, a fin de reducir el riesgo de reinversión y default de los bonos reestructurados, reduciendo así la prima de la tasa de interés que los inversores deberían exigir como compensación por el riesgo.

Según la última propuesta, los pagos de Argentina se reprogramarían para permitirle superar la crisis del Covid-19. Al retrasar los pagos, su economía tendría una mejor oportunidad de recuperación, lo que aumentaría la probabilidad de que la deuda se pague.

Sin embargo, aparentemente, esa estrategia no fue lo suficientemente buena para los acreedores del sector privado de Argentina. Algunos de los principales tenedores de bonos, particularmente BlackRock, el administrador de activos más grande del mundo, se han negado a aceptar tal alivio de la deuda, que consideran demasiado generoso. Pero al evaluar el costo del alivio que se solicita, los acreedores de Argentina están utilizando una tasa de descuento del 10%, que es simplemente demasiado alta en el contexto actual.

Después de todo, las tasas de interés han disminuido drásticamente en todo el mundo, debido en parte a los enormes esfuerzos de ayuda económica en los Estados Unidos, Europa y China, donde los bancos centrales están expandiendo sus balances a gran escala. Algunas economías avanzadas incluso toman préstamos a tasas de interés negativas; y las tasas de interés de los mercados emergentes han disminuido a alrededor del 5% para la deuda con calificación BBB y al 8% para la deuda con calificación B.

Con una tasa de descuento más baja, más cercana al 5%, la contrapropuesta de los acreedores parece atrozmente tajante y mucho más allá de lo sostenible. De hecho, solo permite una reducción insignificante del valor actual descontado de la deuda de Argentina. Pero la propia oferta de Argentina, que utiliza una tasa de descuento del 5% al límite de lo que es sostenible, en realidad se traduce en un nivel de alivio que los propios acreedores han dicho que considerarían.

Se debe aceptar la oferta de Argentina. Este no es un momento para pellizcar un centavo, y los costos de reputación de causar dificultades económicas innecesarias no valen las pequeñas concesiones que aún podrían exprimirse del país.