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San Juan en la copa

Hacer un equilibro entre los vinos de siempre y las nuevas etiquetas es una buena alternativa para descubrir lo mejor de la esencia de los vinos sanjuaninos y sus soleados valles.

San Juan es la segunda provincia en importancia de la industria vitivinícola del país, no sólo en cantidad de superficie cultivada (casi 50 mil hectáreas), sino también en número de bodegas y en volumen de uva. Así y todo, desde hace muchos años, cuando se habla de elaboración de vinos finos, la provincia estuvo asociada a los vinos de mesa, y lo cierto es que recién en la última década se fue consolidando en la elaboración de vinos de calidad
Actualmente, entre bellos paisajes y suelos pedregosos, cubiertos en parte por arcilla y arena, conviven distintos tipos y estilos de bodegas. Muchas han modernizado sus instalaciones con alta tecnología y han reconvertido sus viñas, unas cuantas están en vías de hacerlo, y otras, aunque son las menos, construyen todo desde cero. La vitivinicultura se desarrolla principalmente en el valle de Tulum y, en menor medida, en los valles de Zonda y Ullum, ubicados a 780 metros sobre el nivel del mar (msnm), entre la cordillera de los Andes y la sierra de Pie de Palo, a ambos lados del río San Juan. También se cultiva en otros valles más altos y, en consecuencia, más frescos, como el de Calingasta (a 1.350 msnm), el de Jáchal (a 1.165 msnm); y en el tan codiciado Pedernal (a 1.350 msnm), el oasis productivo ubicado entre el cerro El Tontal y la precordillera.
Allí, en un ambiente de gran encanto y un microclima muy especial, las viñas llegan a internarse en los áridos faldeos de las montañas y dan frutos de muy buena calidad enológica. Según se cuenta, prestigiosos establecimientos mendocinos van a buscar la fruta para elaborar algunos de los vinos más caros de la Argentina, lo que da cuenta de su potencial.
Para descubrir el mejor rostro de San Juan, recomendamos algunos ejemplares que no fallan a la hora de recrear la calidad de la provincia.

- Santiago Graffigna: el vino ícono de esta centenaria bodega, elaborado por el joven enólogo Ignacio López, mezcla Malbec, Cabernet Sauvignon y Syrah, y fue criado en barricas de roble durante 18 meses. El resultado es un tinto robusto, maduro, con buen cuerpo y estructura, que ni bien servido respira aromas algo especiados, a mermelada de ciruelas y notas a crianza en roble equilibradas. En el paladar es ancho pero jugoso, envolvente y de gran volumen. Sus taninos auguran una buena guarda, aunque se puede beber ya.
- Augusto P. Un blend que se empezó a elaborar en el año 2000 y que hoy es un ícono de los vinos sanjuaninos. Aromas maduros y afrutados, y un paladar compacto, de estilo algo tradicional pero muy placentero, para tener presente el perfil de los vinos de siempre que se elaboran en San Juan. Por su enjundia es ideal para comidas contundentes.
- Cara Sur Criolla: Un innovación que llevan adelante Sebastián Zuccardi y Francisco Bugallo; un tinto hecho con antiguos parrales de uvas criollas de Barreal, a 1500 metros de altura. Un tinto austero, de aromas algo minerales y terrosos, y un paladar muy agradable, fresco, jugoso, fluido y sin muchas complicaciones. Es "el" vino diferente de San Juan. Para beber de aperitivo es inmejorable.
- Xumek Edición Limitada Malbec: Muy interesante trabajo hecho con uvas de altura que crecen en el Valle de Zonda, a 1400 metros. Un tinto concentrado, con intensidad y tensión, aromas maduros, algo pimentosos y notas de cassis. En boca es fluido pero con nervio y estructura, acidez agradable y taninos dulces que marcan la pauta de que necesita un tiempo en botella.
- Fuego Blanco Malbec Syrah: Originario del Valle de Pedernal, este bivarietal es otra muestra de la nueva cara de San Juan. Este tinto es de perfil moderno, fluido pero concentrado, y con frescura agradable. Muy equilibrado en boca, sin aristas y con todos sus elementos en armonía. Por su cuerpo y estructura, sin dudas lo mejor es beberlo con comidas.