Viernes  17 de Agosto de 2018

"Siento que los empresarios que antes compraban favores del Estado con plata ahora lo hacen con información"

El escritor radicado en España, Martín Caparrós, marca así la contradicción que encuentra en la aplicación de la ley del arrepentido que posibilitó comenzar a desmontar el sistema de las coimas durante el kirchnerismo. Aunque admite que sin ese mecanismo la verdad no saldría a la luz. Sobre la grieta por el aborto, cree que reedita la vieja discusión entre "progreso y oscurantismo".

"Siento que los empresarios que antes compraban favores del Estado con plata ahora lo hacen con información"
El escritor y periodista radicado en España, Martín Caparrós, visitó una vez más el país pero, esta vez, no lo hizo para presentar un libro, sino para dar un taller sobre textos periodísticos con la Fundación García Márquez y la Fundación PROA, y para participar de un programa de TNT Sports durante el Mundial. De paso, aprovechó para ver la película que dirigió Agustina Macri, hija del Presidente, basada en su obra Amor y Anarquía. "Me gustó mucho. Fue como un alivio, porque quién sabe lo que se puede hacer con un libro", confiesa.

En un mano a mano con 3Días, el escritor habla sobre el debate por la despenalización del aborto y la intervención de la Iglesia para evitar su aprobación, da su visión sobre el escándalo de las coimas K y cómo ve a Cambiemos en el ejercicio del poder.

¿Cómo ves a la Argentina? ¿La notaste diferente a la última vez que habías venido?

-La última vez fue hace cuatro meses. Fue una visita inusualmente inmediata a la anterior y, sin embargo, sí creo que había una diferencia. Me parece que esta última crisis del dólar y demás tuvo un efecto fuerte sobre mucha gente. Me parece que para muchos fue como un mazazo, fue como una especie de confirmación de que no salimos de ese ciclo nefasto de crisis y pequeños intentos y nueva crisis, y pequeños intentos, y nueva crisis; de lo que llamo "el país calesita", ¿no? Me parece que, de verdad, vi mucha gente más desanimada que otras veces, con esta sensación de que todo sigue siendo más o menos igual.

¿Cómo ves que el Gobierno, en vez de hablar de "crisis", use eufemismos meteorológicos como tormentapara caracterizar la complicada situación económica del país?

-Cuando se creen que cambiando de palabra, que apelando a la sinonimia pueden hacerte olvidar que no te alcanza para comprarte el bife, me dan un poco de pena. O sea, así es como nos va: dirigidos por gente que cree que alcanza con usar "tormenta" en vez de "crisis" para que algo cambie. ¿Somos todos idiotas? Quiero decir: las personas saben cuándo les alcanza para comer y cuándo no. Que le llamen a eso "crisis" o "tormenta" da exactamente lo mismo. Solo demuestra la soberbia y la desconsideración de algunos.

Cuando llegó Macri, se decía que iba a gobernar para los ricos, Hoy, ¿coincidís en esa afirmación?

-Está claro que no gobierna para los pobres, en todo caso. Lo que no está muy claro es que haya realmente beneficiado a una parte significativa de lo que podríamos llamar "los ricos". Benefició a los productores agrarios. El resto de los sectores más poderosos de la sociedad argentina no da la impresión de que se haya beneficiado particularmente. Y eso supongo que es uno de sus grandes fracasos. Objetivamente, uno esperaba que gobernara para la mayor prosperidad de bancos, empresarios y demás, y no están más prósperos ahora que hace dos o tres años. Creo que la mayor sorpresa de este gobierno es esa.

En otra entrevista dijiste que si Tinelli fuese presidente, volverías al país para irte definitivamente. ¿Por qué suenan ese tipo de figuras como posibles candidatos?

-Creo que es un dato de lo despistados que estamos, de lo perdidos que estamos: que alguien cuya única razón para ser conocido haya sido presentar un programa de mujeres medio en pelotas, chistes malos y pelea de conventillo pueda ser pensado como presidente cuando nadie tiene la menor idea de cómo serían sus ideas políticas, sus medidas, su proyecto de país. No hay ninguna noción de eso y, sin embargo, se puede llegar a comentar la posibilidad de que él dirija ese país, de que lo elijamos para dirigir ese país, de lo cual no tenemos ni idea de lo que querría hacer. Es una muestra de que la política, tal como existe, no funciona.

¿Estamos ante una nueva ola antipolítica?

-Sí, pero una cosa es ser antipolítica o antipolíticos y otra es ser anti nosotros mismos. Vamos a ser suicidas. Hay que tratar de hacer de la antipolítica algo un poco más interesante que elegir a un inepto solo porque sale con frecuencia por televisión. No solo un inepto, que sea un inepto es grave, pero no tan grave como que sea un ignoto, quiero decir, que nadie tenga ni idea de lo que podría querer.

¿Por qué no hay más debates como el que se vio en el Congreso por la legalización del aborto, que fue más allá de la "grieta"?

-No lo sé, porque no sé qué es lo que piensan. Si uno se pusiera suspicaz, pensaría que porque el tema del aborto resulta muy sensible en cuestiones ideológicas, religiosas y demás, pero no socioeconómicas y políticas, en última instancia, relacionadas con el poder. Quizás por eso pensaron que era más inocuo permitir discutir eso, que alentar la discusión sobre, por ejemplo, qué hacemos con el Ejército.

¿Cómo viste la intervención de la Iglesia?

-A veces admiro a la Iglesia católica, porque me parece que en ciertas circunstancias es una de las instituciones con más principios que hay. O sea, tiene esos principios totalmente reaccionarios, medievales, intolerantes, y los mantiene allí donde muchos otros organismos tratarían de contemporizar, de ver qué quiere la población, y adaptarse a eso, ellos no abandonan en absoluto sus convicciones más retrógradas y las mantienen. En ese sentido, son relativamente admirables.

Eso que el Papa es peronista...

-Sí, un Papa peronista que equiparó a los partidarios de la legalización del aborto con los nazis. Es decir, un Papa peronista que se fue totalmente de la pista.

Considerando que Cristina fue ocho años presidenta y no hizo nada al respecto, ¿qué opinión tenés sobre su voto en el Senado?

-Ese día escribí, con perdón, que seguía robando pañuelos. Primero se quedaron con los pañuelos blancos de las Madres; no habían hecho nada por los derechos humanos cuando era difícil, necesario y, después, fueron los grandes humanistas cuando todo había pasado. Con los pañuelos verdes de las feministas hicieron lo mismo: Cristina presidente se opuso a que se tratara el tema del aborto cuando podría haberlo solucionado fácilmente y después de pronto lo descubrió cuando lo suyo ya no era decisivo.

¿Cómo ves que se empiece a debatir la separación del Estado y la Iglesia?

-Me dicen que, justamente, uno de los efectos de toda la discusión por el tema de la legalización del aborto es una especie de aumento del anticlericalismo entre los chicos más jóvenes y las chicas, sobre todo. Me han contado varias historias, en ese sentido, me parece interesante. Alguien tendrá que llevar ese viejo estandarte volteriano a alguna parte. Es muy curiosa esta discusión porque, finalmente, como vos decías, de algún modo deshace ciertas divisiones bastante falsas que tenían que ver con aquello que llamábamos "la grieta" y recupera divisiones muy anteriores y mucho más profundas entre la razón y la superstición; la ilustración y el mito, ¿no? Es casi una pelea, insisto, volteriana del siglo XVIII, que viene sucediendo una y otra vez, entre el progreso y el oscurantismo.

¿Qué opinás de la investigación de La Nación sobre "los cuadernos de las coimas"?

-Lo de los cuadernos -quizás porque estaba ocupado- no me hizo pensar nada distinto de lo que ya pensaba. Y me parece que su característica principal es que no revelan nada: confirman, si es que confirman, y hay que ponerlo con ese condicional, si es que hacen algo, sería confirmar aquello que muchos pensábamos. No son revelaciones, son confirmaciones. Entonces, lo que ya lo pensaban dicen: "Ven, esto era como decíamos". Y los que no, dicen: "No, son falsos". Se definirá dentro del tiempo que sea necesario cuán falsos o verdaderos eran, pero, en todo caso, no nos muestran nada que no supusiéramos sobre la clase política, me parece.

Pero, esta vez, no solo apunta a la clase política. Hay varios empresarios detenidos...

-Menos mal, ¡aleluya!, quiero decir: pareciera que a los políticos los sobornaba el espíritu santo. Era un pase de magia extraordinario, que estaba lleno de políticos que se llevaban de dinero y no se sabía quién se los daba.

Les creés a los empresarios que dicen que dieron el dinero porque fueron extorsionados, y que no recibían nada a cambio...

-Bueno, ellos mismos se dieron cuenta de que era tan increíble que ya dejaron de decirlo.

¿Y a la Justicia?

-La justicia argentina es eternamente sospechosa -y se ganó esa sospecha con trabajo y dedicación. Pero en este caso parece que algunos de sus integrantes quieren reivindicarse. Ya veremos. Aunque hay algo en el sistema que usan, el del arrepentido, que me preocupa: por momentos parece que los empresarios que antes compraban favores del Estado con dinero ahora los compran con información: que siguen corrompiendo, siguen consiguiendo cosas que cualquier mortal no conseguiría. Pero también es cierto que, sin ese mecanismo, sería difícil saber nada...

Creés que esto puede derivar en un Mani Pulite argentino o, más bien, en una especie de omertá?

-Por ahora alcanzó para mostrar que muchos empresarios argentinos, muchos de esos señores amables y bien vestidos que se quejaban de la corrupción, son tan corruptos como los políticos argentinos, esos señores amables y bien vestidos que se quejaban de la corrupción. Es un avance.

Hay quienes dicen que se usa al periodismo para "tapar" lo que pasa en la economía. ¿Qué pensás, como periodista, cuando se los acusa de ser usados para operaciones?

-Por un lado, hay gente en problemas, que sobreestima mucho el poder del periodismo y la capacidad estratégica del periodismo. Piensan que un tipo que hace seis meses, como Diego Cabot, recibe una información y la trabaja y la busca y qué se yo, está pensando que éste es el momento de lanzarla porque entonces si es así, como Cristina ganó cuatro puntos en las encuestas con respecto al mes pasado... Digo, a un tipo, de casualidad, le llega un material, como es su trabajo, y se calienta con eso, lo sigue, lo busca y cuando lo tiene, lo lanza. Por supuesto, los dueños de los medios pueden pensar que con eso hacen algún pequeño negocio, pero ningún negocio sucede si no se producen esos azares previos: que alguien consigue una información que no tenía, que la sigue, que la comprueba, es mucho más simple y menos maquiavélico. Y, por otro lado, es una defensa un poco pobre.

¿Imaginás a Cristina Fernández presa?

-Sí, pero me aburre.

¿Cómo ves que lidere algunas encuestas?

-No lo sé. Da la sensación de que no tiene posibilidades de volver a gobernar. En un principio, creí que no iba a volver a gobernar, pero, qué sé yo. Quién soy yo para saber o no saber. Me sigue pareciendo lo mismo que hace tres años, cuando terminó su gobierno.

¿Y cómo ves que no surjan figuras nuevas?

-No hay. Ése es el problema. Una de las cosas más curiosas de este momento político es que, en general, cuando un gobierno pierde capital, hay como sectores amplios que están muy satisfechos, porque hay otros que recuperan ese capital que pierden. En este momento, son pocos los que están contentos con la pérdida de capital político del Gobierno, es un sector muy chiquito, el kirchnerismo duro. El resto está más bien preocupado, porque no hay la sensación de que haya otros que la recuperen, da la sensación de que es pura pérdida, pura entropía. Y esto es distinto de lo que suele pasar.

¿Qué lugar ocupará Cambiemos en los libros de historia?

-Para empezar, depende mucho de lo que pase el año que viene, si se reelige, ahí ya va a tener un lugar en los libros de historia. Si no, va a ser otra tentativa más del radicalismo por recuperar algún lugar en el concierto político argentino, radicalismo en el sentido amplio, sociológico, digamos, de ese espacio. Radicalismo que, entre paréntesis, se está cubriendo de gloria en estos días, con estos senadores que es el partido que más aporta al "no" por la legalización del aborto. Pero, si no se reelige, será eso. Si lo reeligen, quizás se pueda empezar a pensar que abren una etapa propia en la historia argentina, una etapa que nadie sabe a dónde apunta. Eso es lo sorprendente. Nada de todo esto sirve para nada mientras no haya algún intento de recomposición, de refundación de la Argentina. Está claro que no funciona. Estas crisis periódicas, esta especie de trampa en la que está enganchada la economía, que permite que haya 25% ó 30% de la población marginada, que esté cada vez más fuera, que sea cada vez más violenta, que haga que la vida en la Argentina sea cada vez más complicada, no funciona. Los intentos de remiendo que se vienen haciendo hace 20 ó 25 años, tampoco funcionan. Entonces, va a haber un momento en que va a ser necesario decir: "Bueno, pensemos cómo hacemos para empezar a hacer otra cosa". Que haya un corte serio.

Cómo tiene que ser ese momento. Tenemos un 30 por ciento de pobreza y no llega...

-Ése es el problema. Lo que pasa es que, obviamente yo no sé cómo es ni ese momento, ni ese proceso. Sé que hasta ahora, la discusión vía los dos o tres jefes políticos presentes, no funciona: llega uno al gobierno, lo intenta más o menos, hace algunas cagadas, lo sacan, viene otro, no pasa nada. Lo que me parece claro es que habría que cambiar en la forma del intento, digamos. Creo que habría que convocar a una especie de gran debate nacional para ver qué se puede hacer con tres o cuatro cosas.

¿Imaginás una dinámica similar a la del debate por la legalización del aborto?

-Sería genial, son problemas mucho más complejos, por supuesto. Porque, en este caso, la solución es más o menos binaria: sí o no. En cambio, en lo que yo digo, habría que inventar soluciones, y esas soluciones, por supuesto, dejan a algunos más contentos que a otros. Pero creo que vale la pena empezar a pensar cómo se hace, porque si no, vamos a seguir dando vueltas en la misma calesita, una y otra vez.

Sorpresa y decepción

- "Me sorprendió agradablemente", dice Caparrós, cuando se le pregunta por el impulso que le dio el presidente Mauricio Macri al debate por la legalización del aborto.

"Nadie se olvida de que no llega a fin de mes porque hay un debate en el aire", le sugiere a quienes acusan al Gobierno de impulsar el tema para "tapar" la crisis económica que atraviesa el país. "Más allá de las posibles intenciones, me parece un sistema que me interesa, que habría que replicar con otras cuestiones: esto de poner en discusión algo, en vez de decidirlo autocráticamente o por medio de oscuras negociaciones politiqueras", agrega. Y pone un contraejemplo: "Me sorprendió, y decepcionó bastante, en ese sentido, que, por ejemplo, el cambio en el rol de las Fuerzas Armadas se haya hecho por decreto, ya ni siquiera por una ley, sino por un decreto, sin preguntarle pero ni a la madre, ¿no? Me parece que ése era un buen caso para someterlo a la discusión general: ¿para qué queremos tener Fuerzas Armadas, para qué sirven, cómo las usamos, cómo las mantenemos, ¿son necesarias?".

En Twitter, sin vueltas

- "El método de Cristina Fernández: apoyar las causas cuando ya no sirve. Ahora, la ley de aborto que siempre combatió. Siempre robando pañuelos". (9 de agosto)

- "En la Argentina actual los únicos triunfos importantes de los políticos son los errores o los delitos de los políticos contrarios. Ganar es ver perder al otro: contar quién miente más, quién erra más, quién arruina más el país". (11 de agosto)

- "No sabía en qué Dios no creer. Te insisten mucho en que el más peligroso es Alá, y Jehová hace lo suyo. Hasta que ves los esfuerzos de Bergoglio y los suyos para que las mujeres pobres sigan muriendo de aborto en Argentina -y me quedó claro". (13 de agosto)

Ernan Cardoso

Un placer leerte Martìn!

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Horacio Esteves Montoli

El hombre es un contrasentido.

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Roberto Molina

Quedate en España , como Firmenich y no vuelvas

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