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MIÉRCOLES 19/12/2018
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Qué hacen los mejores países para educar a sus pueblos

El autor, Rodrigo Miguel, asegura que la suerte de una nación no depende del tamaño de su territorio, sus recursos naturales, su clima, raza, cultura o su historia sino de la educación de sus gente, clave para generar riqueza y crear igualdad de oportunidades.

Qué hacen los mejores países para educar a sus pueblos

- Título: El Poder de la Educación. El Capital Humano es el mejor recurso para la creación de riqueza - Autor: Rodrigo S. Miguel - Sello: Editorial Dunken - Páginas: 285

(...) Tras una primera mirada a las principales polémicas que se han producido en la Argentina alrededor de la educación, una de las conclusiones más claras es que hay una serie de debates que vienen desde hace mucho tiempo y que nunca fueron completamente zanjados, entre ellos la cuestión de la matriz educativa-privada. ¿Qué sistema es el más indicado? ¿Cuál cumple más acabadamente con la tarea de crear ciudadanos, futuros profesionales y -en definitiva- mejores personas? Estas preguntas vuelven una y otra vez, así formuladas o bajo diversos disfraces, con el objetivo de renovar una discusión en la que tomar una posición intermedia o moderada parece casi siempre un gesto de tibieza. Cuando hablamos de educación, por lo general las posiciones son terminantes.

Si bien no sólo en nuestro país esta diatriba genera su torbellino de polémica, y si bien existen múltiples respuestas y argumentos que se ajustan tanto a una posición como a otra, creemos con cierto énfasis que en definitiva un sistema educativo debe ser reflejo de la identidad del país en el que está instalado. Y en ese sentido, podemos decir que nuestro modelo de educación presenta una contradicción flagrante entre principios acordados y resultados obtenidos. Nuestro sistema es, supuestamente, un canto y una celebración de la igualdad, pero no genera igualdad alguna. No hay garantías de igualdad porque el sistema mismo no impone que esa igualdad sea respetada.

Por un motivo u otro, mucha información sobre los frutos de nuestra educación permanece en las sombras. Va un ejemplo clásico de esta disparidad entre discurso y hechos: a pesar de los valores asociados a nuestras universidades públicas, a la ventaja que presenta para los sectores marginales su gratuidad y su compromiso de proveer una educación para todos, sólo una muy exigua minoría de su estudiantado proviene de sectores humildes. Se trata de algo que viene dándose históricamente, sin importar los múltiples gobiernos que han gestionado la educación universitaria, y sin embargo se sabe muy poco al respecto. Ya hablaremos de esto más adelante.

El primer paso hacia una verdadera mejoría sería reconocer que en muchos casos, cuando hablamos de educación en la Argentina defendemos principios y slóganes que no se condicen con los que ocurre verdaderamente en el territorio. ¿Significa esto que hay que demoler lo que ya está, empezar de cero, inventar una manera radicalmente nueva de enseñar y de aprender? Definitivamente no.

La única revolución que debería tener lugar sería la del pensamiento consecuente. Es decir: empezar a hacer, de una vez por todas, con firmeza y seriedad, sin las arquetípicas y agoreras excusas de siempre, lo que se dice que se hace. Lo importante es el resultado, proveer a toda la población de una educación equitativa y de calidad. Asegurarse de que todo niño que ingrese en el sistema educativo salga de él suficientes años después, ya convertido en un adulto profesional. Lo que debe importar acá no es lo que uno piensa sobre la educación, qué postulados ideológicos deberían moldearla, qué es lo que está bien en teoría. Sólo con la teoría no lograremos nada. La educación no debería ser un escenario de batallas para posturas contrapuestas o excluyentes. Debería ser simplemente lo que es: un derecho y una obligación de todos, y una exigencia al Estado o a las instituciones privadas que hayan sido autorizadas por el Estado a ejercer la práctica educativa. El problema con el discurso o los eslóganes terminantes, que anulan la posibilidad del consenso, es que muchas veces terminan defendiendo una realidad completamente opuesta a la que aspiran.

Estamos demorándonos en un debate árido que no nos lleva a nada. Y mientras tanto el tiempo pasa y el tren de las oportunidades también. ¿Oportunidades para qué? Básicamente, para encarrilar nuestro futuro como nación. No hay que olvidar nunca que un sólido sistema educativo es la piedra basal para la generación de recursos en el siglo XXI. Dicho en un lenguaje más llano: por la educación se empieza. La educación es el principio del camino hacia el progreso individual y nacional.

Como dicen Alvin y Heidi Toffler, la revolución de la riqueza no es más que una fuente de oportunidades para mejorar la vida de las personas. Y esa revolución se dará a través del conocimiento. Se trata de una ola que, de acuerdo con ambos expertos, ha comenzado en los años 50 del siglo pasado, con el advenimiento de los programas espaciales, y aún no ha mostrado todo su potencial. Hasta entonces el conocimiento había sido visto como un intangible, algo que ocurría en oscuros laboratorios y tenía poca o nula conexión con la vida real de las sociedades, y por ese motivo no recibía atención. Hoy, sin embargo, la escena ha cambiado. Hoy todo es conocimiento; el siguiente paso será comenzar a diferenciar la información útil de la obsoleta, habilidad que requiere de competencias que sólo pueden ser alcanzadas gracias a la educación. El haber recibido herramientas para comprender el devenir de los adelantos tecnológicos, económicos y sociales que se aproximan nos convertirá en prosumidores: o sea, en individuos capaces de crear recursos, bienes, servicios y experiencias para el propio consumo o para el consumo de los demás.

Pero para eso debemos dejar las frases hechas de lado. Abandonar los rótulos, los estandartes de lo que supuestamente está bien. Un discurso, si es vacío, puede producir mucho daño. Veamos ahora qué está ocurriendo en otros países, qué es lo que otros países están haciendo para educar a sus pueblos. (...).

Finlandia es el país europeo con mejores resultados en el estudio PISA sobre resolución de problemas. Algo que destaca al sistema educativo finlandés es su capacidad de reacción, el acento puesto en registrar los desarrollos actuales y procurar mejorarlos. En 2012, el país había caído al duodécimo lugar de la escala PISA. Ante esta situación, el Ministerio de Educación creó un foro que reunía a expertos, funcionarios, alumnos y familiares con el propósito de salvaguardar el futuro sistema educativo. Apenas dos años después, en 2014, Finlandia volvió al primer lugar.

El país nórdico ha logrado estupendos resultados académicos al reunir a los distintos agentes que participan del proceso de enseñanza: las familias, la escuela y las fuerzas políticas trabajan en conjuntos para sostener una educación equitativa y de calidad. El mencionado énfasis en la selección y la formación de sus docentes es otra de las claves para comprender el fenómenos finlandés, así como también la constante búsqueda de los profesores para encontrar nuevas fórmulas de estímulo y respuestas: utilización inteligente de la tecnología, redes sociales y videojuegos, entre otros recursos. "Los maestros son considerados profesionales académicos y tienen la responsabilidad de desarrollar su trabajo, por eso no se ejerce sobre ellos un control excesivo", le explicó a BBC Mundo Anita Lehikoinen, Secretaria Permanente del Ministerio de Educación y Cultura de Finlandia.

Por otro lado, Según PISA, Asia es el continente con los alumnos mejor preparados para memorizar conocimientos y resolver problemas. Del último estudio, que contó con la participación de 85.000 alumnos de 44 países, los siete primeros puestos fueron ocupados por naciones o ciudades asiáticas: Singapur, Corea del Sur, Japón, Macao (China). Hong Kong (China), Shanghai (China) y Taiwan.

En Singapur, por ejemplo, el nivel de enseñanza no sólo es alto sino también extremadamente estricto. Desde que un alumno da inicio a su educación obligatoria, priman el bilingüismo y el aprendizaje a través de distintas técnicas de experimentación. A la edad de 12 años, los niños aprenden a aprobar un examen de reválida que prácticamente decide su futuro académico, económico y social, una que determina a qué colegio secundario, de mayor o menor prestigio, podrán ingresar. (...)

Abogado

Rodrigo Miguel nació en la Ciudad de Buenos Aires en 1969. Se graduó como abogado en la Universidad Católica Argentina, obtuvo un Master of Laws en la Universidad de Pennsylvania y una maestría de Dirección de Empresas en la UCEMA.

Desde sus comienzos se desempeñó como abogado especializado en derecho corporativo y financiero, tanto en la Argentina como en el exterior. Intervino en numerosas transacciones de fusiones y adquisiciones de empresas y en el desarrollo de diversos acuerdos de accionistas, con asesoramiento a socios estratégicos como a Fondos de Privaty Equity o en la constitución y administración de Fideicomisos en el país y en el exterior.

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