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"Sin Magnetto, a Clarín le hubiese resultado mucho más difícil sobrevivir"

En "Así lo viví", Marcos Novaro reúne las conversaciones que mantuvo durante meses con el líder del Grupo Clarín. En un mano a mano con 3Días, cuenta el detrás de escena de charlas reveladoras.

Con prólogos de los periodistas Marcelo Longobardi y Carlos Pagni, el sociólogo e investigador principal del Conicet, Marcos Novaro, lanzó Así lo viví, libro en el que transcribe las conversaciones que mantuvo durante varios meses con Héctor Magnetto, CEO del Grupo Clarín. Éste se convirtió en uno de los protagonistas de la última década, al ser el "enemigo del pueblo" elegido por el gobierno kirchnerista. Por ello, Novaro se propuso contar su historia. "Cerrar Clarín fue una obsesión del kirchnerismo", asegura.

Durante una entrevista concedida a 3Días, el autor habla sobre los diálogos que mantuvo con un "nostálgico de Frondizi", como él lo define, y aporta su propia visión al respecto.

¿Por qué el kirchnerismo se "ensañó" con Magnetto?
-Sin Magnetto, a Clarín le hubiese resultado mucho más difícil sobrevivir y eso los Kirchner lo entendieron perfectamente. Después le pregunto por su salud, sobre cuánta especulación había sobre si el cuerpo le resistía, porque eso probablemente influyó. Y también, que él no tenía una voz pública. Todo el mundo sabía quién era, pero nadie sabía qué pensaba. Nunca lo habían escuchado. Es como el que está en boca de todos pero es una persona oscura, nadie lo conoce, y eso creo que los Kirchner lo supieron aprovechar muy bien.

¿Hubiese cambiado algo si renunciaba?
-Eso se lo pregunto y me parece que tiene razón él. Las cosas hubiesen seguido un curso igual o peor. La respuesta que él da, que me parece que es la más interesante, es que todos los empresarios de medios que negociaron con el chavismo terminaron exiliados. Y las empresas, destruidas. Si los tipos aflojaban en algo, después iban a tener que aflojar en todo. Magnetto es un tipo terco, rígido, esa nostalgia desarrollista lo hace ser una especie de monje negro de la historia política argentina. Tiene un aspecto muy melancólico. Pero por otro lado, le dio la fuerza de voluntad para seguir ahí, aunque todo el mundo pensara que era un demonio. Eso como fenómeno es muy curioso.

En el prólogo del libro, Longobardi dice que Magnetto fue crucial entre los límites que encontró el kirchnerismo en sus intentos por llevar a la Argentina al chavismo. ¿Coincidís?
-En términos generales, hubo un intento de chavizar. El proyecto kirchnerista se radicalizó y, si lo hubieran dejado, hubiera ido en esa dirección. Diría que Clarín fue importante, pero hubo otros actores. Aún si lo cerraban, y esa posibilidad existió, la Argentina no se hubiera convertido en Venezuela, había demasiada resistencia de otros actores en la justicia y en la sociedad, incluso en los momentos que acompañó al kirchnerismo. La gente que acompañó a Cristina en 2011, en buena parte, consumía medios que hubieran generado alternativa. El propio peronismo y el sindicalismo peronista son parte del freno al "Vamos por todo". Me parece que fue muy importante el rol que cumplió Clarín, no hay que desmerecerlo. Ni tampoco desmerecer la amenaza que significó la radicalización kirchnerista, pero no hay que personalizar exclusivamente en Clarín la resistencia.

¿Por qué el Gobierno anterior insistió tanto con Clarín cuando había también otros medios críticos?
-Hay dos puntos. Uno, la cuestión del tamaño del público y que tenían el componente audiovisual. Probablemente los Kirchner iban a soportar a los diarios, pero no poder controlar la radio y la tele, no. El segundo problema es el perfil ideológico de Clarín, que les complicaba la vida mucho más que, particularmente, La Nación, que era el enemigo esperado. Clarín, no. Si Clarín decía que había errores en política económica, no se leía como una crítica de los liberales, sino de desarrollistas, y eso para Néstor fue un problema desde el principio. Es cierto que cuando Clarín publica sobre la crisis energética, lo hace casi al mismo tiempo que la prensa en general, pero se las toma con Clarín como diciendo "ustedes no me pueden hacer esto, me están traicionando".

Clarín, ¿no dejó de lado su rol periodístico durante el conflicto?
-Eso es parte de una discusión sobre el "periodismo de guerra". Magnetto contesta con un argumento que, desde su punto de vista, me parece sólido. Él dice: "¿Qué fue lo que informamos que fue exagerado -ni siquiera hablemos de mentiras-, la corrupción, inflación, pobreza, los problemas internacionales?". Clarín informó, en algunos casos, muy por debajo de lo que se reveló después. Por ese lado, rechaza los del "periodismo de guerra". Yo creo que en algunos momentos ese argumento es un poquito discutible. En 2011, cuando se recompone el liderazgo de Cristina, Clarín, igual que otros medios, no se dio cuenta de lo que pasaba, un poco por el fervor de la batalla. Ahí me parece que sí fue, por lo menos en alguna medida, influido en el rol periodístico y de análisis. No le explicó a la sociedad que el kirchnerismo estaba muerto y de pronto resucitó.

El kirchnerismo, ¿verdaderamente quiso acabar con Clarín?
-Creo que quisieron ir hasta el fondo y no pudieron. No me parece que sólo hayan querido condicionarlo o quitarle legitimidad a su línea editorial. Quisieron cerrarlo en serio. Fue una obsesión más que una estrategia. Si hubieran tenido como estrategia condicionar al grupo, debilitarlo, hubieran aceptado el plan de adecuación, que era un instrumento bárbaro para decir "terminó la guerra y ganamos porque Clarín tuvo que aceptar que la ley los divida". Eso era falso, en realidad, Clarín iba a seguir existiendo como varios Clarines. Era como una historia a medias, pero servía para que el kirchnerismo diga: "ven, nosotros no queríamos cerrar una radio sino, desconcentrar". Esa era una oportunidad muy buena para bajar los niveles de polarización y desactivar el problema, y no lo tomaron. Siguieron por la vía de "queremos ver a estos tipos morder el polvo". Quisieron hacer torta al adversario. Fueron a eso: matar o morir.

¿Cómo ves los vínculos de Cambiemos con la prensa?
-Hay bastantes similitudes con la época de Alfonsín. Cambiemos es un gobierno que generó optimismo en alguna medida insustentable y que empieza a ser juzgado por ese optimismo que creó, y no por las posibilidades reales de gobierno. Y ahí hay un poco de responsabilidad del Gobierno, no tiene por qué quejarse de algo que creó. Por otro lado, hay un problema del rol periodístico: a la gente, ¿le decís la verdad o cultivás el malhumor, que es el que más vende? Hay un clima de ese tipo, moderado, pero parecido al de Alfonsín. Creo que hay una especie de tono moderado que hace que las cosas finalmente fluyan y nada de lo que está en discusión sea tan grave. Los funcionarios están muy enojados con muchos periodistas y dicen: "Ustedes nos tratan tan mal después de que nosotros salvamos al país del desastre. Si ganaba Scioli, esto se hundía". Está bien, eso es cierto, pero vos metiste la pata. Alimentaste un optimismo que no podías cumplir. Bancatela.