Los militares y la seguridad interior

Nuevo rol de las FF.AA. en la era M: un debate que crece frente al silencio oficial

El Gobierno habló de nuevas tareas para los uniformados, acorde a las amenazas del siglo XXI. Pero la falta de precisión alertó a los organismos de derechos humanos, que temen un proceso de "policialización". 

El Gobierno parece empecinado en despertar a todos los fantasmas pavorosos que aún rondan en la memoria colectiva. Cuando la mitad de la población aún se está recuperando de la impresión que les causó la vuelta del país al Fondo Monetario Internacional, ahora la Casa Rosada avisó que quiere un nuevo rol para los militares. "Necesitamos Fuerzas Armadas que se adapten a las necesidades del siglo XXI y preparadas a las amenazas que hoy nos preocupan", aseguró el Presidente la semana pasada, en un acto por el Día del Ejército. Pero fiel a su estilo, el mandatario no explicó cuál sería ese nuevo rol de los uniformados y el vacío informativo no hizo otra cosa que alimentar las suspicacias ante la posibilidad de que las Fuerzas Armadas terminen realizando tareas de seguridad interna y engordar un debate condicionado por los horrores del pasado.

 

No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de la sensibilidad que despierta el tema en los organismos de derechos humanos, preocupados porque una mayor asignación de tareas de seguridad interna termine en "un evidente proceso de "policialización" de los militares, algo que comprometería aún más lo que queda de la defensa nacional", tal como sostiene un documento firmado por el Grupo Convergencia XXI, el Instituto Latinoamericano de Seguridad y Democracia -ILSED y el Centro de Estudios Legales y Sociales- CELS.

Pero no son los únicos en inquietarse. La falta de certidumbre sobre el plan del Gobierno también alertó a los militares, quienes salieron a recordar que el marco legal hoy les impide realizar tareas de seguridad interior y marcar la cancha por la falta de presupuesto para patrullar las fronteras. Y eso no es todo. La mayor preocupación de las generaciones más jóvenes es quedar pegados, en medio del debate, con los uniformados de la dictadura.

Con todo, se trata de opiniones vertidas sobre castillos en el aire. Lo que se sabe hasta ahora es poco y extraoficial: la intención del Gobierno sería que los uniformados realicen apoyo logístico en la zona de frontera para colaborar en la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo, la trata de personas y el contrabando. Es decir, que las Fuerzas Armadas realicen algún tipo de control, seguimiento y aporte de información de inteligencia y comunicación, además de la cobertura y custodia de objetivos estratégicos como represas, radares y satélites, hoy en manos de Gendarmería.

Pero eso no basta para despejar las dudas. Es que si bien la Ley de Seguridad Interior prohibe a los soldados patrullar las calles, pedir el DNI, deterner personas ni perseguirlas, contempla el empleo de medios militares en la seguridad interior para algunos casos puntuales, tales como que esté en peligro colectivo la vida, la libertad y el patrimonio de los habitantes; se encuentren amenazados las instituciones o los derechos constitucionales en todo el país o una región; o existan situación de desastre en los términos de defensa civil, tal como explica a 3Días Diego Gorgal, politólogo y Embajador internacional de la British Society of Criminology.

"Si se da algunas de esas circunstancias, se debe crear un Comité de Crisis y entonces, según artículo 27, las fuerzas armadas pueden aportar sus servicios de arsenales, intendencia, sanidad, veterinaria, construcciones y transporte, así como elementos de ingenieros y comunicaciones, para apoyar las operaciones de seguridad interior. Con la declaración de emergencia de seguridad que hizo el Gobierno en enero de 2016 puede ya ocurrir esto", remarca Gorgal.

También en estado de sitio, elementos de combate de las FF.AA. pueden ser utilizadas en el restablecimiento de la seguridad interior.

Pero eso no es todo. Según recuerda el politólogo, el apoyo operativo en las fronteras ya está contemplado en el decreto 1091/2011 del Escudo Norte firmado por Cristina Kirchner. "Durante el kirchnerismo se usaron medios militares en operaciones de seguridad interior. Los gobiernos K pasaron de negar el problema de la droga a emplear soldados en procedimientos contra el tráfico de drogas. Mediante el operativo "Escudo Norte" y "Fortín II" (Resolución 590/2011) se utilizaron efectivos militares para patrullar y vigilar la frontera con Paraguay. En dichas operaciones policiales realizadas por los militares, durante el primer semestre del 2015 el Ejército Argentino decomisó marihuana por el equivalente al 10% de lo decomisado por Gendarmería Nacional y Prefectura Naval. Por eso, como decía Pierre Royerd-Collard: No hay ideas nuevas, solo ideas olvidadas", afirma.

Si el Gobierno piensa en modificar la legislación vigente para que se refuercen las fronteras, ¿está pensando en que los militares investiguen, por caso, los delitos cometidos en atentados terroristas o por narcotráficos, potestad del poder Judicial y la fuerzas de seguridad nacional?

El documento firmado por los organismos de derechos humanos sostiene que involucrar a las Fuerzas Armadas en seguridad interior es desprofesionalizarlas y poner en riesgo su gobierno civil y los derechos humanos. "Otorgar a los militares tareas propias del campo de la seguridad -como las actividades antiterroristas- que ya están asignadas a cuatro fuerzas federales desvirtuaría el rol profesional de éstas y sería una decisión poco racional desde la perspectiva del gasto público y la organización general de la administración estatal. Además, no está claro qué tipo de acciones y organizaciones serán consideradas terroristas", resaltan.

El otro temor de los organismo de derechos humanos es que detrás del proyecto exista la intención de controlar la protesta social en momentos en que las organizaciones sociales, los gremios, el kirchnerismo y partidos de izquierda tomaron la calle para protestar y dar la pelea política. Desde que asumió, el Gobierno nunca logró administrar la conflictividad social para desactivar las protestas masivas y prefirió hasta ahora dejar al azar de los acontecimientos el control de la calle, uno de sus flancos débiles, por el que lo cuestionan varios de sus votantes.

Es por eso que la idea amplia de establecer un nuevo rol para las Fuerzas Armadas sin explicitar cuál sería abre un sinfín de interrogantes. ¿Es la situación social tan grave como para declarar el Estado de sitio "permanente" ? ¿Existe una amenaza de atentado terrorista que no sepamos? ¿Debe haber un debate público sobre el nuevo rol de las Fuerzas Armadas ante las amenazas del siglo XXI?

Por ahora, en la Casa Rosada pretenden derogar el decreto 727 de 2006 (por el que la gestión de Néstor Kirchner reglamentó la Ley de Defensa y que establece que "el sistema de defensa debe orientarse estructural y organizativamente hacia la conjuración de situaciones de agresión externa perpetradas por Fuerzas Armadas de otro Estado") para que los militares pasen a tener un rol más activo en su colaboración con las fuerzas de seguridad. La pregunta es si alcanza con eso o debería modificarse la Ley de Seguridad Interior en el Congreso.

Gorgal insiste en que para emitir un juicio al respecto primero debería transformarse la declaración pública presidencial en un programa de seguridad. "De momento, solo hay un anuncio del Gobierno, y dicho anuncio parece estar más motivado por sus efectos mediáticos más que reales", sostiene. Y agrega: "Si el Gobierno declaró la emergencia en materia de seguridad en enero de 2016, suponemos que lo hizo basado en una apreciación de la situación que amerita tal decisión. Por eso, llama la atención que ni al declarar la emergencia ni en los meses posteriores se planteara la necesidad de emplear medios militares en apoyo de la seguridad interior. Y llama más la atención cuando se viene sosteniendo que se hicieron progresos significativos en materia de política contra el narcotráfico en estos dos años y medio", dispara.

La especialista en Seguridad, Paola Spátola, no ve en cambio sospechas ni intenciones ocultas en la propuesta del Gobierno. Al contrario, considera que debería darse en el Congreso un debate a fondo sobre un nuevo rol de los militares acorde al siglo XXI, "donde las hipótesis de conflicto han cambiado fuertemente, en particular después del 11 de septiembre", dice. Y ensguida recuerda que fue pionera en hacer el planteo en el 2002. En esa línea, se muestra de acuerdo con la propuesta de la Rosada aunque con reservas.

"Están planteando una reforma del decreto reglamentario para que las Fuerzas Armadas tengan tareas específicas y taxativas en reemplazo de los hombres y mujeres de las fuerzas de seguridad, con el objetivo de liberar esos recursos humanos y volcarlos a las tareas de seguridad ciudadana. Ya hay antecedentes en el operativo Escudo Norte, donde las Fuerzas armadas intervinieron en tareas de logística y se liberó a recursos de la Gendarmería específicamente. No es algo nuevo. Además, los militares podrían custodiar objetivos estratégicos como una central hidroeléctrica o el control aeronáutico en materia de aeronaves sospechosas. Hasta ahí, estoy de acuerdo", resalta.

Para Spátola, con un simple decreto se puede modificar algunas funciones. "Ahora bien, si el Gobierno pretende que se trabaje internamente en cuestiones de lucha contra el narcotráfico, claramente tiene que reforma la ley de Seguridad Interior. Los militares pueden tener objetivos fijos en fronteras pero no pueden pedirle a una persona el DNI, ni detenerlos. Para eso, habría que modificar la ley", aclara.

Por su parte, el ex ministro de Defensa de Néstor Kirchner, José Pampuro, no está de acuerdo con ese debate. "El rol de las Fuerzas Armadas es claro. No veo que haya que discutir otro rol. Cuando se habla de nuevas amenazas en terrorismo o narcotráfico, se trata de grupos con fuerte capacidad de daño y, a veces, individuos solitarios. Frente a eso, es fundamental mejorar y emprolijar nuestro alicaído servicio de inteligencia y luego deben actuar las fuerzas de seguridad", le dice a 3Días.

En cambio, Pampuro considera que las Fuerzas Armadas deben de estar distribuidas en los espacios vacíos, como la Patagonia o aguas territoriales, y proyectarse hacia la zona antártica como una base central, por ejemplo en Tierra del Fuego.

En cuanto a la idea de potenciar el apoyo logístico a la fuerzas de seguridad, el ex funcionario pone límites. "Según mi visión, ese apoyo debería darse en algún evento excepcional en el que se necesitara medios de transporte, comunicaciones, algún equipo especial. Pero no debe haber participación directa de efectivos en ese apoyo logístico para lo cual no están adiestrados", afirma. Según el ex funcionario, la conducción militar no se puede subordinar ni a la Policía ni a la Gendarmería ni a Prefectura, asi como tampoco a la decisión del Ministerio de Seguridad.

El debate está abierto, a la espera de una propuesta concreta que se traduzca en un plan.

Las diferencias también se dan en la Casa Rosada

En el seno del Gobierno también existen diferencias sobre la idea de establecer un nuevo rol para las Fuerzas Armadas, anteriores a la divulgación del debate. El ministro de Justicia, Germán Garavano, se mostró en contra por considerar que no es "la mejor herramienta". En esa línea, el funcionario recordó que los militares ya participan con apoyo logístico a las fuerzas de seguridad.

"Las Fuerzas Armadas tienen que seguir en la actividad logística de apoyo a las fuerzas de seguridad. Cada uno tiene su rol, y son distintos. El rol de las fuerzas de seguridad es mucho más específico y acorde, y salvo que sea una excepcionalidad, no creo que sea la mejor herramienta", dijo en distintas declaraciones a los medios.

Por su parte, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich defendió el proyecto oficial, del que se sabe poco y nada.

"Hace 30 años que nuestro Ejército está paralizado. Y ya hace 35 que terminó la dictadura. Estamos en condiciones de darles la oportunidad a los militares de que se inserten en la democracia, con tareas que les dé la sociedad", señaló la ministra de Seguridad de la Nación. Y mencionó a las fronteras como una zona a reforzar.

En sintonía con los argumentos vertidos por Mauricio Macri, cuando anunció la propuesta a medias, Bullrich dijo que "se tiene que proyectar qué Fuerzas Armadas se quieren para el siglo XXI". El debate sigue abierto.

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