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Reality-Trump el presidente (im)posible

Tras la sorpresa inicial, el gran interrogante a develar es si las bravuconadas lanzadas al aire durante la campaña por el magnate norteamericano tomarán o no cuerpo en un verdadero plan de Gobierno cuando asuma al frente de la Casa Blanca, en enero próximo. El impacto sobre la Argentina, otra incógnita.

Donald Trump habla a sus seguidores tras ser electo presidente de Estados Unidos

Donald Trump habla a sus seguidores tras ser electo presidente de Estados Unidos

La tentación de arrojarse al vacío cuando se camina por un desfiladero. Eso representaba Donald Trump para los Estados Unidos en la campaña. Y, sin embargo, contra todos los pronósticos que alertaban sobre cuán peligrosas podían volverse las bravuconadas del millonario si tomaban cuerpo en un plan de gobierno, las cartas firmadas por el Nobel de Economía previendo un horizonte recesivo y los editoriales, columnas y spots de grandes medios y artistas -con amenazas incluidas de mudarse a otro país-, 59,6 millones lo escogieron por encima de toda la previsibilidad que significaba Hillary Clinton. Trump ya no es un reality, es real.

"Antes que exponga todos mis temores, ¿hay algún aspecto positivo en este voto?", se preguntó el columnista del New York Times Thomas Friedman en la mañana del 9 de noviembre cuando la racionalidad colectiva aún acusaba mareo por la resaca de aquella madrugada infinita de Colegio Electoral. "Lo estuve buscando por horas y el único que encuentro es éste: no creo que Trump haya estado verdaderamente comprometido con alguna palabra o política de las que expuso durante su campaña salvo una frase, 'Quiero ganar’", se contestó. Sonaba más a deseo que a aseveración.

Desde las primarias y hasta su triunfo el último martes, Trump prometió levantar un muro en la frontera con México que financiarían sus propios habitantes, obligar a las empresas estadounidenses en el extranjero a relocalizar sus fábricas en suelo norteamericano, fijar aranceles del 35 por ciento a los productos aztecas y del 45 por ciento a los chinos, renegociar el Tratado de Libre Comercio del Atlántico Norte (NAFTA, en inglés) o darlo de baja, revisar el mega Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, en inglés) con el sudeste asiático, disminuir los impuestos a las empresas del 35 al 15 por ciento, flexibilizar el sistema tributario en general, aliviando la carga en los sectores altos -de un 40 a un 25 por ciento- y eximiendo a los más humildes, mantener los programas sociales y bajar el precio de los medicamentos.

Además, el presidente electo anunció que encarcelaría a Hillary Clinton, reviviría la Ley Glass-Steagall de los años '30 para regular la banca financiera, aplastaría a ISIS, reestablecería los lazos con Rusia, retiraría tropas del mundo y condicionaría la cooperación con los aliados tradicionales de la OTAN, desplegaría una súper fuerza deportadora de inmigrantes en situación de irregularidad y establecería un sistema de veto extremo para quienes desearan entrar a futuro, en particular, si provienen de zonas conflictivas de credo musulmán. En los próximos meses, prometió enterrar el Obamacare, subir los salarios mínimos, revisar el acuerdo nuclear con Irán, fortalecer a las fuerzas policiales y liberar el comercio y portación de armas en todo el país. Y la lista sigue, fueron casi 12 meses de campaña y mucho se dijo sobre muchos temas.

"Trump no le debe nada al Partido Republicano y, en ese sentido, llega libre de compromisos para actuar y poner en práctica sus promesas. Aún así, habrá que atender a cómo se dará la relación con el Congreso, si armonizará o no con sus líderes, y hay que tener en cuenta que existen funcionarios en todo el organigrama del Estado que representan cierta continuidad de políticas", opina el ex vicecanciller argentino Roberto García Moritán. Aunque perdieron algunas bancas, los republicanos retienen el control sobre el Legislativo bicameral y hasta nominarán a un juez de la Corte Suprema que podría volverla más conservadora. "Si me preguntan, por ejemplo, si seguirá el deshielo con Cuba -Trump lo condicionó a la liberación de presos políticos- diría que sí, aunque quizás a un ritmo más lento", añadió el diplomático.

Reseteo

A lo largo del mundo, fueron muchos los que se jugaron públicamente por la candidatura de Clinton. Apostaron a la banca y, de imprevisto, ganó el punto. Ahora es larga la hilera que busca el modo menos vergonzoso de volver sobre sus pasos. En México, por caso, Enrique Peña Nieto ya solicitó una nueva audiencia con el presidente electo. La última vez que lo vio, como candidato, no terminó bien la cosa: ni bien regresó a los Estados Unidos, Trump insistió con su muro y el mandatario azteca pagó caro el desplante del millonario con la renuncia de su ministro de Hacienda -y quien le organizó la reunión-, Luis Videgaray, y una merma sustancial de popularidad.

También los europeos encendieron las alarmas respecto al futuro de la negociación por el acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos. Las cabezas de la Unión, Jean Claude Juncker y Donald Tusk, pidieron una reunión de urgencia con la misión diplomática de Washington en las 24 horas siguientes de conocerse el triunfo de Trump. En Sudamérica, si bien el brasileño Michel Temer mantuvo perfil bajo, el canciller José Serra llegó hablar de "pesadilla" carente de todo "sentido común" cuando lo consultaron por una victoria de Trump. Muchos habrán pensado igual, pero Serra lo dijo y EE.UU. es el segundo socio comercial de Brasilia: nadie quiere que Trump levante más muros proteccionistas. Tampoco la Argentina.

"Anticipar el impacto del triunfo de Trump en la economía argentina es aventurado, y algo precoz, porque sus promesas fueron tan grandilocuentes como escasos, o inconsistentes los detalles sobre las políticas específicas que pretende implementar", explicó desde Washington la ex embajadora y actual profesora de la American University, Cecilia Nahón. Y sumó: "Lo que sí podemos pensar es que la conjunción de la política de mega-endeudamiento y apertura comercial puesta en marcha por el gobierno de (Mauricio) Macri, por un lado, y la mayor tasa de interés de referencia y tendencias proteccionistas que puede significar Trump, por el otro, pueden aumentar más la actual vulnerabilidad externa de la economía argentina".

En las semanas previas a la elección, la Unidad de Inteligencia de The Economist ponderó una eventual Presidencia de Trump como una de las 10 amenazas que podría enfrentar el mundo, justo por debajo del terrorismo global y encima de un hipotético conflicto armado en el Mar del Sur de China. Hoy es realidad.