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Oppenheimer: "Los gremios están luchando contra los molinos de viento"

Por  DEBORAH DE URIETA

El periodista Andrés Oppenheimer acaba de publicar ¡Sálvese quien pueda! En un mano a mano con 3Días, cuenta cómo comenzó a escribir su nuevo libro, tras toparse con una investigación que auguraba que el 47% de los trabajos quedarían en manos de la tecnología.
Oppenheimer: "Los gremios están luchando contra los molinos de viento"

24/08/2018 | 00:00
El periodista Andrés Oppenheimer acaba de publicar su último libro, ¡Sálvese quien pueda!, en donde aborda el futuro del trabajo en la era de la automatización. El disparador del texto, relata, fue una cifra que escuchó en el año 2013, que alertaba que, para 2028, hasta el 47% de los empleos serían reemplazados por robots o computadoras inteligentes. La cifra se desprendía de un estudio de la Universidad de Oxford, motivo por el que se acercó a la institución, entrevistó a los dos economistas autores del informe, y se embarcó en la escritura del libro. Para ello hizo investigaciones en tres continentes y, a lo largo de las más de 350 páginas, esboza una explicación sobre "qué puede hacer cada uno de nosotros ante el terremoto que se avecina". Y hace una lista sobre los empleos que sí tendrán futuro.

 

En una entrevista concedida a 3Días, el columnista de The Miami Herald habla sobre los posibles efectos de la Revolución Tecnológica -que distarían de los de otras revoluciones, que generaron más y nuevos empleos-, el papel que ocupará el trabajo en el futuro y sobre el desempeño de los gremios argentinos. ¿Por qué leer su libro? "Porque el que no se prepare para el tsunami de desempleo tecnológico que se viene en los próximos cinco o 10 años, se va a quedar afuera. Así de simple", dice.

 

¿Qué panorama te dieron los futurólogos que consultaste para el libro?

-Al principio del libro había un ambiente general de optimismo. Todos los grandes futurólogos me decían que la tecnología siempre creó más empleos de los que eliminó. Y te citaban el ejemplo de la Revolución Industrial, cuando los trabajadores textiles se rebelaron contra las primeras máquinas tejedoras automáticas, y las quemaron. La famosa rebelión de los luditas, y, ¿qué pasó? Lo contrario de lo que los pesimistas pensaban. Las máquinas automáticas empezaron a producir más ropa, se redujo el precio de la ropa, eso le dejó a la gente más ingreso disponible para comprar más ropa y eso hizo crecer el número de trabajadores textiles.

 

Y esta nueva revolución, ¿podría tener un efecto contrario?

-Hasta ahora, la tecnología siempre creó más empleo de los que eliminó pero, cuando terminé el libro, me encontré con un panorama diferente. Muchos de los mismos futurólogos que hace cinco años me decían que eran optimistas, que la tecnología iba a crear más empleos de los que iba a suprimir, ahora están diciendo: "Wow", están teniendo serias dudas, porque la aceleración tecnológica es tan rápida que no vamos a tener tiempo de crear suficientes trabajos para reemplazar a los que van a ser eliminados. Yo soy optimista a la larga, creo que en 20 ó 30 años, el aumento de la productividad por los avances tecnológicos va a crear un bienestar mayor, y vamos a poder usar parte de esos ingresos para subvencionar a quienes no trabajen pero, a la corta, va a ser muy traumático.

 

Hoy se dice que el trabajo dignifica o que es lo que le da sentido a la vida. Es cierto que no siempre fue así, pero, ¿qué lugar imaginás que tendrá el trabajo a futuro?

-Le hice esa pregunta a Nick Bostrom, un futurólogo sueco, que enseña en Oxford, y me pintaba que íbamos a un mundo de desempleados. Y yo le dije, cuando empezaba la investigación: "Pero eso es terrible, qué vamos a hacer". Y él me dice: "No, va a ser fantástico, un mundo de desempleados. No veo la hora". Y yo le decía que nosotros adquirimos nuestro sentido de propósito en la vida de nuestro trabajo, y me decía lo que me estás diciendo: "Eso no siempre fue así"; eso fue a partir de la Revolución Industrial. En la Edad Media, y antes, los aristócratas, que era el status social más elevado, se dedicaban a la poesía, a tocar el arpa, al arte de la conversación, etcétera, y los que trabajaban eran los plebeyos, que nadie quería ser. Entonces, él me dice que es una cuestión puramente cultural, que se puede cambiar relativamente fácil, y que el concepto de trabajo va a cambiar en los próximos años. Al final del libro, digo que hay varias propuestas dando vueltas para lidiar con ese problema.

 

¿Por ejemplo?

-Una de ellas es un ingreso básico universal, otra es la de Bill Gates, que propone un impuesto a los robots: así como nosotros pagamos impuestos, paguen impuestos los robots. Hay muchas. Yo me inclino por un ingreso básico universal condicionado al trabajo social.

 

¿Y cómo sería?

-Que los desplazados por la tecnología reciban un ingreso básico pero condicionado a que hagan algo positivo para la sociedad. Si sabés matemáticas, que le enseñes a un chico; si sos bueno para cuidar ancianos, que saques a pasear a un anciano. Y, al mismo tiempo, revalorizar las labores solidarias y benéficas. Porque todo es una cuestión cultural. Hoy, admiramos a Bill Gates, ¿por qué? Porque sale en las portadas de las revistas, porque nacimos en una cultura que admira al tipo exitoso, pero eso se puede modificar muy fácil y él sería uno de los primeros en estar de acuerdo con crear una cultura de glorificación de las personas que hacen el bien.

 

A futuro, los trabajos que queden, ¿requerirán mayor formación académica?

-Efectivamente. En el capítulo sobre la educación, entrevisté a algunos de los educadores más importantes del mundo, incluyendo al presidente de MIT, Rafael Reif. Y él me decía que la universidad va a ser como una suscripción de una revista: te vas a suscribir, vas a estudiar cuatro o cinco años, te van a dar el papelito, pero no te lo vas a llevar a tu casa como ahora, vas a volver a los cinco años, vas a volver a los 10 o a los 15, va a ser una suscripción de por vida, porque lo que aprendés en la universidad hoy, al momento que te recibís, ya está superado totalmente por un algoritmo. Entonces, vas a tener que volver y, además, vas a tener que reinventarte, probablemente, para hacer otra cosa, muy poca gente va a trabajar toda su vida en el mismo rubro o en la misma cosa.

 

Y a los gremios, ¿cómo los ves hoy y qué rol creés que tendrán a futuro?

-Hoy, acá en la Argentina, los gremios están luchando contra los molinos de viento. Su postura es insostenible. Te doy un ejemplo, que alcancé a poner al final del libro. Hace tres meses, en Las Vegas, el sindicato culinario amenazó con ir a la huelga, pidiendo aumento de sueldo, pero también por el creciente uso de robots en los hoteles de los casinos. Ya hay robotcitos que te llevan el desayuno a la habitación, es un Arturito que tiene una bandeja. También tienen bares donde los barman son dos brazos robóticos que te hacen el cocktail mucho mejor que un barman, porque es exacto con las medidas, la densidad, etc. Pero lo interesante del caso es que el sindicato -entrevisté a la lideresa sindical-, y le pregunto: "¿Ustedes están exigiendo que se prohíban los robots en los hoteles?". Y ella me dijo: "No, porque sabemos que eso es imposible. Lo que estamos exigiendo es que las empresas les paguen el reentrenamiento a cada trabajador que pierda su trabajo por culpa de los robots". Y lo lograron. Entonces, acá están todavía luchando contra los robots. Eso es insostenible. Aguantarán seis meses, un año. Pero, están condenados al olvido. Es como si los carteros se fueran a la huelga exigiéndonos que dejemos de usar e-mail. A la larga, es insostenible.

Periodista

Nacido en la Argentina, Andrés Oppenheimer tiene una amplia trayectoria como periodista. Trabajó en The Associated Press y escribió para The New York Times, The Washington Post, The New Republic, CBS News y El País, de España.

 

Actualmente, es columnista de The Miami Herald y conductor del programa Oppenheimer Presenta en Foro TV y CNN en Español.

Fue ganador del Premio Pulitzer de 1987 junto con el equipo de The Miami Herald que descubrió el escándalo Irán-Contras; recibió los premios Ortega y Gasset del periódico El País, así como también el Premio Rey de España, otorgado por la agencia EFE y el Maria Moors Cabot, entre otros.