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Unión Europea y Mercosur, dos bloques alicaídos que buscan reinventarse

Como respuesta al giro proteccionista de EE.UU., la UE y el Mercosur retomaron la búsqueda de un acuerdo interbloque. Pero la reticencia europea al ingreso de productos agrícolas sudamericanos y la oposición del bloque regional a discutir patentes y abrir los mercados de compras públicas a sus compañías frenan las negociaciones.

Unión Europea y Mercosur, dos bloques alicaídos que buscan reinventarse

La semana pasada, representantes de la Unión Europea (UE) y el Mercosur se reunieron en Buenos Aires para avanzar en un acuerdo comercial interbloque que lleva más de una década de estancamiento. Pese a la vuelta del proceso de apertura económica que viven hoy la Argentina y Brasil, principales socios del Mercosur, el planteo parece a destiempo, en un contexto internacional que enfila hacia el proteccionismo.

El giro en la política norteamericana tras el triunfo de Donald Trump, y la "ola antisistema" que conspira contra el proceso integrativo de la UE están poniendo en crisis los postulados centrales de la globalización. El abandono de los EE.UU. del Tratado Trans Pacífico, la salida del Reino Unido de la UE tras el Brexit, el avance del proyecto "Europa a dos velocidades" y el crecimiento de expresiones políticas anti-inmigrantes y opuestas a la integración, así parecen indicarlo.

El relanzamiento de las relaciones Mercosur-UE es una reacción a las políticas de cierre de fronteras. No obstante, las posiciones de ambos bloques son difíciles de conciliar. Por un lado los productores europeos temen verse invadidos por bienes agrícolas sudamericanos, mientras que los industriales del Mercosur ven con resquemor la posible avalancha de productos industriales y las pretensiones europeas de que sus empresas tengan libre acceso a las licitaciones públicas.

Sin embargo, la Argentina tiene ahora la presidencia pro témpore del Mercosur y la administración Macri quiere darle un fuerte impulso a estas negociaciones, aprovechando la suspensión de Venezuela, país que había realizado las mayores objeciones a este acuerdo.

En este contexto, una delegación de 50 funcionarios europeos liderada por la checa Edita Hrdá, directora general para las Américas del servicio exterior europeo, y la italiana Sandra Gallina, directora de Comercio y Desarrollo Sustentable, se reunieron entre el 20 y el 25 de marzo en el palacio porteño de San Martín con la canciller Susana Malcorra y su equipo, más un grupo de empresarios y referentes de la sociedad civil.

Según un comunicado de Cancillería, el resultado de las discusiones sobre comercio de bienes y servicios, compras públicas, aduanas, propiedad intelectual, denominaciones de origen, medidas sanitarias y fitosanitarias, libre competencia, solución de diferencias y desarrollo sostenible "fueron positivas y la expectativa es cerrar la negociación principal del acuerdo en un futuro próximo".

La próxima ronda de negociaciones será en Bruselas en julio, precedida por un encuentro comercial en Buenos Aires, a fines de mayo. Sin embargo, pocos analistas creen que se podrá firmar un acuerdo final este año, "en vista de los procesos políticos europeos que están sin definir: además de las elecciones en Holanda, las de Francia y Alemania, más la salida formal del Brexit", apunta Marcelo Elizondo, ex director de la Fundación Exportar y titular de la consultora DNI.

Obstáculos y oportunidades

Para Marcela Cristini, economista senior de FIEL especializada en Comercio Exterior, "aunque el Mercosur y la Unión Europea siguen enfrentando obstáculos importantes en la negociación, hay un nuevo impulso para la concreción del acuerdo, especialmente por parte de la Argentina, lo cual es una novedad respecto de su política de la última década que ignoraba las oportunidades comerciales". A su vez, la UE ha estado muy activa impulsando acuerdos bilaterales (Corea, Canadá y Japón).

La especialista destaca que "el patrón de exportaciones del Mercosur coincide en más de un 50% con la demanda de importaciones de la UE y simétricamente, la oferta exportadora europea coincide en un 75 con la demanda sudamericana. Y esta complementariedad no se vió afectada ni por la crisis subprime (2008-2009) ni por la ampliación de la UE de 15 a 28 miembros (27, con la salida del Reino Unido). Si bien a lo largo del siglo XXI la balanza comercial fue superavitaria para el Mercosur (salvo durante la crisis subprime), desde 2013 se registra un saldo positivo que Cristini atribuye "más a las condiciones del comercio internacional que a alteraciones en la relación interbloques". En el mismo sentido, Marcelo Elizondo destaca que "la Argentina, al igual que sus socios del Mercosur, tiene grandes posibilidades de incrementar sus exportaciones de agroalimentos y servicios basados en el conocimiento. "Son dos ítems sensibles para el mercado europeo, pero son rubros en los que el país es altamente competitivo. Dos tercios de las exportaciones argentinas el año pasado tuvieron que ver con bienes agroindustriales, que no son necesariamente productos primarios ya que incorporan ingeniería genética, agricultura de precisión, y software aplicado al proceso productivo, muchas veces en mayor medida que las manufacturas tradicionales", desmitifica.

La historia de las negociaciones interbloque se remonta a 20 años atrás. Ya en 1995 la UE y el Mercosur habían firmado un Acuerdo Marco Interregional de Cooperación que entró en vigencia en 1999 y, un año después, se intentó elaborar un Tratado de Libre Comercio. Pero a comienzos de este siglo las negociaciones se estancaron. Un dato a no pasar por alto son las diferencias de tamaño y estructura productiva entre los países de ambos bloques. De acuerdo al BID, las importaciones de la UE del Mercosur se ubican en torno al 2,5% de sus importaciones totales, las del Mercosur de la UE representan el 20%.

Europa y la crisis de los 60

El 25 de marzo se cumplieron 60 años del tratado que dió origen a la Comunidad Económica Europea (CEE) y a la Comunidad Atómica Europea (Euratom), firmado en Roma en 1957. Los países firmantes fueron Francia, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo Italia y República Federal de Alemania, que lo ratificaron en sus congresos para que entre en vigencia en 1958. Dos temas centrales alumbraron su nacimiento. La necesidad de asociarse de Francia y Alemania que, en menos de 100 años, se habían enfrentado en tres guerras (1870, 1914 y 1939). La otra, no menos importante, el avance de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas sobre el continente. Como antecedentes de estos acuerdos, se había creado en 1952, a instancias de galos y teutones, la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, que subsistió hasta 2002. A partir de ese momento, el proceso de integración tuvo, con sus vaivenes, una evolución creciente, pasando de seis a 28 países miembros (hoy 27), hasta hace un par de años, cuando comenzó a darse el proceso opuesto, plasmado en julio del año pasado, con la salida del Reino Unido a partir del Brexit. Ya en 1975 se había realizado una consulta pública a los ciudadanos británicos, con resultados favorables a su permanencia en la UE.

El año pasado un nuevo referendum dio el triunfo, por escasa diferencia (52 a 48%) a la salida. Pese a formar parte de la UE, el Reino Unido nunca se incorporó a la zona euro (como tampoco lo hicieron otros países como Dinamarca), y mantuvo su moneda.

En su 60 aniversario, esta ya madura comunidad de países parece estar atravesando una crisis de identidad, en la que los movimientos anti-inmigratorios, el desempleo impulsado por el avance tecnológico y el ascenso de los populismos están poniendo en jaque su continuidad.