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DOMINGO 19/05/2019

Un tour submarino por la Argentina hundida

En su nuevo libro, el diputado Martín Lousteau analiza la decadencia del país, originada por casi medio siglo de mal desempeño económico, problemas que se repiten y un tejido social deteriorado. Las claves necesarias para construir un Estado eficiente a largo plazo.

Un tour submarino por la Argentina hundida

En las últimas décadas la capacidad de nuestro Estado para brindarnos bienes y servicios y generar un entorno de progreso decayó severamente. Esto se puede constatar en términos relativos, es decir, comparando con lo que daban antes y dan ahora otros Estados, pero también en términos absolutos dentro de nuestra propia frontera. La pobreza y la desigualdad crecieron fuertemente, la calidad y la equidad de nuestra educación sufrieron, también el acceso a la salud, la inseguridad se elevó, la justicia no funciona como debe y la infraestructura que teníamos se degradó.

Lo más grave del caso es que esto no ocurrió porque estemos gastando menos plata. Todo lo contrario. El tamaño de nuestro Estado ha crecido fuertemente como proporción del total de la economía. Y al medir la evolución del gasto público por cada argentino el asombro se multiplica. ¡Hoy, el Estado nacional tiene tres veces más plata ajustada por inflación por cada uno de nosotros que un cuarto de siglo atrás! Con el triple de recursos por habitante deberíamos estar recibiendo tres veces más seguridad, salud, educación, justicia, infraestructura y jubilaciones que hace veinticinco años. ¿Vos sentís que pasa eso? Debo haber hecho esta pregunta a decenas de miles de personas a lo largo y ancho del país: nunca nadie contestó que sí.

Pongámoslo de otra manera para apreciar la magnitud del aumento de dinero que tuvo lugar. Comparado con un cuarto de siglo atrás el Estado nacional tiene el equivalente a 300.000 pesos anuales más por cada familia tipo argentina. Como la inflación es tan alta esa cifra significará poco en un tiempo. Usemos, entonces, otra vara: el monto equivale a 7300 dólares anuales (al dólar promedio de 2018).

El crecimiento de los recursos no solo se dio en el Estado nacional, sino también en las provincias y los municipios. El Estado de la provincia de Córdoba tiene hoy el doble por cada cordobés que hace veinticinco años; el de Santa Fe, 2,2 veces más por cada santafesino; el de Mendoza, 1,9 veces más por cada mendocino; el de la ciudad de Buenos Aires, 2,9 veces más por cada porteño; Neuquén, 1,8 veces más por cada neuquino; Tierra del Fuego, 50% más por cada fueguino; Misiones, el doble por cada misionero; Formosa, 1,6 más por cada formoseño; Salta, 1,9 veces más por cada salteño; San Juan, 1,8 veces más por cada sanjuanino. Incluso la provincia de Buenos Aires, que fue desfavorecida en el reparto desde 2002 hasta 2015, tiene hoy 2,2 veces más por cada bonaerense que en 1993.

El conjunto de los distritos mencionados más arriba ha sido gobernado por peronistas, radicales, socialistas, kirchneristas, el PRO y hasta partidos provinciales. No hay excepciones ni geográficas ni partidarias en esto de tener Estados con muchos más recursos que en el pasado.

Podemos, incluso, sumar el dinero de más que tenemos hoy en los distintos niveles del Estado para ver cuánto deberíamos estar recibiendo en bienes y servicios públicos. Por ejemplo, a los 7300 dólares anuales más por cada familia argentina que tiene el Estado nacional, en la ciudad de Buenos Aires hay que agregar los 7400 dólares más por cada familia que tiene el Estado porteño. Eso suma 14.700 dólares anuales o 1200 dólares al mes, lo que equivale a más de tres salarios mínimos mensuales por cada familia. ¿Sentimos que recibimos esa plata en nuevos y mejores bienes y servicios por parte de los sectores públicos?

Sigamos dándole vueltas: el Estado porteño tiene la friolera de 460.000 dólares anuales más por cada una de las manzanas de la ciudad que hace veinticinco años. Salí a dar una vuelta alrededor de tu manzana y mirá las otras ocho que la rodean. Prestá atención. ¿Vos percibís que ahí y en sus habitantes hay puestos 3,7 millones de dólares más por año que en 1993?

En la campaña a jefe de Gobierno de 2015 explicaba que con el aumento presupuestario del que disponía Mauricio Macri, en comparación con el de Fernando de la Rúa cuando fue jefe de Gobierno, se podía costear la Policía de la Ciudad en todas las comunas en tres ciudades como Buenos Aires, pagar los sueldos de 75 hospitales o construir casi 1900 escuelas medias. Eso con la plata de más que había en el presupuesto del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires comparado con el pasado. Esa es la real dimensión del aumento de recursos de nuestros Estados.

Semejante crecimiento del dinero público puede enmascarar su mal uso: con tanta más plata es lógico que veamos ciertas mejoras y pensemos que las cosas se están haciendo bien. También es posible que existan gastos atractivos desde el punto de vista político, pero poco prioritarios (obras cosméticas, recitales por doquier y acciones de marketing, entre otras cosas) que, sin embargo, nos pueden llegar a resultar simpáticos.

Pero la cuestión central que nos debería ocupar es si, con los recursos adicionales que hay, recibimos proporcionalmente más o menos de todas aquellas cuestiones que son fundamentales. Porque si gastamos dos veces más y las cosas se hacen bien deberíamos también recibir dos veces más. Y eso es algo que no pasa.

Nuestros Estados se han transformado en un automóvil que funciona cada vez peor y necesita más litros de combustible para recorrer menos kilómetros. Eso, de por sí, debería ser una gran fuente de preocupación: pagamos muchísimos impuestos -cada vez más- para que el Estado funcione y no lo hace.

Pero adicionalmente el impacto de esa pérdida de autonomía del Estado argentino tiene muchos otros impactos que son menos evidentes, y que se desarrollan a lo largo de este libro.

Una cuenta muy rara

El dinero extra que tiene nuestro Estado en todos sus poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) y en todos sus niveles (nacionales, provinciales y municipales) no viene del cielo ni nos lo regalan otros países. Lo solventamos los argentinos a través de mayores impuestos.

La presión tributaria en nuestro país se incrementó notablemente en las últimas décadas, pasando de representar 24 puntos porcentuales de todo lo que se producía anualmente en 1993 a 33 puntos porcentuales en 2017. O sea, medido como proporción de la economía, la presión tributaria creció 37,5%. Pagamos impuestos que antes no existían (por ejemplo, el impuesto al cheque y a la ganacia mínima presunta) y subieron las alícuotas efectivas de muchos otros (IVA, ganancias, ingresos brutos).

El esfuerzo adicional de los contribuyentes parece incluso no alcanzar. Es por ello por lo que el déficit fue la norma en los últimos sesenta años. Si sumamos tan solo los que tuvimos a nivel nacional desde 2010 hasta 2018 equivalen a 1,4 veces el presupuesto total de 2018. Es decir que en ocho años nos excedimos en gastos en el equivalente a casi un presupuesto y medio. Con ese dinero acumulado podríamos dejar de pagar todos los impuestos y aun así tener recursos para hacer funcionar el Estado nacional por un año y cinco meses.

Esos déficits se financiaron unas veces con deuda, otras con inflación (y una pequeña porción con privatizaciones). (...)

Economista

Martín Lousteau nació en Buenos Aires, en 1970. Está casado con Carla Peterson y es padre de Gaspar. Y eso es lo que más le importa. Es economista y piensa como tal, aun cuando trata de evitarlo. Fue ministro de Producción y presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, ministro de Economía de la Nación y embajador de la Argentina ante los Estados Unidos. También fue electo diputado nacional en dos ocasiones y es el referente principal de Evolución, un espacio político socialdemócrata. Trabajó como corresponsal de guerra, fue columnista en Radio Metro y en el diario La Nación. Publicó en Sudamericana los best sellers Economía 3D y Otra vuelta a la economía, este último, en coautoría con Sebastián Campanario. Debajo del agua es su último libro.

Comentarios1
Fernando Markman
Fernando Markman 10/05/2019 09:42:37

No tiene mas que presentar en la camara de diputados y mediante su partido, algun proyecto para mejorar sustancialmente la situacion... mira q sencillo

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