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Tapa a rosca: el triunfo de la practicidad

El tiempo y el conocimiento han derribado muchos mitos en el mundo del vino, y uno que de a poco va cayendo en el olvido es el de la tapa a rosca. Hoy muchos ejemplares de alta calidad llegan con este tipo de cierre tan práctico como eficiente a la hora de guardar una botella.

Mientras en todo el mundo el incremento de botellas con tapa a rosca sigue a paso firme, en algunos países continúa habiendo cierta resistencia a este tipo de cierre por parte de los consumidores ya que se lo asocia a una falsa idea de vino de menor calidad que el que usa un corcho de alcornoque. Pues bien; antes de seguir, hay que dejar algo claro: no existe ninguna razón lógica para esta oposición ya que la calidad del vino es independiente del cierre de su envase y sus atributos no se ven alterados en lo más mínimo por él.
Claro que hay que entender que con la tapa a rosca aún estamos atravesando, como muchos otros países productores (como Italia), una etapa de transición que debe terminar por disolver el mito que dice que la llamada screw cap es para vinos de calidad media. Pero parece que no hay caso: en muchos países perdura la mala imagen de la tapa a rosca.
Para empezar, hay que decir que este tipo de cierre no pone en duda las virtudes del corcho, un producto totalmente natural que se lleva perfectamente bien con el vino. Sin embargo, no hay que olvidarse de que el alcornoque (el árbol del que se extrae el corcho) es un bien escaso, lo que obliga a muchos productores a optar por otras alternativas. Así fue como nació el sistema Stelvin (la tapa a rosca), el mismo que hoy empiezan a ostentar con orgullo muchas etiquetas del mundo.
Pero, ¿qué motivó el cambio? Básicamente, la exigencia de muchos mercados con consumo de vino relativamente nuevo, sin el prejuicio del corcho de alcornoque como sinónimo de vino de alta calidad, como Australia, Inglaterra, los Estados Unidos y algunas capitales asiáticas, que comenzaron a requerir ese tipo de tapones en los vinos de consumo de todos los días. Debido al éxito de ventas y a la solución de una problemática concreta (costo de los corchos), muchas bodegas de distintos países comenzaron a usar esta alternativa para sus vinos jóvenes.
Incluso algunas de ellas la usaron en ejemplares de precio medio-alto, y bien justificado está ya que la tapa a rosca mantiene intactas las cualidades del vino. Así y todo, esa no es solo la clave de un futuro exitoso casi asegurado, sino la practicidad.

Algunas claves del éxito de la tapa a rosca

- La tapa rosca es un cierre giratorio con sello de seguridad que consta de una cubierta de aluminio aleado con vueltas roscas y un revestimiento interior de múltiples capas.
- El secreto de la tapa rosca lo constituye su revestimiento interior esponjoso con cubierta de hojalata envuelta en sarán (plástico impermeable). Esta cápsula se presiona sobre y alrededor del extremo superior del cuello de la botella; de esta forma, el sarán es la única parte que está en contacto con el vidrio o con el vino.
- Brinda más comodidad para el consumidor: fácil de abrir sin necesidad de descorchador.
- Mantiene la frescura, la fruta y los aromas de los vinos, tal como cuando fueron embotellados, gracias a su cierre hermético.
- Por estar fabricada con materiales inertes, es inmune a problemas como hongos y elimina toda posibilidad de obtener un vino con gusto acorchado.
- Reduce notoriamente la oxidación del vino una vez abierta la botella.
- Es posible retapar las botellas y se puede aprovechar varias veces el vino una vez abierto.
- Al no permitir que entre nada de oxígeno, evita que se mezclen otros aromas en la botella.
- Las botellas pueden almacenarse en posición horizontal o vertical.
- De acuerdo con un estudio publicado por la afamada revista británica Decanter, las tapas a rosca ahora cuentan con una cuota de casi el 20% del mercado de cierres para botellas de vino en todo el mundo.