Scioli ya se prepara para dos años de batalla contra CFK

Los dos primeros años van a ser de lucha por el poder". Palabras más, palabras menos, es la frase en la que coinciden hoy sciolistas y kirchneristas para describir a la Argentina que viene, si la fórmula Daniel Scioli-Carlos Zannini triunfa en las elecciones presidenciales de octubre.


Ni cepo, ni inflación, ni la crisis energética, o un plan contra la inseguridad. La prioridad de este binomio, que se esfuerza por mostrarse complementario, es quién tendrá el control del poder desde el 11 de diciembre: Scioli o Cristina.


Si gana, Scioli confía en generar una estructura de decisiones propia, de legitimidad personal, con la conquista del peronismo a través del manejo de los fondos del Estado que estarán a su disposición, y que le permitirán armar listas con dirigentes leales en las elecciones legislativas del 2017.


Sin embargo, el ultrakirchnerismo asegura que eso nunca sucederá y ya planifica limitar al máximo los movimientos de Scioli con proyectos de ley a los que no podrá oponerse sin pagar un alto costo político, además de declaraciones altisonantes para que no se aparte del "proyecto".


"Si gana Daniel, se van a acomodar las cosas. Va a tener los recursos, y va a ser el único que maneje la lapicera para firmar cheques, para alinear a los gobernadores y también a quienes hoy todavía lo miran con desconfianza", se entusiasman en el selecto grupo que responde al candidato a presidente.


Al kirchnerismo poco le importa. Y aunque se niegan a repetirlo en voz alta, o a permitir que se escriba la información con nombre y apellido, recuerdan que tal como la Presidenta armó las listas de legisladores, Axel Kicillof presidirá la Comisión de Presupuesto y Hacienda y Zannini se encargará de controlar la Comisión de Acuerdos del Senado, la misma por la que pasan los reemplazos que deberán definirse en la Corte Suprema de Justicia. Hay quienes ya aseguran que la propia Cristina podría terminar como jueza decisiva del máximo tribunal.

Cámpora y De la Rúa

Ex jefe de Gabinete de Néstor y Cristina, ex sciolista, Alberto Fernández, lo define con crudeza: "Está claro que Zannini es un comisario político y que Cristina va a conducir el Congreso, Senado y Diputados, desde afuera, para mantener su poder. Va a ser difícil para Scioli lidiar con esto". Y agrega: "Ya lo vimos con Cámpora y con (Fernando) De la Rúa, cuando hay un presidente en la Casa Rosada y el poder está en otro lado, la historia termina mal".


No es difícil imaginar proyectos de ley promocionados como "revolucionarios", presentados como la profundización del modelo "nacional y popular" y con la firma de los legisladores camporistas como Wado De Pedro, Andrés Larroque o Axel Kicillof. Sin menospreciar la incógnita que plantea el debut político de Máximo Kirchner en Diputados. Cristina, ahora se sabe, se preservó para mantener intacta la autoridad que le dio aquel 54% de votos en 2011, pero tendrá siempre alguna observación política en modo imperativo, para marcarle la cancha a Scioli, si es presidente. Ya lo ha hecho en el pasado, especialmente cuando no es un año electoral y no necesita los votos del hoy gobernador para ganar una elección.


¿Podrá Scioli presidente contradecirla públicamente? ¿Podrá oponerse a las iniciativas de La Cámpora, a quienes considera en público "el futuro de la Argentina?" ¿Podrá soportar la autonomía de Zannini, que podría convertirse en una suerte de oposición permanente?


No ha sido nunca el estilo del gobernador bonaerense enfrentarse a sus ex jefes políticos. Ni a Carlos Menem, ni a Adolfo Rodríguez Saa, ni a Eduardo Duhalde. Mucho menos a Néstor Kirchner o a Cristina. La pelea frontal no es ni ha sido su marca personal.


Pero el sciolismo zen tiene respuestas fatalistas para cada interrogante. "A Daniel le impusieron ya un vice y hoy Gabriel Mariotto es sciolista, siempre sobrevive". Y recuerdan que Néstor Kirchner también asumió la Presidencia en 2003 con Duhalde como su comisario político, y en dos años logró revertir la situación "con la billetera del Estado". Pero el propio Alberto Fernández, quien fue parte de ese proceso en 2003, cree que no son situaciones políticas comparables. Primero, porque Duhalde, después del traspaso de poder a Néstor, no tenía ningún poder político propio en el Congreso. Y además, porque la estrategia de Néstor Kirchner fue el enfrentamiento permanente como construcción de poder.


"Kirchner nunca aceptó que Duhalde se meta en su Gobierno. Duhalde quiso que Chiche Duhalde fuera su candidata a vicepresidente, y Néstor nunca lo permitió. Chiche hubiese sido a Néstor lo que Zannini es ahora a Scioli", recuerda el ex jefe de Gabinete kirchnerista.


Dos años de domesticación. "Van a ser dos años complicados, pero Daniel sale siempre bien parado", se autoconvencen los sciolistas puros. "Zannini y La Cámpora son los garantes del poder de Cristina, no vamos a dejar que Scioli se mueva del camino marcado por la Jefa", desafían desde el ultrakirchnerismo. Y rematan sin dejar dudas: "Scioli va a tener que seguir dando pruebas de cristinismo porque Zannini, sciolista no va a ser nunca".

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