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Proteccionismo versión Macri a tono con la nueva moda antiglobalización

A pesar de los esfuerzos aperturistas del Gobierno, en el último año la Argentina afianzó la protección sobre la industria sensible con más licencias no automáticas. El desafío oficial es cómo rediseñar alianzas comerciales en un escenario internacional convulsionado que sigue siendo una incógnita.

Proteccionismo versión Macri a tono con la nueva moda antiglobalización

La Argentina terminó el año pasado con 1629 licencias no automáticas de importación, lo que significa que se añadieron 400 posiciones arancelarias al listado de bienes protegidos de la competencia externa. La mayor parte de estas LNA fueron impuestas para proteger a los tradicionales sectores sensibles, empezando por el textil. Una decisión política que pocos hubieran identificado con la cosmovisión macrista.

Desde la Fundación Pensar, think thank del PRO, se embanderó más de una vez la apertura al mundo como el recurso para traccionar el crecimiento, no sólo con más flujo comercial sino como llave para succionar inversiones. Una de las ideas fuerza del discurso del Presidente y de sus colaboradores.

Pero en este mundo paralizado por las incógnitas, donde se revigorizaron las posturas proteccionistas y los capitales se muestran mucho más renuentes de lo que sugería el optimismo oficial hace un año, aquella postura presidencial amenaza ser de modé.

Reivindicar la globalización, en el actual contexto podría resultar casi pecaminoso y, finalmente, el liberalismo puro quedó más ceñido a la retórica oficial.

En realidad, las LNA casi se triplicaron en el último lustro, con lo que el actual Gobierno se limitó a no contrariar la inercia de cerrar selectivamente las fronteras.

Se siguieron utilizando como un recurso para evitar la posible devastación en sectores sensibles, catalogados como tal por ser mano de obra intensivos y frágiles ante la competencia externa (en buen romance, poco competitivos). Indumentaria, textiles, calzados, juguetes, madera, entre los principales.

El 98 por ciento de las prendas de vestir y el 62% de los zapatos están bajo este paraguas, cuya superficie fue extendida por la actual gestión que, sin embargo, no parece haberse embarcado en una apertura ingenua, aunque sí dio pasos para relajar la relación con el afuera.

La erradicación del cepo cambiario, la eliminación de las DJAI (declaraciones juradas anticipadas de importaciones) y el acuerdo con los holdouts fueron clave. La eliminación de retenciones, permisos de exportación y la reciente decisión de extender a diez años el plazo para liquidar divisas de los exportadores, ofició de estímulo a las ventas externas.

Menú aperturista

El menú aperturista oficial incluyó otras medidas específicas más antipáticas y lesivas para ciertos segmentos industriales.

La eliminación de aranceles para importar computadoras dejó a la ensambladora Banghó a punto de cierre y la facilidad para importar libros sin restricciones fue igualmente lesiva para esta industria, más allá de la justicia económica implícita en ambas medidas. Es lo que un economista de la Unión Industrial Argentina denomina "víctimas de la apertura no positiva".

Pero éste no fue el signo distintivo de la política externa. "La Argentina pasó de un sistema de administración del comercio exterior totalmente discrecional a otro que se ajusta a las normas de la Organización Mundial de Comercio", pondera ante El Cronista Dante Sica, titular de Abeceb.

La OMC condenó las DJAI tras un panel, no por el instrumento en sí, sino por el modo discrecional de utilizarlos. Las licencias configuran un recurso más a tono con las normas de esa organización y un modo más delicado de protección.

Se trata de un trámite que paraliza las importaciones por un lapso de sesenta días, durante los cuales se evalúa el impacto que esa operación tiene sobre la industria vernácula. Si éste no se demostrara, la autorización para el ingreso se efectiviza. Es un filtro light, aunque filtro al fin.

Pero ese paso hacia una menor arbitrariedad en la administración del comercio externo parece menor frente al enorme desafío oficial de redefinir su estrategia en este campo, reformulando alianzas.

No todo es lo que parece

Que en el último año haya aumentado la protección fronteriza es apenas uno de los datos que explican porqué la economía nacional no es tan abierta como proclaman las voces más liberales o como reclama el Fondo Monetario Internacional.

Según estudios de la consultora DNI, el ratio comercio exterior/Producto Bruto Interno local es uno de los más bajos de América Latina y está muy lejos de los parámetros internacionales. Tanto las importaciones como las exportaciones equivalen al 12 % del PBI medido en dólares, cuando para el mundo ese porcentaje sube al 26%. Claro que esa relación no sólo tiene que ver con lo que el país compra sino también con lo que vende.

Por las oscilaciones ante el precio de las commodities y la caída de la demanda brasileña, las exportaciones argentinas no tuvieron una muy buena performance, a pesar del leve repunte que mostraron en el último trimestre. El pronóstico, sin embargo, es un poco mejor para este año.

Según la consultora Abeceb, las ventas externas se incrementarán un 6,6%, pasando de u$s 57.700 millones a 61.300. "Se espera una mejora en el precio de los commodities y una recuperación en la venta de autos", fundamenta el economista Belisario de Acevedo.
Pronóstico en similar sentido formula DNI, otra consultora especializada en comercio exterior. Aunque su titular, Marcelo Elizondo, apunta una condición para que el optimismo sea fundado en este escenario internacional enrarecido.

"Para ser menos vulnerable resulta clave diferenciarse con productos de calidad. El biocombustible argentino es un buen ejemplo", sugiere ante este diario el especialista.

Pero a decir del Ieral, brazo académico de la Fundación Mediterránea, el gran problema para reposicionar a los exportadores argentinos es un tipo de cambio relativamente atrasado, que no repuntaría este año. El gasoil verde es, además, un buen ejemplo de cuán hostil puede resultar un mercado donde se proclama el librecomercio pero proliferan medidas paraarancelarias y subsidios para aventajar a las producciones domésticas.

Europa cerró sus puertas al biodiesel argentino que encontró como opción los Estados Unidos, que ahora aparece poco amigable.

Con el conservador Donald Trump en la Casa Blanca y Europa y China replegándose sobre sí mismos, la nueva onda del mundo es el cierre de fronteras. El flamante presidente de los Estados Unidos excluyó a la principal economía del planeta del Acuerdo Transpacífico y amaga con honrar sus promesas de campaña ultraproteccionistas, marginando a la producción asiática y mexicana.

La Argentina quedó por ahora afuera del Sistema Generalizado de Preferencias, que le hubiera permitido exportar sin restricciones una serie de productos a los EE.UU., empezando por los limones tucumanos.
El Brexit es otro hecho conmovedor que apunta en similar dirección, aunque todavía no está claro cuándo y cómo se concretará ni cuáles serán sus implicancias comerciales.

Mauricio Macri no es el único que tiene que avanzar a tientas en un mundo en transición.
Las estadísticas internacionales también prueban que antes de estos eventos políticos las economías viraron hacia una mayor dependencia de su mercado interno.

Según apuntes consignados en papers de la UIA, hasta hace una década el comercio mundial crecía a mayor ritmo que el producto: 7% por año contra 3,5%. Pero el año pasado la relación se había revertido y mientras el intercambio comercial global creció un 1%, el PB saltó un 3.

El momento requiere inteligencia comercial para no aislarse ni ser arrasado por la producción foránea. El Gobierno de Cambiemos tiene que lidiar entre sus afanes aperturistas y el proteccionismo pragmático que le exigen la UIA y empresas de la talla de Techint, fóbica a la competencia china.
Resistir esos lobbies, hoy a tono con la moda del mundo, es casi tan difícil como elegir adecuadamente con quien sellar alianzas en un escenario tan incierto.

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Comentarios2

No es cierto que se aprueban automaticamente a los 60 días. Tenemos LNA de 200 días sin aprobar, la discrecionalidad es similar a las DJAI.

Damian Kalcic
Damian Kalcic 28/01/2017 12:25:58

El proteccionismo junto con el déficit fiscal crónico, el Peorismo y el Sindicalimo (que son Peoristas también) son los únicos responsables de la destrucción y la decadencia del país.