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Sicilia a la carta

Los más genuinos platos del sur italiano pueden disfrutarse contemplando el Volcán Etna, en una interesante variedad de restaurantes y trattorias que se hilan alrededor de las plazas públicas de la sureña isla europea.

Cuna de Afrodita, Sicilia es puro amor. Reflejada en el séptimo arte en películas como la obra maestra de Giuseppe Tornatore, Cinema Paradiso (1989), y en la memorable Il Postino (1994), de Massimo Troisi, la isla se muestra como una pequeña porción de tierra excluida del continente europeo de cuyos poros emerge la pasión, acariciada por el sol del fantástico Mediterráneo.

A la delgada franja costera este de la isla se la denomina la Riviera dei Limoni, y está a unos escasos kilómetros de la costa calabresa. Forma parte de la provincia de Catania y contiene nueve ciudadelas hermanadas por el prefijo Aci. También conocida como la Riviera dei Ciclope, forma parte de un sector que al descubrirlo no se deja opacar por sus vecinas ciudades turísticas de Palermo y Taormina.

Hablar de gastronomía en Sicilia es como hablar del clima en Inglaterra. Forma parte fundamental de su cultura y sumerge en un mundo con cualidades únicas. En un mini tour culinario, se puede hacer contacto con lo más íntimo de las costumbres populares. Aunque vale la pena tener algunos datos, ya que cada región tiene sus protagonistas.

Zona por zona

Acireale es la ciudad de las iglesias y palacios barrocos situada a unos 30 kilómetros de Catania. Reconocida también por las aguas termales, los desfiles de carnaval y los abundantes platos de comidas, sus angostas callejas culminan siempre en alguna plazoleta, con un café, una trattoria o un buen restaurante sin muchas pretensiones de lujo. Entonces, habrá que comenzar con una degustación de antipasti; infaltable será un Arancini di Riso (bolas de arroz), algo de Parmigiana (berenjenas con queso parmesano, salsa de tomate y albahaca) y algunos pancitos saborizados como Cunzato, o el tradicional Scacciata (pan liso). Luego será bueno pasar al primer plato, una Pasta con la Mollica e le Acciughe (pasta con croutons y anchoas) o un Maccu (pasta hecha de arvejas cocidas). Cualquier local se ofendería si no se prosigue con un plato principal. El Falsomagro Agglassatu (cazuela de carne) es excelente, aunque no es mala idea ordenar algo más liviano como una Caponata (guiso de vegetales). Si la cena es demasiado abundante, nada mejor que un digestivo con el Granite di limone (helado saborizado con limón, café y almendras), y como siempre, café espresso para la sobremesa.

Ahora bien, en Italia sentarse a comer no es un acto arbitrario. Toma su tiempo. Ningún mozo lanzará nada a las apuradas, ni dejará la cuenta en su mesa, mientras que esté tomando el café. La hora del almuerzo se respeta religiosamente, y qué mejor idea que disfrutar de la cocina de mar, frente al mar Jónico en un diminuto pueblito de pescadores.

Aci Trezza se encuentra a 12 kilómetros de Catania; es una villa marina resguardada por las rocas de lava volcánica que forman los tres cíclopes y su embarcadero enfrenta a la Isla de Lachea. Un domingo al mediodía será imposible conseguir un lugar para comer allí sin haber hecho reservas. La aglomeración de pedestres y autos es increíble y esperan una misma recompensa: pasta con frutos de mar. Para comenzar, es recomendable experimentar unos Spaghetti Nero di Seppia (o en tinta de calamar) que bien se acompañan con unas bruscchettas, para luego proseguir con un Tonno con Cipollata (atún cocido con cebollas) o un Calamari ripieni, combinado con un vino autóctono Etna Bianco.

Mil opciones

Las propuestas gastronómicas son tan amplias y variadas que tomaría más de un viaje apreciarlas en su totalidad. Aunque la región no es extensa, su cocina varía de acuerdo a la disponibilidad de elementos y estaciones. Catania tiene sus platos típicos, algunos de ellos se preparan casi con exclusividad en las trattorias que rodean la Piazza del Duomo, en el centro del circuito histórico.

A unos pasos de la Fontana delle Elefante y del Mercado de Peces, situados en la intersección de Corso Vittorio Emanuelle y Via Etnea, se pueden encontrar una madeja de callecitas pobladas de cafés y restaurantes. El plato a pedir es Maccheroni alla Norma, una delicia local que consiste en una pasta con berenjenas y ricota, en tanto Pizza alla Siciliana, con anchoas, atún y queso es otra de las especialidades. Para los apetitos más refinados, el lugar es famoso por sus festines con pez espada y nadie puede dejar de probar una Cassatta Gelate (tortas heladas) o un sorbete de frutas, en la isla europea donde se inventó el helado.

"Un ristretto, por favor...", para alargar la sobremesa, y también un bajativo, un lemoncello casero no vienen mal. Sicilia, ¡salud!

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