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Un país energéticamente sustentable

Hay quienes dicen que los consumidores se ven perjudicados por el precio sostén, pues estarían subsidiando una producción local que no es viable a los precios internacionales. Bajo este criterio habría que importar y dejar afuera a las empresas que no pueden competir con la oferta externa.
En primer lugar debemos entender que en la determinación del precio de los combustibles sólo una parte corresponde a la materia prima y su refinación; existe una altísima incidencia impositiva sobre el precio final de los mismos. En segundo término, liberar los precios destruiría la industria nacional generando graves consecuencias a futuro. Si los precios continuaran recuperándose y tuviéramos que importar petróleo, ya no por mejores precios sino por escasez de oferta, lo que hoy es barato se tornaría un carga muy pesada. De hecho, importamos más de u$s 30.000 M en energía en los últimos cuatro años por no cuidar a nuestra industria.
¿Cuáles serían los costos sociales y económicos de cerrar yacimientos, desaprovechar equipos, ductos e instalaciones, despedir obreros y profesionales y desvalorizar los recursos del subsuelo? Esto llevaría rápidamente a una grave crisis por desocupación y recesión. La mejor apuesta es seguir desarrollando tecnologías y recursos humanos para mejorar la productividad al tiempo que se mantiene el reconocimiento de los costos de producción locales. Sólo de esta forma podremos volver a tener un país energéticamente sustentable.