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¿Quién recuerda en Argentina a un preso por evasión?

Si bien la evasión simple es excarcelable, la agravada no lo es y contempla penas de hasta nueve años de prisión. Sin embargo, pocos terminan sentenciados. Condenas de ejecución condicional, dificultad en la detección del delito, falta de voluntad política, un mercado criminal de características legales y los eternos blanqueos, entre las razones.

El valijero Leonardo Fariña y el peluquero Roberto Giordano, los que pagaron caro

El valijero Leonardo Fariña y el peluquero Roberto Giordano, los que pagaron caro

Hasta que quedó libre en abril último, el valijero Leonardo Fariña era el único "famoso" preso por evasión tributaria en la Argentina. Ahora en agosto quedó bajo arresto domiciliario el peluquero Roberto Giordano, por una segunda causa por evasión después de haber sido condenado en otra en 2015 a dos años y medio de prisión en suspenso. Entre los sucesivos planes de blanqueo de capitales y la ineficacia del sistema estatal, puede que algunos paguen más impuestos por efecto de las fiscalizaciones de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), pero casi ninguno va tras las rejas por este delito.

De la recaudación de la AFIP, sólo el 3% ó 4% es fruto de inspecciones y el resto proviene del pago voluntario de gravámenes, según reconocen altas fuentes del organismo. En la AFIP existe una división especial que controla a los 2.000 mayores contribuyentes del país.

Si el inspector de AFIP detecta evasión, eleva el caso a su director regional, que actúa como juez administrativo y determina de oficio el monto adeudado por la llamada presunción tributaria. El contribuyente puede recurrir la cantidad al Tribunal Fiscal de la Nación y de allí, a la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal. A su vez, cuando hay presunto delito, el director regional de AFIP envía el caso a la Justicia en lo Penal Económico.

No cualquiera puede ser delincuente por evadir. La evasión simple consiste en esquivar el pago de impuestos por más de $ 400.000 anuales y la agravada, por más de 4 millones. La simple evasión está penada por entre dos y seis años de prisión, por lo que puede ser excarcelable. La evasión agravada no lo es: se condena con entre tres años y medio y nueve años de cárcel. El problema es que pocos terminan siendo sentenciados.

La Procaduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac) actúa a partir de los envíos de los registros de operaciones sospechosas (ROS) que envía la Unidad de Información Financiera (UIF). La mayoría de los ROS que le llegan son por movimientos inusuales de dinero de cooperativas y mutuales, cuenta la coordinadora de delitos tributarios de ese organismo, Mariela Palese. Aquí tampoco hay muchas condenas.

Fracasos

¿Por qué casi no hay presos por evasión? Se suman varias razones. En primer lugar, porque el Código Penal permite condenas de ejecución condicional en los casos en los que se trata de la primera vez en la que el imputado es hallado culpable, explica la socióloga Antonella Comba, investigadora del Centro de Investigación y Prevención de la Criminalidad Económica (Cipce).

Otro de los motivos es la "falta de voluntad política". "Falla la prevención, la investigación y el enjuiciamiento, los jueces, los fiscales y los órganos de control, como la UIF y el Banco Central", añade Agustín Carrara, director ejecutivo del Cipce.

No es todo. "También se genera un mercado criminal de características legales, en el que consultoras, estudios jurídicos y contables y bancos facilitan la evasión, el lavado y la fuga de capitales a paraísos fiscales", agrega Carrara. Este mercado también incluye las usinas de facturas apócrifas para inflar gastos, que según Comba, actúan con impunidad ante la mirada de la Policía, la AFIP y el Poder Judicial.

Hay, además, dificultades para comprobar el delito de no pagar gravámenes. Para que haya evasión debe demostrarse que hubo "engaño", lo que dificulta aún más la investigación, observa Carrara.

Como si fuera poco, la sociedad está influida por "técnicas de neutralización" del delito de evasión. "Se condena a quien condena porque hay una negación del daño con la excusa de que 'total, todos roban'", expone Carrara.

Hay más razones. Los planes de blanqueo de capitales, que perdonan las violaciones de las leyes penales tributaria y cambiaria, pero no el lavado. "Los blanqueos son una evidencia de que la prevención falló", dice el jefe del Cipce.

La Justicia misma tiene sus limitaciones. "Los juzgados están tapados de causas y se forman cuellos de botella", señala Comba.

A esto se suman los paraísos fiscales, que sirven para evadir impuestos, lavar dinero y tener plata en el exterior sin que nadie se entere.

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