Viernes  22 de Septiembre de 2017

Sivak: "A mi padre le impidió seguir viviendo la idea de ser visto como un inescrupuloso"

El periodista Martín Sivak acaba de publicar El salto de papá, donde reconstruye la figura de su padre -que se suicidió en 1990- a partir de sus recuerdos, combinados con los testimonios de las personas más cercanas. En una entrevista a 3Días, recordó al banquero comunista, el efecto que tuvo el "Caso Sivak" en su familia y cómo fue su infancia.

Sivak: "A mi padre le impidió seguir viviendo la idea de ser visto como un inescrupuloso"

El periodista Martín Sivak acaba de publicar El salto de papá, donde reconstruye la figura de su padre a partir de sus recuerdos, combinados con los testimonios de las personas más importantes de su vida. En una entrevista concedida a 3Días, recordó a aquel banquero comunista, el efecto que tuvo el “Caso Sivak” en su familia y cómo fue su infancia.

Antes de tirarse de palito de un piso dieciséis, papá se despidió de la clase obrera argentina”, así empieza El salto de papá, el último libro del periodista Martín Sivak. Se trata de una memoria familiar centrada en la figura de su padre, Jorge, un banquero comunista que le puso fin a su vida en 1990.

Si bien el autor define a su padre como un “marginal”, porque nunca ocupó un lugar influyente en la esfera política ni empresarial, su nombre y rostro cobraron notoriedad a raíz del “Caso Sivak”; como bautizó la prensa al secuestro y asesinato -por parte de la mano de obra desocupada de la última dictadura militar- de su hermano Osvaldo. Años después, el nombre Jorge Sivak volvió  a ser tapa de los diarios, por su suicidio, que fue el mismo día en que se declara la quiebra de su empresa.

Pero el libro, que “fue escrito con bronca”, como admite su autor, lejos está de ser un drama familiar, y logra reflejar el contexto político de la época. En un mano a mano con 3Días, Sivak habló sobre su padre, su propia infancia y sobre su tío Osvaldo, a quien le dedica la obra. 

¿Cómo definís El salto de papá además de ser una memoria de tu padre, hay todo un trabajo periodístico, de investigación por detrás?

Para mí es una memoria familiar, centrada en la vida y la muerte de mi papá. Y los recursos que usé son de la escritura periodística, de la escritura en general, de los procedimientos de búsqueda de información y de detalles que son los que usé toda mi vida, de modo que ese es el género, memoria de padre.

En el libro decís que tu padre no fue ni presidente ni gobernador, por poner un ejemplo, y que justamente por eso decidiste escribir este libro, ¿por qué? 

Es aclarar que a pesar de no haber tenido ningún rol protagónico ni haber tenido un rol que supuestamente amerite la publicación de un libro sobre él, arbitrarimente había decidido escribirlo. Un poco es eso. No necesariamente los libros son sobre personas públicas o conocidas. Todos los libros que escribí son sobre personas públicas, sobre temas notorios y sobre temas que supuestamente tienen mayor atención pública. Este libro, que no responde a eso, curiosamente está recibiendo más atención que otros libros que escribí.

Constantemente apelás al humor, ¿es accidental o es una forma de “equilibrar” el texto, para que la historia no sea un “dramón”?

En general, pienso, vivo y escribo parecido a como escribo en el libro, de modo que suena un poco petulante decir de mi parte “el humor”, porque es como si fuese humorista. En todo caso, esos giros humorísticos hicieron que para mí el libro sea mucho más llevadero de escribir, de leer y de releer. No quería que sea solamente un drama, porque de hecho no lo es.

¿Quién fue Jorge Sivak, además de tu papá?

-Lo más importante es que era mi papá. Después, fue muchas cosas en su vida: estudiante de Derecho, militante comunista, miembro de organizaciones armadas, defensor de presos políticos, preso político. Después exiliado y nunca terminó de romper el lazo con la empresa de su padre: Buenos Aires Building, una empresa que comenzó con fondos no declarados del Partido Comunista, y que tuvo varios negocios: una minera, una financiera, un diario, una inmobiliaria. Mi papá, en los últimos años fue un empresario y banquero.

¿Se puede ser banquero y comunista?

-Bueno, él mucho tiempo lo hizo y no es un innovador. Hay muchos banqueros comunistas. Él no lo veía como una contradicción, porque no entendía que el banco y sus empresas eran solamente para incrementar su patrimonio, el capital de la empresa. La empresa tenía que ver más que nada con su idea de intervenir en la vida política argentina; hacer negocios, pero no solamente estaba el deseo puesto en el dinero. Mi papá era bastante desprendido del dinero. De hecho, era muy generoso. No formaba parte de sus intereses, sí quería que la empresa no termine como terminó. Pero no tenía esa idea del éxito empresarial a partir del crecimiento de sus empresas o las grandes ganancias.

¿Dejó de hacer política después de irse de las FAL?

-Sí, orgánicamente, sí. Mi papá era un marginal: no tenía ni una cámara empresarial, Buenos Aires Building era un banco totalmente marginal, lo único que no fue marginal fue el lugar que tuvo por el secuestro y asesinato de su hermano, que tuvo gran centralidad. Pero después, en el lugar de los hechos, no tuvo ninguna organización política, nunca estuvo en ninguna organización empresarial, entonces, los márgenes de acción estaban muy acotados por su propia marginalidad. Que él, por su estilo o personalidad, jugara o creía que jugaba en otras ligas, era parte de las fantasías de papá.

Decís que era un “marginal”, aún así, cuando escribieron la solicitada por el secuestro de tu tío, el título era “Todos somos Sivak” y decís que “no todos podían ser Sivak”,           

Muchas cosas que se dieron en el contexto del “Caso Sivak” hablo con distancia porque tengo la perspectiva histórica, en el contexto de un secuestro, se tiene que apelar a cualquier cosa. Creo que se quería instalar la idea de que “a cualquiera lo podían secuestrar”  y bueno, como era un secuestro extorsivo, obviamente participaron ex policías, para que existiera el caso de mi tío debía haber una empresa que pudiera pagar más de un millón de dólares, debía tener una empresa, redes sociales, un montón de cosas; no todos “podían ser Sivak”. Entiendo el efecto y el caso instaló esa idea de que a cualquiera lo podían secuestrar.

¿Qué significaba el poder para él?   

-Mi papá estaba atravesado por la idea de convertir la Argentina en un país socialista. Era un convencido de que todo lo que se hiciera, tanto en la política, como en los negocios, era para terminar con el capitalismo en la Argentina. Vivía como vivía, estaba convencido de que casi todo lo que debía hacer estaba asociado con eso. Claro que la historia y la política argentina le fijaron los límites. Ese era el gran tema de mi papá. Obviamente que le interesaban las figuras públicas, conversar con ellos. Pero había ahí un tema de fondo, que es terminar con el capitalismo.

Claudia Piñeiro escribió un cuento sobre tu papá, y lo define como “el banquero que no quiso serlo”. ¿Por qué terminó siéndolo?   

-Creo que pesaba mucho el mandato familiar y las circunstancias. Cuando empezó a pensar en independizarse de la empresa, llegó el secuestro de su hermano, que demoró todos su planes, y después del secuestro quedó a cargo de una empresa, y en los últimos años no pudo escaparse de la empresa, de las presiones familiares, de los malos socios, de los negocios delirantes, y quedó atrapado en la empresa. Por eso me parece que es muy preciso el título de Claudia Piñeiro, porque mi papá es un banquero que no quiso serlo.

¿Cuánto pesó que tu papá no haya sido “convencional” al decidirte a escribir este libro?     

-Hay memorias de padres muy lindas sobre padres más convencionales que el mío. Me parece que la escritura está llena de personajes convencionales. En mi caso, cuando vi que era una especie de -que feo decirlo- “personaje”, obviamente fue como un estímulo adicional. Igual, creo que lo hubiese escrito de todas maneras. No es que lo hice porque mi papá era un raro, sino porque tenía ganas de hacerlo, y que haya sido como fue ayuda a que la historia, supongo, tenga más interés.

Contás que a tu hermano y a vos les hacía hacer “cosas de grande”, ¿por ejemplo?

-Era una forma de hacernos participar de su mundo, y su mundo tenía que ver con negocios disparatados con el bloque soviético, de los que nosotros teníamos que opinar, ver, saber, estar al tanto. Cuento en el libro la exportación de Pumper Nic a Polonia, porque fue uno de los que más se interesó y entusiasmó. Me parece que más que el negocio en sí, era la idea de que nosotros pudiéramos asomarnos a ese mundo. Y nosotros nos asomábamos y nos divertíamos, porque era como formar parte de las aventuras de papá. Cada dirigente político, cada militar, cada periodista o cada hombre público que pasaba por casa, quería que nosotros lo conociéramos y que le preguntáramos cosas.

¿Tuviste una infancia “normal”?

-¿Qué es una infancia “normal”?

Y...a mi casa no iba a almorzar Lanusse...

-Fue una infancia no tan convencional pero, al mismo tiempo, uno en un libro escribe sobre lo excepcional. Obviamente que en el libro está enfatizado en lo excepcional. Lo que cambió radicalmente nuestras vidas fue el secuestro de mi tío, ahí sí, porque cambió la rutina. Tener custodia para nosotros fue muy disruptivo: una vida muy protegida de la Zona Norte, aparte en ese momento tener seguridad privada era como una marca fuerte. A mí me marcó mucho. Pero no lo digo como “no tuve infancia”, al contrario, con algunos de esos custodios me llevaba bien, hasta aprendí algunas cosas con ellos. Pero sí, no fue una infancia tan convencional.    

Sos periodista, estudiaste sociología, tu hermano es compositor, y en el libro contás que, entre otras cosas, tu papá quiso ser periodista, sociólogo, pianista, ¿por qué creés que eligieron esas carreras?

Sí. Parece algo totalmente planeado por mi hermano y por mí. Yo empecé a tener interés por hacer lo que hago con mi papá en vida me interesó mucho. Yo empecé un curso de periodismo para chicos tres meses después de la muerte de mi papá, o sea que la muerte me empujó a salir un poco del mundo en que vivía, que era socialmente muy acotado: un colegio en inglés, vivir en Vicente López, de modo que el interés lo fui desarrollando en la práctica. Lo mismo mi hermano, con mi papá en vida empezó a tocar el piano a los 5 o 6 años. Y siempre se interesó mucho por la música y tuvo una gran curiosidad. Los dos somos muy curiosos y son cosas que mi papá y mi mamá nos estimularon mucho. Pero en ningún sentido fue algo conscientemente preparado. Mi papá no daba ese tipo de indicaciones: “vos tenés que ser tal”. Al contrario, nos desarrolló cierta curiosidad, pero no nos indicó que fuéramos nada. 

¿Qué significó el fútbol en su relación?

-Era como un punto de fuga, en los últimos años de mi papá, sobre todo desde el secuestro de su hermano, mi papá estaba muy absorbido por la búsqueda de su hermano y por encontrar a los culpables, de modo que ese tiempo en la vida de mi papá había muy poco tiempo para estar con nosotros. No tenía una gran presencia en nuestra vida diaria. Entonces, el fútbol era un momento en donde podíamos pasar un par de horas juntos. Fue como el lugar común de la paternidad más marcada. La fijación por un club, por una camiseta, por jugadores. Eso me acercó mucho a él.

¿También era una excusa para relacionarse con gente del poder?

-Claro, papá hacía mucho eso de mezclar, nosotros teníamos una cabina de transmisión en la cancha de Independiente donde se podía ver a hombres de izquierda, militares, generales, se podía ver ese mundo bilingüe de papá llevado a un lugar más chicos.

¿La culpa estuvo muy presente en su vida?

-Sí. Totalmente, sobre todo por el secuestro y asesinato de su hermano y por lo de “el Colorado” Jorge Teste [mejor amigo y desaparecido en la última dictadura]. Pero esa culpa no le impedía seguir viviendo; era muy vital, hasta su depresión final. Creo que lo que le impidió seguir viviendo fue la idea de ser visto como un banquero inescrupuloso que estafó a sus ahorristas para llenarse de dinero.

Conseguiste varias hipótesis prestadas sobre por qué se suicidó tu papá. ¿Esa es la que más te convence?

- Creo que a mi papá, que había sido preso político durante la dictadura de Lanusse, le resultaba insoportable volver a la cárcel por un delito económico. Creo que, en todo caso, signó sus horas finales: tener miedo a terminar preso.

Decís que escribiste este libro con bronca, ¿por qué, con quién?        

Bronca por lo que pasó, por cómo se portaron algunas personas, pero lo que me estimuló a escribir este libro no es la bronca. Al contrario, sino, a salvar las cosas lindas. En el medio sí, elegí ser honesto, hasta descarnado, con algunas personas es como yo pude reorganizar la historia, que es una historia caprichosa, que no es la historia oficial, balanceada; es un hijo que trata de recordar al padre y en el medio también recuerda a las personas que lo quisieron y a las que le hicieron mucho daño.

¿Algunos de ellos te contactó después de la publicación del libro?

Marta Oyhanarte no me contactó, [José Luis] Manzano no me contactó, Samuel Sivak no me contactó, porque se murió, Jardín de Paz no me contactó. Todas las personas que mencioné sé que lo leyeron, pero nadie me contactó. Así que… todos tienen mi correo.  

Quién era Samuel, tu abuelo. De hecho, cuando hablás de él no le decís “abuelo”, sino que lo llamás por su nombre. 

No es que nací diciéndole “Samuel”. Pero cuando hablo de él, su desafecto y su desamor con mi papá y con otros miembros de la familia como mi hermano me hace llamarlo por su nombre.

¿Cómo fundó su “imperito”, como le decís en el libro?

En la mitología familiar, Samuel tenía una sola camisa y se la planchaba todos los días y le empezó a ir bien cuando se asoció secretamente con el partido comunista para comprar una minera y a partir de ahí desarrolló sus propias habilidades. No es que toda su fue un miembro oculto del Partido Comunista; en un emprendimiento específico se asoció, terminó mal esa asociación con el PC por situaciones que no son del todo claras. Lo que sí es que terminaron del todo mal. Y después de ahí era un empresario  muy bueno, muy eficaz para los negocios. Se pudo expandir y fundó su empresa en el año de nacimiento de mi papá, 1942, y la empresa se fundió exactamente el día que murió mi papá; el día de la quiebra. Entonces, la vida de mi papá es también la vida de su empresa.

¿Le soltó la mano a tu papá? ¿Por qué?           

Sí. En un momento tan definitivo y crucial en la vida de mi papá, él no mostró ningún interés en querer ayudarlo. Me parece que lo que prevalecía en él era el enojo por el mal manejo de la empresa. Algo que era cierto, porque mi papá era un muy mal administrador de la empresa.

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