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Un viaje al humedal más grande del mundo

Porto Jofre, en el Pantanal Norte brasilero, ofrece a sus visitantes una experiencia diferente; en contacto con la naturaleza y una valiosa biodiversidad.

Si bien el humedal más grande del planeta Tierra comprende tres países (Brasil, Bolivia y Paraguay), la mayor extensión del mismo se emplaza sobre tierras brasileras. Con alrededor de 650 especies de aves, muchas de ellas endémicas, es un destino obligado para todos los amantes de la naturaleza y los ornitólogos. Sin embargo, gran parte del protagonismo en esta región fue acaparada por el felino de mayor tamaño del continente americano y el tercero a nivel mundial, por detrás del tigre y del león: el yaguareté. Gracias a este animal, el Pantanal brasilero ha sabido capitalizar el cuantioso incremento de ingresos de los miles de turistas que, temporada tras temporada, se acercan para avistarlo y fotografiarlo. Hasta se podría decir que la famosa región Amazónica ha quedado relegada, en segundo lugar, ante el fenómeno que desató el yaguareté en este inmenso humedal.
Para llegar a Porto Jofre, corazón del Pantanal Norte desde donde salen las lanchas que en forma diaria van en busca de la onça-pintada (yaguareté en portugués), hay que atravesar los 145 kilómetros de la ruta Transpantaneira. Este recorrido es especialmente interesante (y diferente) por la variada fauna que se aprecia en el camino y por los 126 puentes de madera que se deben cruzar para llegar a destino. Una vez en Porto Jofre lo mejor es relajarse e ir a dormir temprano, ya que las lanchas salen todos los días a las 6 am.
Si bien muchos turistas eligen hospedarse en hoteles flotantes, la mejor opción es el hotel que lleva el nombre del lugar: Pantanal Norte, con habitaciones muy confortables, un restaurante que ofrece un menú muy cuidado y hasta una gran laguna rodeada de jardines en los que se puede apreciar la presencia de los guacamayos azules y varios tipos de tucanes. En Porto Jofre la acción comienza antes de que salga el sol. Apenas empieza a clarear el cielo, Lucidio -un guía con 11 años de experiencia- espera en el muelle con su lancha preparada para atravesar los ríos y riachos de la región. A medida que nos vamos internando en este inhóspito lugar, la primera especie que vemos es nada menos que un tapir, una de mas difíciles de avistar, por lo que la parada fotográfica es ineludible. Luego de algunas tomas, la lancha continúa surcando las tranquilas aguas del Río Cuiabá, el de mayor caudal de la zona. Hasta el momento, no hay novedades del yaguareté pese a la insistente búsqueda del experimentado guía.

En busca del felino

Cuando se escucha el canto nervioso del ave conocida como "Pirincho" Lucidio no duda: decide seguirlo a través de uno de los riachos de escasa profundidad. El pájaro continúa su vuelo en forma paralela a la costa, pero su canto de alerta se torna cada vez más tenso y a su paso varias aves y yacarés, alimento principal del jaguar, desaparecen rápidamente por el aire y bajo el agua. Por su parte, Lucidio comenta que también siente la presencia del animal, por lo que decide fondear la lancha sobre el veril opuesto.
Luego de una larga espera, finalmente aparece una hembra de yaguareté de unos 8 años de edad. Su paso es lento y acompasado debido al calor, y su mirada, tierna y gentil, no da indicios del poderío que tiene este predador implacable. Se detiene frente a la lancha con expresión de intriga y curiosidad, dando unos preciados segundos de confianza a los fotógrafos que capitalizan esta experiencia con sucesivas tomas fotográficas e imágenes que vivirán para siempre en su memoria. Luego del acercamiento, la felina se pierde en forma definitiva dentro la vegetación.
Los días sucesivos son excelentes en cuanto a los avistajes aunque no tan buenos para la fotografía, ya que estos animales siempre tratan de ocultarse y prácticamente nunca se los ve tan claramente como en la primera experiencia. Sin embargo, la actividad genera gran adrenalina. Los días pasan rápido y el grupo debe despedirse de este destino y de su animal estrella; será hasta la próxima temporada.
El yaguareté es imponente, por lo tanto, debemos asegurar que las generaciones venideras lo puedan seguir disfrutando en todo su esplendor y en libertad. Para ello, se deben redoblar los esfuerzos para castigar a la caza furtiva y el contrabando de pieles. Ese es el deseo y el aprendizaje más profundo de todos los que volvimos, algo transformados, de una experiencia sin igual.