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Releer a Piketty, ante la amenaza de una nueva crisis global

Los postulados del políticamente incorrecto, aunque brillante economista francés, cobran vigencia a la luz de las recientes turbulencias en los mercados internacionales. El autor de "El Capital en el siglo XXI" sostiene que la desigualdad se ha acentuado en las últimas tres décadas, porque el retorno sobre el capital es mayor al crecimiento económico.

Releer a Piketty, ante la amenaza de una nueva crisis global

A nueve años del estallido de la burbuja subprime, la oleada de ventas de acciones de grandes bancos estadounidenses y europeos de las últimas semanas no podría agitar peores fantasmas. La desaceleración del crecimiento de China, el estancamiento de las economías centrales, la caída de los precios del petróleo, las tasas de interés negativas... todo recuerda a la última gran crisis global. Buen momento entonces para releer a Thomas Piketty. El polémico y carismático economista francés es autor de “El Capital en el Siglo XXI”, un monumental libro de 900 páginas, cuyo tema central es la desigualdad económica.


Apodado “el Marx moderno” por la revista británica The Economist, el profesor de la Escuela de Economía de París sostiene que la desigualdad se ha acentuado en los últimos 30 años. Su tesis central se resume en la ecuación r > g (el retorno sobre el capital es más alto que el crecimiento económico). Entre los factores que explican este fenómeno, se cuentan: las diferencias históricas entre países, la brecha en la apropiación del excedente entre capitalistas y trabajadores, y las reformas impositivas que alivian la carga tributaria sobre los sectores de mayores ingresos.


“Asistimos a un capitalismo enloquecido, a tal punto que la concentración de la riqueza alcanza los valores de 1900 - 1910 y ni siquiera se aplican los impuestos al capital que regían en el siglo XIX”, advierte el autor. Históricamente, salvo en el período que va desde fines de la Segunda Guerra Mundial hasta mediados de los años 70 (1945-1975, los llamados “30 gloriosos”), “la retribución de los patrimonios (rentas acumuladas por beneficios pasados) aumenta más rápidamente que la producción y los salarios”, señala Piketty. De este modo, “el capitalista se transforma en rentista y el capital se reproduce a sí mismo”. En este esquema, los salarios pierden peso en la estructura final de rentas y se acentúa la concentración de la riqueza.


El economista galo reconoce que la desigualdad es uno de los motores del progreso del capitalismo, que suele entrar en crisis por la especulación. Esto es lo que sucedió en cada crisis económica a lo largo de la historia, y quedó en evidencia durante el estallido de la burbuja financiera en 2007 - 2008.


La obra se sustenta en un gigantesco arsenal de números y estadísticas internacionales, aunque allí reside también una de sus principales flaquezas: la poca fiabilidad de datos históricos, sobre todo de países por fuera de Europa y los Estados Unidos.


Piketty responde a sus detractores, situándose en la “tradición francesa de la Economía”, más cercana a las Ciencias Sociales que a la Econometría y a las fórmulas matemáticas. Apelando a la ironía, al sentido del humor y, a veces, al absurdo, su estilo coloquial, pero a la vez riguroso, conquistó a miles de seguidores en todo el globo, trascendiendo las fronteras del mundo académico. Su obra central, “El Capital en el siglo XXI”, que analiza la distribución de la riqueza entre el siglo XVIII y principios del 2000, lleva vendidas más de un millón y medio de copias, y fue traducida a 30 idiomas. Sus libros posteriores, “La Economía de las desigualdades” y “La Crisis del Capital en el siglo XXI”, se centran en los primeros diez años de este siglo y, además de hacer un diagnóstico de las desigualdades, propone una serie de medidas para subsanarlas.

Acortar la brecha

Al contrario de lo que plantean los economistas clásicos, Piketty no cree que un aumento de la competencia y de la libertad de mercado corrija las desigualdades. “Las zonas de competencia en los mercados se van reduciendo, sustituídas por zonas de influencia de las grandes empresas, que fijan sus propios precios y condiciones (...). El poder económico ha capturado al poder político”, señala, y adiverte sobre el rol de los Bancos Centrales: “No están para evitar la inflación, sino para garantizar la estabilidad y el crecimiento”.


Piketty es partidario del gasto social en salud y educación, los sistemas solidarios de retiro, la fijación de un salario mínimo, el rol preponderante de los sindicatos, el acceso al crédito y el impulso keynesiano a la demanda. Además, propone una reforma fiscal global que grave las sucesiones, el capital y los ingresos más altos, lo que exigiría una coordinación fiscal entre todos los Estados. Su mensaje central es que, más allá de los principios abstractos de justicia social, la desigualdad es un obstáculo para el desarrollo de las sociedades.