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JUEVES 23/05/2019

Una rivalidad que no cesa en Medio Oriente

En cuestión de 15 días, la ofensiva israelí en Gaza ha vuelto a colocar la atención en esta conflictiva zona del globo. El asesinato de seis niños palestinos por fuerzas de Israel en una playa viralizó el drama que deja centenares de víctimas. Una mirada a un conflicto que parece no tener final.

La operación ofensiva de Israel "Margen Protector", iniciada el 8 de julio, deja como saldo parcial unas 725 víctimas palestinas, 21% de ellas niños y niñas, 34 soldados israelíes abatidos, 4.700 heridos y alrededor de 200.000 desplazados en la pequeña Franja de Gaza, un territorio de 360 km2 y de unos 1,8 millón de habitantes, algo mayor en dimensión, pero menos poblado, que la Ciudad de Buenos Aires. El daño económico es cuantioso, por ejemplo, el bloqueo a las exportaciones causa u$s 50 millones diarios en pérdidas desde 2007 y el conflicto paraliza una ya maltrecha economía que viene sufriendo un desgaste constante por la conflictividad del pasado, que se remonta a 1948. Esta vez, todo comenzó a fines de junio, cuando se supo del asesinato de tres jóvenes israelíes en Cisjordania, otra región contigua a Israel, gobernada por palestinos, pero no los mismos de la franja, el grupo Hamás. Contra este último -terrorista, al entender de Israel- cargó la culpa. "El accionar israelí debe ser leído en el contexto de otras actuaciones similares emprendidas en los últimos años", indica Rubén Paredes Rodríguez, director adjunto del Instituto Rosario de Estudios del Mundo Árabe e Islámico.
Los años 2008/9 y 2012 fueron testigos de dos operaciones con el mismo fin, destruir los misiles y desmantelar los lanzadores de Hamás. Buena parte del costo también es común, vidas humanas que se pierden.

Raíces del conflicto
No es fácil entender este conflicto relativamente nuevo. "Hace largo rato es difícil lograr un nivel de objetividad porque se juega mucho", advierte Paulo Botta, director del Departamento de Eurasia del Instituto de Relaciones Internacionales de la UNLP. Los medios no ayudan. "La prensa casi sin excepciones es muy mala", remarca Carlos Maslatón, analista de mercados. Se ven los efectos sin identificar causas, se montan escenarios cruentos para deleite del morbo. Si bien en las redes sociales circulan numerosos testimonios, se trata de un conflicto complejo que no todos están en condiciones de entender. "Hasta dirigentes de las grandes potencias fracasan en comprenderlo", agrega.
La creación del Estado de Israel, en 1948, sobrevino a la independencia del mandato británico y es el punto de partida del conflicto palestino-israelí, centrado en la posesión de la tierra ancestral. Luego de la proposición de la ONU de la creación de un estado judío y otro árabe en esa tierra, se produjo la guerra entre los ejércitos árabes y aquel naciente Estado. Allí fueron expulsados alrededor de 780.000 habitantes de Palestina. "Así se originó el problema de refugiados más largo de la historia actual", reflexiona Martín Martinelli, especialista en Medio Oriente. Dos guerras regionales se repitieron en 1967 y 1973 (árabes-israelíes), cuando Israel ocupó militarmente los territorios de Cisjordania, Gaza y Jerusalén este. Recién en 1994 permitió sobre su propio territorio la creación de Palestina por primera vez en la historia. "El conflicto fue mutando a una incapacidad sistemática por parte de ambas partes de lograr acuerdos de paz", comenta Juan Battaleme, director de la licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales de UADE. Si bien el conflicto estuvo a punto de sellarse en 2000, el líder palestino Arafat lo impidió. "Hoy las cosas avanzan bien en Cisjordania, pero no en Gaza", remata Maslatón.
El mundo árabe está más revuelto y desunido que nunca. "El dato más relevante de fondo es el proceso de deconstrucción estatal que se vive en Medio Oriente", argumenta Mariano Aguas, coordinador del departamento de Ciencia Política de la UP. Este último alimenta una incesante asimetría del poder entre los palestinos (ya sin importantes apoyos como Egipto, Siria, Irán) e Israel, y un auge del extremismo islámico que es todo lo contrario del ideal propuesto por las "Primaveras Árabes". "Se trata de un retorno a la Edad Media", puntualiza Aguas. Los palestinos no escapan al panorama que presenta lo árabe. En Cisjordania gobierna el grupo Al Fatah mientras en Gaza está Hamás. "No hay un interlocutor válido por más de que se haya formado un gobierno de unidad nacional", advierte Botta. Este panorama tan dividido dificulta los esfuerzos de paz. Tampoco Israel se muestra unido. Tiene un sistema político muy fragmentado, donde el conflicto se integra a la agenda interna con una visión cortoplacista y no un enfoque estratégico. "Nadie quiere quedar como un blando", sintetiza el director en el departamento de la UNLP.

El futuro
Con la presunción de que es un conflicto de compleja magnitud, dicha condición es utilizada como excusa en pos de no buscar las soluciones adecuadas al problema. Es una guerra o más bien una disputa asimétrica (favorable a Israel) donde el costo humano paradójicamente se contabiliza en lo que se da en llamar daños colaterales. "Por lo tanto, se necesita un importante cambio de paradigma para que se logre una solución", señala Martinelli. La puesta en marcha de un Estado de Palestina sería un buen comienzo, pero, si bien reconocido por muchos países durante 2010 y 2011, sigue siendo una cuenta pendiente que atraviesa a varias generaciones. Así lo entiende Paredes Rodríguez.
Hoy día, el conflicto palestino-israelí no es el principal dentro del mundo árabe y Medio Oriente, y funciona más bien de forma retórica. El mundo árabe está muy fragmentado y el tema palestino, a diferencia de la década de 1980, no está en la agenda de los árabes. Por su parte, muchos Estados árabes que antes se interesaban por el tema están inmiscuidos en sus propios problemas, como Siria, desangrada en una guerra civil que desde hace poco más de tres años supera 170.000 bajas. Otros han modificado su postura, como Egipto, tradicional rival de Israel en el pasado, intentando persuadir a Hamás para que acuerde una tregua. Se dan cíclicas situaciones de extrema violencia y la comunidad internacional mira para otro lado porque no hay incentivo para avanzar hacia un acuerdo de paz, sumado a que las grandes potencias tienen cada vez más diferencias entre ellas. A lo sumo, la comunidad internacional hace lo que puede.
La inversión de capital político en ese conflicto suele ser más un dolor de cabeza que una solución al mismo. El último de esos límites aparece con la intervención de El Vaticano. "Una nueva esperanza rápidamente frustrada", como la resume Battaleme. n 3D

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