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Scioli: la "conurbanización" del país

Según Iglesias, el candidato del FpV fue parte activa del deterioro de la Argentina en el último cuarto de siglo. Le reprocha el resultado de las cinco adminstraciones peronistas de las que participó, su discurso "ambiguo" y su "obsecuencia".

Scioli: la

Pocas demostraciones más contundentes de la desorientación que impera en cierta progresía argenta, la misma cuyos representantes cargan el fardo de 12 años de votar barrabasadas kirchneristas, que la afirmación "Macri y Scioli son iguales". La política no es simple competencia de personalidades; si lo fuera, pocos individuos me parecen menos parecidos.
De un lado, un exitoso inventor de sí mismo, que abandonó la seguridad de la herencia paterna en los negocios para liderar la gestión más exitosa que se recuerde de uno de los clubes más importantes del mundo y, sosteniblemente, el jefe de gobierno de la mejor gestión de un distrito nacional de los últimos años, con puntas destacadas en cultura y transporte público (de las que el Metrobus y las bicisendas son los emblemas). Del otro, un obscuro personaje del que se ignora todo mérito, y cuyas características salientes son el uso de su discapacidad física como elemento de campaña, lo ambiguo y elemental de su discurso, y la ostentada obsecuencia.
Una biografía, además, hecha de fracasos epocales: fundió la empresa paterna, Casa Scioli, un ícono de los electrodomésticos argentinos; se le incendiaron dos de los quinchos que tenía en sus departamentos, muriendo el encargado del edificio en el primero durante el intento de rescatar a su familia; tardó 15 años en reconocer a su hija; volcó la lancha con la que corría en una categoría menor de la motonáutica con el único objeto de proclamarse campeón mundial, a pesar de que casi siempre la manejaba otro; se le inundó la capital de la provincia que gobernaba, primero, y la provincia misma, después, en dos episodios en los que demostró su insensibilidad y bajeza moral mintiendo el número de muertos, en uno, y escapándose a Italia con su mujer en medio de la inundación, en el otro; inventando al regreso una absurda historia sobre los motivos médicos que lo "obligaron" a viajar a Cerdeña, lugar en el que en agosto el único servicio médico activo es el del Club Mediterranée.
Por otra parte, que un gobernador que hace campaña con las Unidades de Pronta Atención y la mejora en los servicios de salud de su provincia admita que tiene que atenderse en Europa constituye el mejor reconocimiento de su fracaso. Bien lo saben los bonaerenses que se atienden en hospitales porteños y envían sus hijos a escuelas porteñas, de las que la dictatorial gestión de Macri iba a excluir a los no porteños según el kirchnerismo afirmaba cuando apoyaba la gestión de Ibarra.
Una segunda excelente razón para no votar a Scioli son los resultados de las cinco gestiones peronistas de las que participó directamente, con Menem, Duhalde y los Kirchner, 24 años de los últimos 26, cuyas consecuencias fueron bien sintetizadas en la solicitada que artistas, intelectuales y periodistas firmamos antes de la primera vuelta: escándalos cotidianos de corrupción, déficit energético creciente, infraestructura devastada, miles de muertes por inundación y en accidentes ferroviarios y viales, sometimiento del Congreso y la Justicia, violación sistemática de la Constitución y de la ley, destrucción del Estado en nombre de su reconstrucción, desmantelamiento de las agencias de control, enriquecimiento inexplicable de los funcionarios, persecuciones al periodismo y la oposición, fomento de la división entre argentinos, clientelismo para todas las clases sociales, omnipresencia de la propaganda gubernamental, uso abusivo de la cadena nacional, retroceso en todos los niveles educativos, expansión del juego, auge del narcotráfico, multiplicación de las mafias y patotas, marginalización de un porcentaje creciente de la población, apogeo de la violencia asociada al consumo de drogas, fraude electoral, falseamiento de estadísticas sobre inflación, ocultamiento de datos sobre pobreza, déficit fiscal fuera de control, jueces y fiscales amenazados, asesinados, destituidos o apartados de sus causas, proliferación del crimen organizado, niños muertos por desnutrición, la tercera inflación más alta del mundo, una economía que no crece desde hace cuatro años, un tercio de los trabajadores en negro, cerca del 30% de la población en la pobreza y casi 40% de los menores de edad en la indigencia.
Aludir a logros parciales o falsificar estadísticas para esconder la realidad detrás del "relato" se han convertido en estrategias para convencer a los convencidos. No hay hoy un solo aspecto de la vida nacional en que la situación no sea dramática y esté en rápido deterioro, y Scioli ha sido parte activa de todo esto. No un testigo sino un impulsor del vaciamiento material y simbólico de que ha sido víctima la Argentina en este último cuarto de siglo. La situación creada por la acumulación de mentiras por parte del kirchnerismo es tan ridícula que impide hasta la postulación de un programa a Scioli, un candidato que se propone reducir la pobreza, que es menor que en Alemania; acabar con la inseguridad, que es una sensación; bajar la inflación, que es invento de los medios, y luchar contra la corrupción, que no hay.
Un argumento final. Bastaba ver lo que los Kirchner habían hecho en la Santa Cruz para saber lo que iban a hacer con el país. Basta ver lo que ha hecho Scioli en la Provincia durante ocho años, los de la peor de las siete gestiones peronistas que desde 1987 han destruido la Provincia, para saber lo que pasará con Argentina si llega al poder. La conurbanización definitiva del país en manos de la inestable alianza de los dos aparatos políticos más deletéreos que ha parido la Argentina post-dictadura: el PJ de la Provincia y La Cámpora kirchnerista. El cinismo y el fanatismo. El narcoestado y el chavismo. México y Venezuela.
¿Campaña de miedo? Es la que encabeza Scioli. Mintiendo. Calumniando. Atribuyéndole a los adversarios intenciones y programas inventados por su aparato. Sacándose la careta de buen muchacho que quiere sacar adelante el país con fe, optimismo y esperanza. Que algunos llamen a votar por Scioli para que no gane la Derecha es la mejor ironía jamás inventada por quienes han perdido la cara y la decencia. Una ironía sólo superada por quienes dicen que si gana Macri vuelven los 90, cuando ni Macri ni Michetti fueron funcionarios. Una década gobernada por cuatro aparatos de los que las principales candidaturas presentadas por el FpV han sido tributarias: el Pejota nacional, del que Scioli fue parte; el Pejota de Santa Cruz, del que fue parte Zannini; el Pejota de la Provincia, en el que revistaba Aníbal Fernández, y la Alianza, de la que fue candidato Sabbatella.

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Comentarios5
Alex Quiroga Barba
Alex Quiroga Barba 06/11/2015 02:09:32

Macri habló en su momento de un pais donde no sean necesarios planes sociales, la inmigración sea regulada, los actores identificados con el peronismo o cualquier otra base política con objetivos sanos puedan integrarse. SCIOLI BUSCA SOCIOS.

Ernesto Calvo Rodriguez
Ernesto Calvo Rodriguez 06/11/2015 10:08:06

Que personaje este Iglesias. Ni siquiera pensó que Macri es la mayor expresion de ambiguedad del ese momento: paso de no querer los planes sociales a ratificarlos; del anti peronismo a reivindicar a Peron; del anti sindicalismo a abrazarse con Moyano

Guillermo Rivera
Guillermo Rivera 07/11/2015 03:59:02

Por favor, decime cuando dijo que no a los planes sociales. La asignacion universal por hijo fue un proyecto presentado por LILITA y votado por todos menos por el FPV !!!!!!! y de la noche a la mañana saco un DECRETO CRICISTINA .

Carlos Delgar
Carlos Delgar 06/11/2015 04:47:17

ambiguedad??? mira lo que es la CANBA y lo que hizo, un ejemplo de ejecutividad, luego mira la PBA (pero desde un bote) y veras lo que es un inutil total

Patrick Richard
Patrick Richard 06/11/2015 03:37:28

Planes sociales hay en los países de 1er mundo. Se busca es que estén bien implementados y no sean clientelares. La Asignación Universal por Hijo es idea de Carrió, mal implementada. Informarse antes de escribir, o terminas haciendo el ridículo.