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"Tenemos que volver a ser un país de clase media. Creo que la sociedad está pidiendo eso"

Reconocido neurólogo y neurocientífico, plantea que la Argentina saldrá adelante cuando logre "derrotar la pobreza e imaginar un país basado en el conocimento". Explica que el camino para salir del atasco es cambiar "los sesgos mentales" y sostiene que las múltiples crisis son las que nos llevaron a perder de vista el largo plazo. Su receta para saltar la grieta.

En la Argentina tuvimos momentos donde pensamos a largo plazo, colectivamente", evoca Facundo Manes, el empático neurólogo y neurocientífico que se convirtió en best seller internacional con su libro Usar el Cerebro y hoy "hace campaña" por toda la Argentina dando consejos para mantener la mente sana, hablando de emociones, recuerdos y memoria emotiva, e inspirando a sus miles de seguidores a animarse a soñar con un país próspero que merezca ser vivido.

Manes encuentra un hueco en su apretada agenda -además de divulgador de la Ciencia, sigue atendiendo pacientes, dirige Ineco (Instituto de Neuorología Cognitiva) y es rector de la Universidad Favaloro-, para conversar con 3Días. La excusa es el ciclo de entrevistas que presenta El Cronista para conmemorar el Bicentenario de la Independencia.

Justamente, en su último libro, El Cerebro argentino, ensaya una proclama de contenido político en la que expone su visión del futuro: "Nuestra apuesta como Nación en este siglo XXI debe ser el conocimiento", resume este intelectual moderno e influyente que promete dejar su huella en la Argentina que viene.

Decís que los argentinos tenemos una dificultad para pensar en colectivo, pensar el futuro. ¿Por qué nos cuesta tanto?
- Primero hay que reconocer que en una época no nos costó. Sarmiento, el padre de la educación pública argentina, no conoció a Luis Federico Leloir, Bernardo Houssay ni a César Milstein, los tres premios Nobel en disciplinas científicas que prestigiaron a la Argentina del siglo XX. Sarmiento, que los precedió, fue el máximo mentor de la educación en la Argentina y pensó un país que no vio. Tenemos que volver a pensar un país que no vamos a ver. Estamos permanentemente pensando en la coyuntura, lo cual es importante, el hospital necesita de una guardia donde se suturan las urgencias, se amputa lo que hay que amputar, se curan las infecciones... la emergencia es importante. Pero el hospital no es solo emergencias: hay un lugar de planificación, de prevención, de investigación...Acá, como país, estamos permanentemente en la guardia.

Cómo hace un país que vive en la emergencia para pensar el largo plazo?
- No quiero decir que no es importante, hay que atender lo urgente sin olvidar la meta. En 1869, el primer censo indicaba que alrededor del 70% de los argentinos eran analfabetos, y la educación pública, la ley 1.420, permitió que décadas después, en 1947, hayamos bajado el analfabetismo al 12%, menos que Italia y España en ese momento. En la Argentina en la historia tuvimos momentos donde pensamos a largo plazo, colectivamente.

Cuando se festeja el primer Centenario, aún con la controversia que la época genera en los historiadores, se vivía una ola de optimismo respecto del futuro del país. ¿Qué nos pasó?
- Justamente, estamos obsesionados con el pasado y con el presente. Y yo quiero poner la misma energía para obsesionarnos con el futuro. Uno de los problemas que nos pasó es que empezamos a ver el pasado permanentemente y que estamos viendo el pasado. Es como manejar un auto y ver el espejo retrovisor. Algún sector de la sociedad tiene que ver el espejo retrovisor, pero tenemos que enfocarnos en el futuro.

Hoy los países ricos y pobres se dividen en la apuesta por el conocimiento, que es mucho más que la educación. La educación es clave, pero si después de tener una buena educación uno no tiene oportunidades laborales, empresarios que no generen valor agregado, no tenemos justicia, libertad, capacidad de innovar, la educación per se... El paradigma del conocimiento incluye la educación de calidad, pero además incluye cuidar los cerebros, tener cerebros saludables.

¿Hay un cerebro argentino que explique por qué estamos como estamos?
- Yo digo que el cerebro argentino es igual al cerebro ruso, brasilero, en términos anatómicos. La cultura, las personas que nos rodean, las historias compartidas de la sociedad modulan nuestro cerebro, influyen en la manera que sentimos, pensamos y decidimos. No tenemos una respuesta de cómo es el cerebro argentino, pero invitamos al lector a pensarnos cada uno cómo somos los argentinos. Por ejemplo, ¿por qué no nos podemos poner de acuerdo en dos o tres políticas de Estado?

¿Por qué los argentinos tenemos mayor tolerancia a la corrupción que mucho de nuestros vecinos? Qué está influyendo allí?
- Hay un capítulo del libro que se llama "El cerebro corrupto", y otro, "La viveza criolla". En la Argentina tenemos un sesgo de que el vivo es el que sale de la Panamericana cuando hay un atasco, va por el costado, lo cual ya es una infracción. Tenemos muchas veces el concepto de "viveza criolla" que nos hace daño. He escuchado a gente contar en sobremesas, en forma canchera, cómo no pagaban impuestos, evadían al Estado, sin saber que el Estado somos todos.

¿Es esa "viveza criolla" tan característica nuestra la que nos condena? Porque a muchos países que no la tienen les va mejor...
- Vamos a ser vivos en la Argentina, tener "viveza criolla", cuando derrotemos la pobreza, la corrupción, imaginemos un país del futuro basado en el conocimiento, derrotemos la malnutrición infantil, demos oportunidad a los jóvenes. Hoy la "viveza criolla" nos sirve para tener 30% de pobreza, la verdad, la ley, el largo plazo, no valen para nada, el 30% de jóvenes en la Argentina piensan que el ascenso social se debe en el país a la corrupción y al acomodo... Vamos a ser vivos cuando tengamos un país inclusivo y desarrollado.

¿Cómo llegamos a esa meta?
- En el libro hablamos de la habituación, la conducta humana es así. Nosotros nos podemos acostumbrar, y de hecho nos acostumbramos, a vivir con altos índices de corrupción, de falta de respeto a la ley, por eso tenemos que cambiar los sesgos. Nos hemos acostumbrado a vivir con la corrupción, con la falta de respeto a la ley, con la falta de proyecto de país, y por eso, para mí, que arreglemos con los holdouts, aunque tengamos la infraestructura de Suecia, aunque no tengamos inflación, aunque tengamos inversiones, si no cambiamos los sesgos mentales...

Hagamos un ejercicio: Viene un mago y nos pone los puentes, los puertos de Suecia, no tenemos inflación, tenemos inversiones... Ahora, tenemos los mismos sesgos de la "viveza criolla", evadir los impuestos, habituarnos a la corrupción, a la pobreza... ¡En 10 años, si no cambiamos los sesgos, vamos a destruir todo!

El entorno nos determina, planteás...
- Hay conductas corruptas en las abejas, en las hormigas y en los chimpancés, no es que un dinamarqués sea menos corrupto que nosotros, biológicamente. Lo que tiene es que vive en un contexto, en una sociedad, donde hay ley, castigo y sanción social. Y eso hace que el dinamarqués, por décadas, ya tenga un contexto que influye en el cerebro para inhibirse. Si vivimos en un contexto donde no hay ley, sanción social y no hay castigo, la conducta humana va a llevar agua para su molino.

La mala noticia es que se trata de un rasgo que sólo se puede cambiar a largo plazo...
- Por eso escribí el libro, creo que el problema de la Argentina es cambiar los sesgos. Y esto es un sesgo que tiene que cambiar la sociedad, los empresarios, los periodistas...

Hablás mucho de la inteligencia emocional, la que tienen aquellos con capacidad de liderar, de cambiar una comunidad. Para cambiar estos sesgos, ¿necesitamos un líder que se ponga a la cabeza o el cambio va a venir si la sociedad es quien lo demanda? ¿O se necesita de ambos factores?
- Yo recorro el país, este año tengo 4.000 invitaciones hasta ahora para hablar de esto. La sociedad está preparada. La Argentina tiene algo diferencial, un bono demográfico: hoy hay más gente que trabaja que jubilados, por décadas vamos a tener un bono demográfico que tenemos que aprovechar.

Y segundo, tenemos todavía una clase media intelectual, que nos diferencia de América latina. Estamos en caída, pero hay mucha gente que es pobre económicamente e intelectualmente tiene la estructura de clase media, por la educación pública. Una educación pública laica, gratuita, de calidad. A pesar de las múltiples crisis, todavía Argentina conserva una clase media intelectual que la diferencia. Tenemos que volver a ser un país de clase media, creo que la sociedad está pidiendo esto.

Y por otro lado, necesitamos de líderes que marquen un ejemplo, la conducta humana aprende y se motiva cuando algo la inspira. Los líderes tienen que imaginar el futuro, ser ejemplo, auscultar la sociedad. A los argentinos nos falta un proyecto de país que genere expectativas.

Decías antes que lo tuvimos en el pasado.
- Sí, tuvimos esto: la democracia, en los 80, fue un proyecto de país, una política de Estado. Los ricos, los pobres, los peronistas, los radicales, los de izquierda, los de derecha, hasta en las canchas de fútbol pedían que queríamos democracia. El 90% o más de los argentinos queríamos democracia. Fue un paradigma que nos unió. Hoy necesitamos un nuevo paradigma en el cual estemos de acuerdo el 90% de los argentinos, más allá de las diferencias políticas, y tiene que ser el paradigma del conocimiento. Y esto no va a pasar por un presidente, un ministro o un gabinete, va a pasar si la sociedad lo pide.

¿A qué llamás concretamente el paradigma del conocimiento?
- Es lo que divide a los países ricos y pobres de hoy. No lo inventó Manes. Ghana y Corea del Sur tenían el mismo PBI per cápita hace décadas: Corea del Sur hizo una política de Estado basada en el conocimiento y hoy el PBI per capita es 15 veces más importante que el de Ghana. Hoy, los recursos naturales, financieros no son tan importantes en la riqueza de un país como lo eran antes, hoy lo más importante es ese capital mental de los ciudadanos.

La capacidad de innovar, de crear, de adaptarse para el mundo que viene basado en el conocimiento. Y el problema de la Argentina es que tenemos 30% de pobreza y cuatro millones de chicos entre cero y 17 años en contexto de pobreza y hoy sabemos que la pobreza per se, el ambiente de pobreza es un impuesto cognitivo, un impuesto mental. La gente en estado de vulnerabilidad tiene un esquema mental que no le permite salir, por más que el Estado le debe dar vivienda digna, alimentos, si no los sacamos de pensar el día a día, no van a salir de la pobreza. La educación de nuestros hijos, que no viven en un contexto de pobreza, es mala: de 100 chicos que entran al colegio se reciben del secundario menos de 40. De esos que se reciben, sólo la mitad comprende un texto complejo. O sea, la calidad de la educación ha bajado.

¿Y los empresarios? ¿Cuál debería ser su aporte a este proyecto de país?
. Los empresarios tienen que generar más trabajo de valor agregado y ser menos prebendarios del Estado, tiene que haber infraestructura del conocimiento, instituciones fuertes que dependen del conocimiento porque hay estudios que demuestran que la gente educada no tolera el "roban pero hacen", por más que sean vulnerables socialmente. Hasta la educación influye en las instituciones. Hay una sociedad que está esperando un paradigma, una expectativa. Para mí, es el conocimiento. Si no tenemos proyecto de país es como ir a la guardia y que te amputen, te sacan el dedo, ¿para qué? ¿Por qué ponemos el hombro? ¿Para qué proyecto de país?

¿Creés que Macri puede convertise en el líder capaz de inspirar este cambio del que hablás? ¿Generar un nuevo paradigma?
- Trato de no personalizar, creo que estamos frente a un proceso que va a requerir una o dos décadas como mínimo de tener un nuevo paradigma de la sociedad del conocimiento. Creo que no depende de una persona, se necesita que participe todo el mundo, es un desafío que no va a ser solo de la dirigencia política. Nos equivocamos si esperamos esto de la política, la sociedad tiene que reclamarlo, como reclamó democracia en los 80.

Por lo pronto hoy reclama castigo a la corrupción... ¿Se queda a mitad de camino?
- Es muy importante, pero necesitamos que reclame un proyecto de país a largo plazo. Porque luchar contra la corrupción está bárbaro, es parte de tener instituciones sólidas, pero si no tenemos un proyecto a largo plazo, luchar contra la corrupción, solamente, no va a generar riqueza. Los argentinos además somos resilientes, estamos preparados para enfrentar crisis...

Y las crisis recurrentes, ¿han sido una oportunidad, nos han hecho más creativos, o son el motivo de nuestro estancamiento?
- Las crisis generan miedos colectivos. Para mí, las crisis sucesivas han sido una de las causas de que pensamos en el corto plazo. Cuando estás permanentemente en crisis y, además, imaginás que viene una crisis pronto, no pensás en el largo plazo.

Ya que evocamos el Bicentenario, ¿en qué momento histórico situás el quiebre en el que Argentina empieza a involucionar?
- Están los que piensan que en la Argentina después de una fecha vino algo como el populismo y a partir de ahí ... y otros que piensan que cuando éramos comparables a Australia y EE.UU., teníamos una aristocracia y mucha gente excluida. Digo que tenemos que aprender de las dos visiones, lo mismo que ahora. Hoy sabemos desde la Ciencia que no es bueno juntarse sólo con el equipo de uno, con la gente que piensa igual.

Ahora tenemos la famosa grieta.
- Tenemos a Cambiemos y a los que defienden al gobierno anterior, que es más en Buenos Aires que en el interior, en verdad. ¿Qué tenemos que hacer para saltar la grieta? Saber que pensamos con sesgos, funcionamos con esquemas mentales. A veces tomamos decisiones racionales, pero pocas veces. La mayor parte del día vivimos en piloto automático y para eso necesitamos haber creado esquemas mentales.

Tendemos a juntarnos con la gente que piensa como nosotros y lo interesante es escuchar la otra campana. Creo que la gente que votó a Cambiemos debería escuchar algunas cosas de lo que pasó en la época del kirchnerismo; y el kirchnerismo debería escuchar algunas cosas que se están haciendo ahora: esa es la manera de salir: tomar lo bueno del otro. Tenemos que buscar un proyecto común para la mayoría, buscar cosas que nos unan.

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Comentarios2
jose boch
jose boch 20/05/2016 08:00:34

Yo quiero un presidente que piense como Manes. La incultura es la madre de todos los males

jose boch
jose boch 20/05/2016 07:26:18

Excelente Manes. Creo que la gran diferencia es el comportamiento de la clase dirigente . La de 1880 hacia suyo el pais, la actual solo disfruta del beneficio que da el poder.