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Cambios en la política monetaria: ¿otro 28D?

Por GUIDO LORENZO

Economista UBA. Director LCG Consultora

Cambios en la política monetaria: ¿otro 28D?
GUIDO LORENZO
20/09/2019 | 06:00

El Banco Central decidió romper con su propia regla de emisión cero para septiembre y octubre y elevó la tasa de crecimiento a un 2,5%. Se podría pensar que se abandonó por completo el programa y con ello se reaviva la posibilidad de que aparezca en escena una economía con una inflación (muy) alta.

Aquel 28 de diciembre el BCRA perdió la credibilidad que nunca había ganado y las metas irrealistas chocaron con la realidad. Si bien el BCRA de Federico Sturzenegger no tenía credibilidad, sí había una intención explícita de tener un sesgo contractivo en su política monetaria. Ese día decidió ceder ante la presión del Ejecutivo y bajar las tasas de interés. Fue eso lo que el mercado no le perdonó. Todo el esquema de desinflación basado en el atraso que generó el inflation targeting se había perdido.

Actualmente la situación es más delicada. Se parte de una economía que tiene registros de inflación por encima del 50% interanual. En este contexto se anuncia que se relaja la política monetaria y eso puede conllevar un riesgo alto. La aclaración que la tasa de interés tiene un piso del 78% intenta demostrar que no hay un abandono al sesgo contractivo de la política monetaria.

En el fatídico 28D se perdió más que la credibilidad: se esfumó el rumbo de la política monetaria. Actualmente se ve el esfuerzo del BCRA, por ahora, de combatir la suba de precios.

Hay que ver si esa señal es suficiente para anclar expectativas y no convalidar escenarios de alta inflación. Creemos que el riesgo de hiperinflación es bajo, actualmente la variación de precios responde a las del tipo de cambio y mientras esta última variable esté en calma no vemos un riesgo alto.

Sin embargo, la clave del apoyo del programa del FMI será clave. Hasta el momento el sector público está en superávit, pero los próximos meses deberá financiar un déficit en torno a los $ 200.000 millones y, sin el apoyo presupuestario del organismo internacional, deberá monetizarse.

De ahí la verdadera relevancia del desembolso del FMI de los u$s  5400 millones. No es tanto el efecto cambiario de los dólares que ingresarían sino cómo financiará el Tesoro el déficit que está por venir y si eso obliga a Guido Sandleris a tirar la toalla. Más aún cuando el Tesoro no tiene caja, demostrado en la colocación de letras a la Anses de esta semana.

Las políticas de ingresos implementadas deberán ser pagadas y el sesgo contractivo de la política monetaria, que aún no tuerce a monetizar el déficit, sirve como ancla. Pero será puesto a prueba en los próximos meses cuando deba enfrentar un gasto superior a sus ingresos.

El no arribo de los fondos frescos podría ser interpretado como que el FMI le suelta la mano al Gobierno, algo que desencadenaría en un tipo de cambio (oficial y paralelo) más alto y eso podría hacernos pasar al borde de una inflación (más) elevada aún.